Miércoles, 17 de Octubre de 2018

Brasil eligió

ColombiaEl Tiempo, Colombia 17 de octubre de 2018


Juan Lucas Restrepo I


Juan Lucas Restrepo I.*
Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ir a Brasil para visitar a Embrapa, par y aliado estratégico de Agrosavia. Embrapa es una de las instituciones de mayor trascendencia en el desarrollo de la agroindustria brasileña. En abril del 2018 esta entidad publicó el libro Visión 2030 - El futuro de la agricultura brasileña (disponible en su web), el cual analiza el desarrollo histórico de este sector en su país y plantea lo que considera son los principales retos que deben abordar para continuar su exitosa trayectoria. En la década de los 60, la productividad agrícola brasileña era muy baja y una parte importante de la alimentación de su población provenía de importaciones. Los procesos de urbanización eran acelerados, y el gobierno, preocupado por la seguridad alimentaria y la pobreza, instauró una serie de políticas para aumentar la producción y la productividad agropecuarias. Sus ejes fueron la investigación y el desarrollo para ‘tropicalizar’ la producción de sus principales necesidades alimentarias, la extensión rural, el crédito subsidiado y la inversión en infraestructura para ampliar su frontera agrícola. La receta fue muy exitosa. Entre 1975 y el 2015 la productividad de la mano de obra creció 5,4 veces; la de la tierra, 4,4, y la del capital, 3,3. Pero lo más impresionante es que durante ese periodo, la tecnología fue responsable por el 59 por ciento del crecimiento del valor bruto de la producción, mientras que la tierra y el trabajo representaron el 41 por ciento restante. Incluso, entre 1995 y el 2005 esta relación fue de 68 y 32 por ciento, respectivamente. En el 2015, Brasil ya era un jugador de talla mundial en los mercados agrícolas y su agroindustria (producción primaria, insumos, procesamiento y distribución) aportó el 23,6 por ciento del PIB, el 45,9 por ciento de las exportaciones y empleaba 19 millones de personas, de los cuales 9 millones trabajaban en el sector primario. También es claro que buena parte del desempeño ha correspondido a un número menor de las explotaciones agrícolas. Según su censo del 2006, el 0,43 por ciento de los establecimientos rurales (unos 22.000) respondió por más de la mitad de lo producido, y 3’775.826 establecimientos ( 73 por ciento del total) solo lograron producir 0,43 salarios mínimos mensuales. Hoy, Brasil y Embrapa trabajan para que esos productores, ubicados principalmente en el norte y nordeste del país, logren mejorar sus indicadores con modelos tecnológicos y extensión pertinentes (‘núcleos territoriales de innovación’), y con otros temas críticos como un mejor manejo del recurso hídrico. Los grandes retos desarrollados en su ‘visión 2030’ son: abordar las dinámicas socioeconómicas en los territorios y la intensificación sostenible de sus sistemas productivos, logrando hacer más con menos y minimizando la presión sobre nuevas áreas agrícolas; el cambio climático; los riesgos agropecuarios para minimizar la probabilidad de pérdidas económicas desde ámbitos como el tecnológico; más valor agregado a la producción primaria; darle un mayor protagonismo a los consumidores en la definición de las alternativas agrícolas, y lograr la convergencia del ‘nuevo conocimiento’ en su agricultura (biología sintética, bioeconomía, etc.). Brasil eligió bien en la década de los 60. Estableció los incentivos correctos y privilegió invertir en bienes públicos y no en subsidios, para alcanzar un alto nivel de desempeño económico y social de su agricultura. Siguen enfrentando retos en algunos territorios, pero los tienen claros y avanzan en la dirección correcta. La coyuntura colombiana se presta para que también elijamos bien.
*Director Ejecutivo de Agrosavia @jlucasrestrepo/jlrestrepo@agrosavia.co