Lunes, 22 de Abril de 2019

¿Dónde está el "9"?

ChileEl Mercurio, Chile 22 de abril de 2019

En la ronda de entrevistas que dio la última semana, Reinaldo Rueda dejó meridianamente claro que su diagnóstico, tras un año al mando de la Roja, indica algo que todos sabíamos: no existe un recambio para la "generación dorada"

En la ronda de entrevistas que dio la última semana, Reinaldo Rueda dejó meridianamente claro que su diagnóstico, tras un año al mando de la Roja, indica algo que todos sabíamos: no existe un recambio para la "generación dorada".
Rueda, en todo caso, no fue para nada preciso en las razones de su diagnóstico, porque eso de que "fue la propia generación ganadora" la que no dejó crecer a una nueva pléyade de futbolistas es un comentario carente de sustancias. Chile y sus seleccionadores anteriores no fueron capaces, no quisieron, no los dejaron o simplemente estuvieron en contra de asumir riesgos y no hicieron el trabajo de búsqueda de los reemplazos. Esa es la verdad cruda.
En fin. Lo cierto es que cuando ya estamos al final de la etapa más brillante del fútbol nacional a nivel de selección adulta, y con desafíos mayores por encarar, es un hecho indesmentible que hay puestos que ya no pueden ser cubiertos por los "históricos" (al menos por un plazo mediano) y lo peor es que aún no surgen nombres que den la esperanza de un mejor futuro.
En ello se incluyen los laterales, los volantes de salida, los "enganches" y los extremos. En todos hay que buscar con la lupa. Pero donde hay más urgencia es en el centro del ataque. Específicamente se requiere de un romperredes. Un artillero.
No es un tema menor. De los últimos seleccionadores, solo Bielsa y Borghi tuvieron la dicha de tener un atacante goleador de fuste con Humberto Suazo. Pero tras él, el panorama se puso oscuro.
Por un tiempo, las grandes actuaciones individuales de Eduardo Vargas y de Alexis Sánchez frente a los pórticos rivales disimularon la carencia de un centrodelantero goleador (ninguno de los dos responde a ese perfil). Pero igual se echaba de menos un referente de área. Sampaoli contó que en un minuto le llegó a obsesionar la búsqueda de un atacante central. Pese a que tenía alternativas como Paredes y Pinilla, nunca estuvo convencido de ellos y por eso optó por buscar jugadores que pudieran obtener pasaporte chileno (Zárate y Larrondo) o derechamente prefirió jugar con Valdivia como el famoso "9 falso".
Pizzi, en tanto, siguió con la misma...
Lo más curioso es que hubo un momento en que pareció que el conflicto podía solucionarse a partir de la explosión de algunos jugadores jóvenes. La Sub 20 que participó en el Sudamericano y Mundial 2013, dirigida por Mario Salas, dio luces sobre nombres interesantes: Nicolás Castillo era el goleador titular como atacante central; Felipe Mora, su primer y lujoso reemplazante; Diego Rubio ya estaba jugando fuera de Chile y si bien actuó en el Sudamericano como externo derecho, apuntaba a ser probado como eje de ataque; Angelo Henríquez, quien fue al Mundial por Rubio, lo mismo. Es decir, alternativas había.
¿Qué pasó? ¿Fue la propia generación ganadora la que les impidió el paso como dice Rueda? ¿O hubo otras circunstancias?
Sí. Las hubo. Sampaoli, por ejemplo, no tuvo buena conexión con Mario Salas y, por tanto, eso impidió el traspaso prístino de información técnica. Pero hay otras razones. Castillo se autonegó dar el salto definitivo al creer que le bastaba con meter goles en San Carlos para tener la "9" de Chile. Mora su fue a México un semestre antes de lo que debió hacerlo (en la U se estaba consolidando). Rubio y Henríquez se pusieron límites y vallas bajas. Cruda realidad. Rueda y Chile ahora lo sufren.