Lunes, 17 de Junio de 2019

¿Crecimiento esquivo?

ChileEl Mercurio, Chile 17 de junio de 2019

Aparte del tema tributario y de destrabar proyectos, el Gobierno debe empujar una transformación microeconómica profunda.

Hace un año, el Fondo Monetario Internacional proyectaba que la economía mundial podría crecer un 3,9% en 2019. En su reciente Panorama Económico Mundial, el organismo revisa a la baja su proyección, situándola ahora en un 3,3%. Es un ajuste relevante, aunque la cifra aún resulta satisfactoria, particularmente porque las perspectivas mejorarían levemente en el segundo semestre. En el caso chileno, las autoridades económicas tomaron estos números con cautela, pero destacaron que las proyecciones de crecimiento para nuestro país se mantuvieran en 3,4%, sin revisiones a la baja.
Con todo, este es un guarismo que sitúa a Chile en el promedio del crecimiento mundial, contrariando el objetivo varias veces declarado por el Gobierno, de superar con claridad dicho promedio durante su mandato, algo que se logró el año pasado, pero que (si bien pudo haber sido influido por las expectativas que despertó el triunfo electoral de Sebastián Piñera) no puede atribuirse propiamente a su gestión. En cualquier caso, la expansión más pausada no debe extrañar cuando el crecimiento potencial de la economía se sitúa levemente sobre el tres por ciento. Es clave, entonces, elevar dicho potencial.
Para esos propósitos, el Gobierno ha desarrollado una agenda que, entre otros aspectos, busca destrabar proyectos de inversión y definir un marco tributario más amistoso con la inversión. En este último caso, no obstante, más allá de la aprobación de la idea de legislar, hay aún dudas de que esa reforma se pueda concretar. Además, su efecto en el crecimiento puede ser finalmente moderado. Por eso, la autoridad debe empujar también una transformación microeconómica profunda. Hay algunas ideas interesantes en esta dimensión, que apuntan a remover obstáculos burocráticos que impiden una reasignación eficiente de factores productivos. Sin embargo, en general, la agenda en esta dimensión no parece demasiado clara ni fuerte. Por ejemplo, la propuesta de cambios en el sistema de indemnizaciones por años de servicio, que habría tenido un efecto virtuoso sobre la productividad, parece inexplicablemente abandonada a poco de anunciarse.
Asimismo, la agenda para promover la competencia se observa más bien débil. Estudios de la OCDE han mostrado que Chile tiene márgenes corporativos algo más altos que los observados entre las naciones de esa organización. Tal realidad puede no solo afectar la productividad sino también la inversión. Sería, entonces, interesante que la autoridad fuese más agresiva en remover barreras que pudiesen estar impidiendo la emergencia de entornos más competitivos en algunas industrias.