Domingo, 16 de Diciembre de 2018

No lloren por Wanda

Puerto RicoEl Nuevo Dia, Puerto Rico 16 de diciembre de 2018

Casi nadie ha derramado lágrimas por el trance que atraviesa la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, quien, dentro de días, puede pasar de ser la principal funcionaria de ley y orden del ELA, a una acusada más, con fianza y foto de fichaje incluidos

Casi nadie ha derramado lágrimas por el trance que atraviesa la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, quien, dentro de días, puede pasar de ser la principal funcionaria de ley y orden del ELA, a una acusada más, con fianza y foto de fichaje incluidos.
A nadie puede saberle bien que le acusen en corte; menos a alguien que lleva décadas haciéndolo con otros. Pocos habrían podido imaginar un desenlace así cuando Wanda Vázquez, cabello siempre teñido de rubio, mirada severa, empezó a hacer noticia en los 90. Era entonces una fiscal implacable que enfrentaba en las cortes lo mismo a maltratantes de niños que a narcos y asesinos.
Estipuladas diferencias de enfoque en cuanto al crimen o de la filosofía del derecho, que en el caso en particular de Wanda Vázquez no son pocas, casi nadie tiene problemas con los fiscales. Dado el caso, a un fiscal a la gente lo prefiere del lado propio que del contrario. Puede decirse en esa línea, pues, que hasta que Wanda Vázquez se metió en veredas de las que hablaremos en breve, tenía, al menos vista de lejos, una imagen positiva.
Lo que pasa es que se empezó a juntar con políticos y de ahí casi nadie sale bien. Primero, Luis Fortuño la designó Procuradora de la Mujer. Desde el año pasado es la secretaria de Justicia de Ricardo Rosselló. En ambos puestos, tuvo que ejecutar piruetas con más sentido partidista que común, hacer ciertas genuflexiones, cumplir de buena cara con directrices demenciales y chocar con gente que, no pocas veces con razón, creía que las cosas debían hacerse distinto a como ella las hacía.
Las cosas ya no volvieron a ser iguales. La gente aquí tiene un hastío tal con lo público que, cuando alguien llega a un puesto así, es como si lo cubriera un velo que impide que se le distinga de cualquier otro. Surgen denuncias, investigaciones, rumores y la respuesta es siempre alguna variación del "todos son iguales".
Por eso es que no hay gente llorando por Wanda Vázquez. A todos nos conviene darle una segunda mirada a lo que está pasando aquí. Si "algo hizo" no se conoce aún. Pero lo que se sabe hasta ahora debía provocar escalofríos, no por lo que pueda haber hecho la secretaria, sino por el sombrío contexto en que crece esta verruga.
A Wanda Vázquez se le investigó porque se alega que intervino en el manejo de un caso en el que la víctima era una hija suya. A la casa de esta hija se metieron dos muchachos a robar. Ambos fueron atrapados y se declararon culpables. A uno le echaron 18 años de cárcel y al otro, probatoria.
La madre del que se cogió cárcel fue a La Fortaleza a quejarse de la sentencia que recibió su hijo, atribuyéndolo a la madre de la víctima.
Hay un detalle, no insignificante, que explica la diferencia en sentencias: el que cogió probatoria era la primera vez que tenía problemas con la justicia, mientras que el que fue sentenciado a 18 años de cárcel había sido acusado de delitos graves dos veces. Se ha explicado, sin que haya sido desmentido, que por sus antecedentes este muchacho se exponía a 33 años de cárcel. Una negociación logró la sentencia de 18 años.
Wanda Vázquez ha negado haber intervenido en este caso. No hay ningún testimonio público que la contradiga. Sí se sabe, y fue reconocido por la secretaria, que participó en una reunión en la que se discutió el tema. Imprudente, sin duda, aunque según se dice ya se habían finiquitado los trámites del caso y no quedaban influencias indebidas que ejercer.
Es muy difícil ver en esto alguna razón para querer esposar a Wanda Vázquez y mandarla a una mazmorra si no paga la fianza. Incluso, si hubiera llamado a los fiscales del caso y los hubiera amenazado con torturarlos si no conseguían la silla eléctrica para los que robaron a su hija, eso, con lo grave que es, tampoco amerita lo que está pasando aquí. De haber ejercido presiones indebidas, merecía que la botaran como bolsa, que le metieran una querella ética o hasta    que la desaforaran como abogada.
¿Cargos criminales, en un país en el que se pavonean por la calle fiscales que se sabe que han inventado evidencia, mandado a la cárcel por décadas a inocentes o que se prestaron a perseguir a gente decente, como aquel Francisco Sánchez que le quiso fabricar un caso a la exdirectora de Comunidades Especiales Linda Colón? Difícil de entender.
¿Por qué, entonces, este caso contra Wanda Vázquez? Puede ser que haya hecho algo que no se sabe, algo tan grave como para que amerite que se lleve al tribunal a toda una secretaria de Justicia. Pero falta para saber. A la funcionaria, que dice que nunca fue notificada oficialmente de que era objeto de una pesquisa, le anunciaron la acusación el martes 27 de noviembre, pero no es hasta el viernes 7 de diciembre, 10 días después, que sabrá de qué se le acusa.
O puede ser que la secretaria sea la primera baja de una sórdida trama que se desarrolla en las trastiendas del poder, con el tumulto de la caballería oyéndose afuera. Los que no participamos en tales desventuras, de esa batalla apenas sentimos el celaje inconfundible de Thomas Rivera Schatz pasando con rumor como de latigazo, nos topamos en un recodo con la silueta a contraluz de Rosselló o nos inunda el hedor de todo lo pútrido que está siendo revuelto ahí.
Rivera Schatz dice que este fue un fuete que el gobernador se buscó solito. Wanda Vázquez dice la quieren sacar de carrera para detener una pesquisa sobre empleados fantasmas en el Capitolio. Desde nuestro mirador iluminado por el sol, no sabemos dónde en eso está la verdad
Lo que sí sabemos es que, si a la secretaria de Justicia se le puede fabricar o inflar un caso en venganza por una pesquisa o porque importunó a alguien con una acción, nadie está a salvo en este país. A todos nos conviene que a Wanda Vázquez le hayan encontrado un niño secuestrado en el sótano de su casa, porque si de verdad hay poder para acusarla por alegaciones inventadas o magnificadas, eso es para que nos dé a todos un escalofrío de muerte.
Se entiende que no lloren por Wanda Vázquez, pues. Pero esto, la verdad, es para llorar por todo Puerto Rico.