Martes, 18 de Diciembre de 2018

Cuando una parte del cuerpo que no existe sigue doliendo

ColombiaEl Tiempo, Colombia 18 de diciembre de 2018

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO @SaludET Ilustración: Juan Sebastián Villegas
"Siento como si me estuvieran apretando las uñas del pie

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ ASESOR MÉDICO DE EL TIEMPO @SaludET Ilustración: Juan Sebastián Villegas
"Siento como si me estuvieran apretando las uñas del pie. Me dan ganas de gritar. Y me desespero más cuando miro hacia abajo y me duele algo que no existe". Con esta descripción, Juan Francisco García, un empresario de 62 años, relata lo que es el dolor de un miembro fantasma, en razón de que su pierna derecha, la misma que lo atormenta, le fue amputada por un cuadro de diabetes hace ocho meses. Aunque extraña, la percepción de García es conocida desde el punto de vista médico, tanto que se cree que un alto porcentaje de las personas que han perdido un órgano (casi la mitad) pueden manifestar que este continúa conectado a su cuerpo, el cual funciona de manera normal. Para Myriam Hincapié, anestesióloga y subespecialista en dolor, estas sensaciones fantasmas pueden ocurrir no solo en la amputación de los miembros sino que también se puede referenciar al extraerse un diente, al nuclearse un ojo y, en el caso de las mujeres, al extirparse algún seno. En concepto de Hincapié, aunque cualquier persona puede experimentar esta sensación, existen algunos factores que incrementan la probabilidad de desarrollar este síndrome. Según la especialista, las personas que experimentan dolor antes de la amputación tienen una probabilidad mayor de desarrollar este tipo de dolor después. También se ha visto -añade la experta- que quienes han presentado compromisos circulatorios importantes, al igual que infecciones en la parte amputada, la posibilidad se aumenta. En este cuadro clínico tiene que ver si en ese nivel han tenido comprometidos los nervios y las estructuras de la médula espinal. Dolor severo Como su nombre lo indica, los síntomas se relacionan específicamente con sensaciones desagradables que se interpretan como si provinieran de una estructura inexistente. De acuerdo con Hincapié, las molestias pueden ser variables y por lo general incluyen un dolor intenso que puede ser percibido como un ardor o como una quemadura, sumado a la sensación de que el miembro está todavía pegado al cuerpo y funcionando normalmente. Algunas personas también manifiestan sentir el miembro amputado como si estuviera dormido, con una sensación de hormigueo, e incluso "interpretan sensaciones como si estuviera deformado o en posturas extremas que se tornan dolorosas, y en algunos casos también sensaciones de frío intenso o de calor insoportable", agrega la experta. Causas inciertas El origen de este dolor ha sido siempre un misterio, y existen múltiples hipótesis para tratar de entenderlo, basadas en observaciones experimentales; entre ellas, dice Hincapié, se ha propuesto un daño previo en las estructuras nerviosas que al principio llegaban hasta la extremidad amputada. Se ha postulado que al amputarse un miembro, a nivel cerebral, los diferentes sentidos se confunden ante el miembro perdido; al punto que tacto, vista y las estructuras encargadas del movimiento y del posicionamiento del cuerpo terminan por crear su propia verdad, expresada como un dolor intenso. También se cree que cuando se pierde una parte del cuerpo, el cerebro tiende a reorganizarse, de tal forma que el área encargada de sentir y mover el miembro amputado "sigue siendo activada por otras áreas cerebrales, lo que permite crear una imagen irreal, pero como si estuviera funcionando", explica la experta. Además de las manifestadas por la anestesióloga, un artículo publicado en la revista Frontiers in Neurology advierte que tras una amputación, "los circuitos neuronales de la extremidad que se retira pierden su función original, pero quedan predispuestos a entrelazarse con otras redes neuronales, de tal forma que cuando interactúan con redes encargadas del dolor se produce la sensación fantasma". De esta manera, dice el artículo, las neuronas del miembro amputado jamás quedan en silencio y pueden activarse por diferentes estímulos, la mayoría inconscientes, proporcionándole información al cerebro, como si el miembro estuviera aún conectado al cuerpo y siguiera doliendo de manera intensa. En últimas, manifiesta Hincapié, se trata en esencia de una disfunción, desde el punto de vista neurológico, y así hay que entenderlo. El tratamiento La base del tratamiento, de acuerdo con los protocolos de la Unidad de Rehabilitación del Hospital San Ignacio, es la intervención interdisciplinaria; es decir, el manejo por un equipo. Es importante hacer intervenciones psicoterapéuticas, lo mismo que la administración de analgésicos, moduladores del sistema nervioso en ocasiones anticonvulsionantes y antidepresivos, en esquemas específicos de mediano y largo plazo; además de una intervención por rehabilitación, orientada a mejorar las condiciones residuales en el miembro amputado, promover higienes posturales, la aplicación de electroterapias analgésicas y medios físicos, estimulación táctil y reeducación con técnicas de neurofeedback. Cada caso es individual y requiere seguimiento estricto. Realidad virtual Hace dos años, la revista The Lancet publicó un artículo en el que se recreaban los miembros amputados con realidad virtual, con el objetivo de engañar al cerebro, haciéndole creer que la extremidad seguía ahí, lo que permitía activar los circuitos neuronales y mentalmente producir movimientos que modificaran posiciones o permitieran una ubicación imaginaria más cómoda del miembro. El objetivo es romper la unión dañina con las redes neuronales responsables del dolor y, a partir de un entrenamiento, intentar conexiones menos traumáticas, utilizando lo que se conoce como la plasticidad neuronal. Aunque parece un videojuego, los resultados han sido exitosos.