Martes, 20 de Noviembre de 2018

Lecciones de los comicios en EE.UU.

UruguayEl Pais, Uruguay 20 de noviembre de 2018


El resultado de las elecciones en Estados Unidos se presta para muchas lecturas


El resultado de las elecciones en Estados Unidos se presta para muchas lecturas. Se puede afirmar que los demócratas ganaron, ya que recuperaron la mayoría en la cámara de Representantes. Se puede decir que los republicanos quedaron contentos, ya que se consolidaron en el Senado. Pero más allá de estos detalles, de interés más bien local de ese país, hay lecciones que se pueden extrapolar a lugares como Uruguay. Y que hablan del estado de ánimo de las masas en estos tiempos.
La primera lección tiene que ver con la economía. Pocos dudan que si esta elección fue un plebiscito sobre Donald Trump, el presidente ha sido un claro ganador. Logró enfrentar a la unanimidad del establishment mediático y cultural, se puso la campaña al hombro, logró llevar un número récord de votantes a las urnas, de los cuales el 63% afirmó que la figura del presidente era su principal estímulo para ir a votar. Y si hubo algo que convenció a la gente de apoyar a Trump, incluso muchos republicanos tapándose la nariz, fue la economía.
Es que la situación económica de ese país es hoy floreciente. Ya venía experimentando un proceso de mejora desde el final de la era Obama, es cierto. Pero las desregulaciones, la baja de impuestos, y las medidas pro mercado de Trump, han impulsado un crecimiento como no se veía desde hace años.
Esta es claramente una lección que se puede extrapolar a otros países. Tanto en lo que se refiere a que la gente vota con el bolsillo, como al hecho de que las medidas pro mercado son las que generan crecimiento y riqueza. Y si no mire lo que pasa en Chile. Tras años de estancamiento, dos o tres medidas drásticas del presidente Piñera han vuelto a poner al país en la senda de crecimiento fuerte. Algo que, notoriamente, está haciendo falta en nuestro propio país.
Una segunda lección que dejan estos comicios en Estados Unidos podría ser que hay que prestar menos atención a lo que podríamos llamar el clamor de las minorías intensas. Si uno se dejara llevar por la influencia del mundo que opera sobre la información y los medios hoy en día, la corrección política, las oenegés, los censores de la moral pública, Trump nunca habría sido electo ni edil. Y, sin embargo, los resultados electorales tanto en EE.UU., como en Brasil, como en tantos otros sitios, dejan en evidencia que a nivel popular existe una reacción y un malestar creciente con este fenómeno.
Se trata de una situación muy peligrosa, es verdad. Ya que habilita a los dirigentes políticos a saltearse barreras que en muchos casos han evitado abusos y desmadres autoritarios. Pero la realidad es lo que hablan las urnas. Y ellas vienen gritando desde hace ya un buen tiempo que la gente está harta de que se la trate como un rebaño sumiso, y que se le diga desde ciertos nichos interesados y con agendas muy propias, lo que se puede y no se puede decir y pensar. Se trata de un fenómeno que claramente viene creciendo bajo cuerda en Uruguay, y el líder político que lo sepa leer, puede apuntarse una ventaja clave.
Hay una tercera lección, más conceptual, y que en cierta forma está vinculada a esto último. Y tiene que ver con que vivimos en tiempos de polarización y donde en política se premia el conflicto por encima de la armonía. De nuevo, se trata de un fenómeno peligroso y complejo, pero es una realidad que deja en evidencia cada elección a nivel global.
La gente parece cansada de los políticos tradicionales, cincelados por el permanente machacar de asesores de imagen, focus groups, y blanqueo dental. La gente quiere líderes que se paren ante la opinión pública y tengan un mensaje claro, que digan cosas, que no tengan miedo de chocar contra alguna sensibilidades.
La sociedad actual parece entender que hay problemas de fondo que necesitan un timonel fuerte, y alguien que tenga claro lo que quiere y a dónde va. Las elecciones se siguen ganando en el centro del espectro político, es verdad. Pero ese centro ya no se deja convencer por discursos melosos y falsamente inclusivos. Está dispuesto a apoyar a quien dé la señal de saber a dónde quiere ir, y a quien tenga una receta clara e identificable. A quien tenga una propuesta que ilusione, y que se separe claramente de la palabrería hueca que se ha vuelto hegemónica en el discurso político de los últimos años.
Hay aspectos de estas lecciones que son francamente preocupantes. Pero a la hora de hacer política, es importante tener claro el estado de ánimo de la gente. Un estado de ánimo que es cada vez más global, y menos legible a través de encuestas y sondeos. Quien se anticipe a leerlo en Uruguay, tendrá una ventaja significativa de cara a lo que se viene.