Lunes, 22 de Abril de 2019

Resalta figura de educadora

Puerto RicoEl Nuevo Dia, Puerto Rico 22 de abril de 2019

Tan pronto uno escucha el nombre Ana G

Tan pronto uno escucha el nombre Ana G. Méndez lo primero que viene a la mente es la institución universitaria, obviando en algunas ocasiones la historia de la mujer detrás de este proyecto educativo. ¿Quién fue Ana G. Méndez? ¿Cuál fue su visión educativa? ¿Cómo logró llevar a cabo este proyecto?
Algunas de estas preguntas se las hizo el artista puertorriqueño Pedro Adorno cuando comenzó a desarrollar el proyecto "Siete Ana G. Méndez", que consta de siete esculturas que representan a la educadora en distintas etapas de su vida. Estas obras las realizó con motivo del 70 aniversario de esta universidad privada.
"Sentía que conocía la figura a través de la institución y lo que uno entiende es la institución, pero cómo llegar a ella era la pregunta", explicó Adorno esta semana, mientras preparaba ante la vista de todos algunas de las esculturas en barro en el vestíbulo del Recinto de Cupey, donde hace tres años funge como profesor visitante. Con el interés de conocer mejor a la educadora, comenzó a indagar con personas que fueron allegadas a ella, como doña Carmen, quien fue su cuidadora. También habló con profesores y profesoras que la conocieron y con otras personas que laboraron con ella por muchos años.
A raíz de esas entrevistas, Adorno pensó cuál Ana G. Méndez quería plasmar en su obra. Fue entonces, que tomó la decisión de hacer siete bustos que la representaran en distintas etapas de su carrera.
"Inicialmente pensé hacer una, pero la pregunta era de qué edad la hago porque ella se desarrolló en su vida y siempre fue una líder. Hay como 12 a 15 fotos de ella en diversas etapas y por eso la gente en la calle no puede reconocer una Ana G. Méndez porque tuvo muchas etapas. Empecé con la imagen que se está usando como parte de los 70 años de la institución en la que aparece reflexionando, pero dije, ‘mínimo tengo que hacer siete’. Primero, por esa idea de que hay más de siete vidas, pero también por esa misma idea de que hay unos valores que insisten en ella de honestidad, integridad y de ese humanismo y compromiso por la educación", sostuvo Adorno, quien identificó valores y principios que la caracterizaron para darle forma a su proyecto.
"Esto es un primer intento de acercarme a conversar con ella", dijo el artista, acompañado de las profesoras María Vilches y Maritza Del Valle, quienes han respaldado esta iniciativa.
Ambas resaltaron la propuesta de Adorno, pues entienden le da visibilidad a la mujer que gestó este proyecto educativo que le "abrió las puertas" a las clases menos privilegiadas del país.
"Ella fue de esas mujeres que en la época de finales de los cuarenta y cincuenta transforma la sociedad puertorriqueña porque tenía la visión de hacer accesible la educación a las clases menos privilegiadas en el país y suplir sus necesidades. Tenía también un compromiso para que las mujeres se educaran. Ella, como estudiante, vivenció lo que es tener familia, tener hijos y continuar con la agenda de estudios para uno superarse, así que ella se podía identificar con todas esas personas que trabajaban y estudiaban. Muchos de los profesores que trabajamos aquí lo hacemos con el compromiso de que le estamos sirviendo o por lo menos estamos facilitando un proceso de aprendizaje a jóvenes que no tendrían la oportunidad de estudiar", expresó la profesora Vilches, quien recuerda a la educadora como una mujer de trato cálido, amable, pero con una fortaleza extraordinaria.
"Era una mujer que soñaba en grande. Y creo que eso es tan importante para el país en este momento", agregó Vilches.
La doctora Del Valle, quien también es la coordinadora del área de español del Recinto de Cupey, por su parte, dijo que el proyecto de Adorno coincidió con la celebración de la Semana de la Lengua, donde se honró tanto la figura de Ana G. Méndez como de la fenecida escritora Olga Nolla, quien fue profesora del recinto y en cuya biblioteca se alberga su colección.
"Ambas fueron mujeres fuera de época. En el caso de doña Ana logró la acreditación de una institución en un mundo de hombres que jamás pensó que ella lo lograría, y en el caso de Olga fue parte de un movimiento de mujeres que en la década del 70 decidió romper con el patriarcado y luchar por lo que pensaban y sentían. Ambas se destacaron en su campo", compartió.
Al escucharlas, Pedro Adorno enfatizó que sus "Siete Ana G. Méndez" tienen el propósito de recordarle a toda la comunidad universitaria ese compromiso de la educadora, especialmente con las personas de recursos limitados.
"Lo que quisiéramos es insistir que hay que evocar e invocar esa energía de apoyo a los más necesitados, a los que no nacieron en Puerto Rico, porque ella dio un apoyo tremendo a gente de diferentes comunidades, a gente pobre, a mujeres trabajadoras y madres de familia. Esa parte es bien bonita porque sigue siendo así, esta sigue siendo la universidad donde viene gente que quiere terminar su carrera, gente que está trabajando y quiere terminar. Y nosotros, que trabajamos en humanidades, estamos todos los días con estos estudiantes que inicialmente llegan pensando que se quieren ir rápido a trabajar, pero descubren la vida universitaria", manifestó con satisfacción.
Uno de esos estudiantes es Juan Mi Pibernus, de segundo año, quien estuvo ayudando al artista en el proceso de crear estas esculturas, las cuales se realizaron fuera de los talleres y ante la vista de todos con el propósito de provocar el diálogo.
El presidente de la institución, José F. Méndez, expresó por escrito, su satisfacción por este esfuerzo de Pedro Adorno.
"Además de ser una pieza de arte, representa la presencia vigente del legado de nuestra fundadora, mi abuela, Doña Ana G. Méndez. Celebramos 70 años de transformación educativa y es verdaderamente significativo ver cómo nuestra comunidad universitaria y el país continúan reconociendo la gesta de una gran mujer que, siete décadas después, aún inspira a hombres y mujeres de nuestro querido Puerto Rico", manifestó.
Pedro Adorno indicó que le gustaría que estos bustos puedan quedarse en el recinto para que así no se olvide a la verdadera Ana G. Méndez, una mujer visionaria, cuyo compromiso siempre estuvo con las clases necesitadas del país.