Domingo, 20 de Enero de 2019

50 chuseok: puente entre dos mundos

ArgentinaLa Nación, Argentina 20 de enero de 2019

50 chuseok (argentina-Corea del Sur/2018) / Dirección: Tamae Garateguy / Guion: Diego Peluffo / Fotografía: Connie Martin / Música: Christian Basso Edición: Andres Tambornino / Distribuidora: Los Griegos Duración: 81 minutos / Calificación: Apta para todo público / En el Gaumont (Rivadavia 1635), a las 18

50 chuseok (argentina-Corea del Sur/2018) / Dirección: Tamae Garateguy / Guion: Diego Peluffo / Fotografía: Connie Martin / Música: Christian Basso Edición: Andres Tambornino / Distribuidora: Los Griegos Duración: 81 minutos / Calificación: Apta para todo público / En el Gaumont (Rivadavia 1635), a las 18.30 / Nuestra opinión: buena
La película comienza con la propuesta de rodar un documental con motivo de cumplirse 50 años de la llegada de la primera gran oleada de inmigrantes coreanos a la Argentina. Quien oficia de presentador del film es Chang Sung Kim, un reconocido y muy simpático actor de cine y TV (Los simuladores, Graduados, El marginal, Permitidos) al que le ofrecen viajar a Corea, país al que no ha vuelto en 48 años.
50 Chuseok (el título remite al festival de la cosecha, principal celebración anual de los coreanos) escapa por completo de las limitaciones del documental institucional y didáctico para proponer, en cambio, un viaje de (re)descubrimiento personal, una exploración de la identidad, una mirada a las diferencias culturales y generacionales. La prolífica directora Tamae Garateguy (Mujer lobo, Hasta que me desates) aparece en pantalla junto con el resto del equipo de filmación haciendo evidente el artificio y la manipulación de toda obra. Ese recurso, sin embargo, no le hace perder frescura ni interés a una narración que los lleva no solo por ciudades como Seúl, Incheon, Busan, Bucheon y Daejeon, sino también a una intensa búsqueda de los orígenes del propio Chang Sung Kim, quien pese a su cinismo inicial termina quebrándose en más de una oportunidad.
Es cierto que el film resulta por momentos un poco caótico y derivativo, pero nunca pierde su encanto, su vitalidad, su frescura, su espíritu lúdico y -también- sus picos emotivos para acercarse a la intimidad de un coreano con alma porteña que regresa a su tierra.