Martes, 20 de Noviembre de 2018

Muchacha punk al rescate del mundo

UruguayEl Pais, Uruguay 20 de noviembre de 2018

Fernán Cisnero
La chica en la telaraña representaba todo un desafío, para Fede Álvarez, el uruguayo que saltó de YouTube a dirigir una superproducción así de grande

Fernán Cisnero
La chica en la telaraña representaba todo un desafío, para Fede Álvarez, el uruguayo que saltó de YouTube a dirigir una superproducción así de grande. Sus dos películas anteriores ( No respires y Posesión infernal ) eran modestas e independientes, atributos que ofrecen otra libertad y que cimentaron la fama del director de visionario del cine. A eso ayudó que las dos hayan sido tremendos éxitos de taquilla y que mostraran una suficiencia en el director que le permitió encargarse de un proyecto de este talle y estar a la altura.
La película es, entre otras cosas, la apuesta fuerte para el último trimestre del año de un gran estudio (Sony, o sea el histórico Columbia; también está la Metro) que acá pretende además, reiniciar una franquicia. Ese tipo de exigencia puede arruinar cualquier buena intención. Álvarez consigue, en los mejores momentos, superar ese escollo.
Es la quinta película surgida de la saga Millenium , que escribió el sueco Stieg Larsson y se convirtió en un fenómeno literario global. Hay tres adaptaciones suecas de la trilogía original (dirigidas por Niels Arden Oplev y Daniel Alfredson), y una adaptación del primer libro ( La chica del dragón tatuado ) por David Fincher, un gran director que, con sus habituales firuletes visuales, consiguió una gran película. Las suecas, más allá de presentarle al mundo a Noomi Rapace, son películas menores. En la de Fincher el papel principal fue para Rooney Mara.
La chica en la telaraña basada en el cuarto libro de la saga (en español se editó como Lo que no te mata te hace más fuerte ), escrito por David Lagercrantz tras la muerte de Larsson queda en el medio.
Lisbeth Salander (Claire Foy), la justiciera ciberpunk es protagonista absoluta. Hija de un mafioso ruso y distanciada de una hermana que siguió con el negocio de su padre, a Lisbeth se la encuentra como un paladín contra la violencia de género, como queda claro en el juicio sumario, y bien merecido, que le aplica a un esposo abusivo.
Abandona esa línea de trabajo cuando es contratada por un ingeniero que inventó, qué necesidad, un programa que controla todas las ojivas nucleares del mundo. Ella lo recupera y se entera que es una cosa peligrosísima para que caiga en las manos equivocadas que son, precisamente, las que se lo terminan robando. Acompañada por el periodista Mikael Blomkvist (Sverrir Gudnason), que acá cede el protagonismo en la saga, y por un agente libre de Estados Unidos (Lakeith Stanfield), va tras los villanos comandados, justo, por la otra Salander, Camilla (Sylvia Hoecks). Todo va dirigido hacia el encuentro final entre las dos hermanas, una de negro, la otra, la mala, de rojo.
Con ese material, Álvarez hace lo que hay que hacer: mantiene la acción con escenas bien construidas tanto a la intemperie (una persecución en moto, por ejemplo), o en el encierro de una pelea en un baño. Es, como sus otras dos, una película de interiores, que Álvarez y Luque llenan de expresionismo y de cine de acción de la década de 1980. Hay ideas visuales que tienden a la circularidad (ella recortada en un ojo de buey de los grandes, un túnel de fuego cuando le ofrecen el caso) y un uso expresivo del color, incluyendo una escena que solo ilumina la luz de unas máscaras.
Reino Unido, Alemania, Suecia, Canadá, Estados Unidos, 2018. Dirección: Fede Alvarez. Guion: Jay Basu, Fede Alvarez, Steven Knight basado en el libro de David Lagercrantz sobre personajes de Stieg Larsson. Fotografía: Pedro Luque. Diseño de producción: Eve Stewart. Música: Roque Baños. Con: C Claire Foy, Sylvia Hoeks, Lakeith Stanfield, Stephen Merchant, Andreja Pejic.>
> El planteo general está cerca de James Bond, una referencia que parece explícita en la elaborada secuencia de créditos, una tradición en la saga del 007. Acá Lisbeth, a la que Foy baña de una fragilidad que no tenían sus encarnaciones anteriores, es una punk en medio de una intriga internacional, con villanos de pelo rubio y teñido y una mala malísima. Lisbeth, encima, anda en un batimovil.
Al igual que No respires, la anterior película que hicieron juntos, y desafiando la teoría del autor, La chica en la telaraña es tan de Álvarez, claro, como de su fotógrafo y compinche, Pedro Luque. Si en No respires estos dos uruguayos expatriados en Hollywood conseguían un destacadísimo estudio sobre la luz y la oscuridad (y el sonido) desde una película de género, acá logran, en otro tono, un planteamiento visual igualmente atractivo. Y es de lo mejor de la película. Luque es un gran fotógrafo y Alvarez un director que demuestra su compromiso con contar la historia de la mejor manera.
Así se hace un buen thriller de acción: hay que cumplir el protocolo del género y embellecerlo todo lo que se pueda. Álvarez y Luque cumplen con esa exigencia.>