Domingo, 17 de Febrero de 2019

Trump cambia de tono

ChileEl Mercurio, Chile 16 de febrero de 2019

En su segundo discurso sobre el Estado de la Unión, el martes pasado, Donald Trump adoptó primero el tono conciliador que los mandatarios necesitan para mostrar que ellos pueden estar por encima de las divisiones, pero dejó claro que no abandonará los temas que le dieron el triunfo en 2016: la inmigración y las propuestas populistas para enfrentar los efectos de la globalización.

Las divisiones políticas por sobre las cuales el mandatario pretendió situarse llevaron al cierre más prolongado (aunque parcial) de la administración federal en la historia del país. La falta de un acuerdo entre el Congreso y la Casa Blanca sobre una partida presupuestaria hizo que por 35 días funcionarios de decenas de agencias del gobierno tuvieran que dejar de trabajar o hacerlo sin esperar un sueldo a cambio, por lo que durara la paralización. No había con qué pagarles. Eso afectó la popularidad de Trump (cayó a 37%, y 53% lo culpó por el cierre) y los expertos revisaron a la baja las expectativas económicas para este primer trimestre. Son malas noticias cuando el mandatario tiene la mira puesta en conseguir la reelección en 2020 y cuando desde la oposición ya se lanzan varios competidores por la nominación (incluyendo un número notable de mujeres).
En ese contexto, y ante las dos cámaras del Capitolio, el Presidente quiso dar un giro, después de dos años de críticas destempladas a sus detractores. Ahora llamó a la unidad y dijo que los estadounidenses quieren que los políticos no gobiernen como "dos partidos, sino como una nación". Eso también fue un reconocimiento implícito de que su estilo frontal ya no da los resultados que espera, menos con una adversaria como la demócrata Nancy Pelosi, quien desde el 3 de enero lidera la Cámara Baja. La experimentada legisladora por California -la mujer más poderosa de la política de Estados Unidos, segunda en la línea de sucesión presidencial, pero sin ambiciones de llegar a la Casa Blanca- ha demostrado que está dispuesta a hacer valer su cargo: primero hizo que Trump retrasara la cuenta anual por la falta de acuerdo presupuestario y, cuando consiguió uno para reabrir temporalmente el gobierno, lo hizo sin conceder al mandatario su exigencia de financiar el muro fronterizo con México. El problema -y el Presidente lo sabe- es que el pacto que financia el gobierno federal dura hasta este viernes. Necesita negociar para evitar otro cierre.
El tono conciliador, el reconocimiento a los avances de las mujeres en el mundo laboral -Pelosi y las legisladoras demócratas fueron vestidas de blanco, el color de las sufragistas del siglo XX, como un gesto de reivindicación por los derechos de las mujeres- y una apelación al sentido más patriótico de Estados Unidos -al asegurar que no hay un país que se le compare por sus aportes a la libertad, la seguridad, la ciencia y la sociedad- son todas piezas del puzle de un mandatario dispuesto a tender puentes, que hasta ahora había sido difícil de ver.
La otra cara
Pero luego el impulso pareció desvanecerse para dar paso al Trump que se conoció en la campaña, rol en que siempre se le ha visto más cómodo que entre las paredes de la Oficina Oval. El republicano dijo que en los últimos dos años, su administración ha logrado un milagro económico sin precedentes. Aprovechó para elogiar los avances en política exterior, especialmente en la desnuclearización de Corea del Norte, y hasta para hacer un guiño a las bases más conservadoras, con la idea de limitar el aborto tardío. Lo central, no obstante, fueron los dos temas que movilizaron al electorado en 2016: inmigración y globalización.
Trump volvió a insistir en la construcción del muro con México, habló de la "urgente crisis nacional", de la necesidad de asegurar la "muy peligrosa frontera sur" y de sacar del negocio a traficantes de personas y de droga. Es un "asunto moral", dijo, después de recordar que justo en ese momento caravanas de personas avanzaban para ingresar ilegalmente al país desde México, un "tremendo embate" para el que envió un refuerzo de 3.750 tropas.
Lo que no admitió es que los cruces y las detenciones por esa frontera están en su punto más bajo de los últimos 20 años y que la mayor parte de los inmigrantes que están indocumentados en Estados Unidos llegan legalmente, pasan los controles aduaneros en los aeropuertos y se quedan más de lo permitido por sus visados, según el Centro de Estudios de Migración, que revisó cifras oficiales. Mientras, los narcotraficantes hace años que encontraron la forma de burlar los pasos fronterizos e ingresan su producto disfrazado, por túneles clandestinos o en aviones. Nada que un muro pueda frenar.
En campaña
El comportamiento electoral de los votantes tiene que ver, sobre todo, con la emoción y las percepciones y Trump sabe cómo apelar a eso. Su primer mitin de campaña del año será hoy, en El Paso, Texas, ciudad que le sirve de ejemplo: fue, dijo, una de las "más peligrosas" del país y ahora es una de las "más seguras", gracias, supuestamente, a la instalación de un muro en la frontera.
El temor por la seguridad es también económico. El Presidente -que tiene razón al decir que Estados Unidos pasa por un buen momento: 2,5% de crecimiento proyectado y 4% de desempleo- prometió defender la posición de la nación en el comercio global, especialmente frente a China. Y lo hará personalmente, cuando se reúna con Xi Jinping, en una fecha aún sin definir.
Con todo, Trump se mostró como el Presidente que hace que las cosas pasen, quizás la primera bandera de su nueva campaña.