Domingo, 18 de Agosto de 2019

Tambores de guerra en el Golfo

UruguayEl Pais, Uruguay 18 de agosto de 2019


Pero aunque parezca un Estado sin fisuras internas, Irán está tensionado por facciones lo suficientemente fanáticas como para empujar el país al vacío, apostando a una gran conflagración que termine con los enemigos sunitas de la Península Arábiga


Pero aunque parezca un Estado sin fisuras internas, Irán está tensionado por facciones lo suficientemente fanáticas como para empujar el país al vacío, apostando a una gran conflagración que termine con los enemigos sunitas de la Península Arábiga.> > No está claro que ocurre dentro de la teocracia chiita, pero hay señales de que sus enemigos se preparan para un conflicto. Una serie de movimientos apuntan en ese sentido. Evacuación de personal diplomático norteamericano en Bagdad y en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí. Suspensión de programas alemanes y holandeses de formación de personal en Irak. España retira su fragata de la escuadra estacionada en el Golfo. Un portaviones de la clase Nimitz avanza abarrotado de aviones B-52 y el USS Arlington atraviesa el estrecho de Ormuz repleto de misiles.> > Paralelamente, milicias chiitas de Yemen atacan con drones un oleoducto saudí, mientras dos buques cisterna del reino son blanco de sabotajes. Detrás del chiismo yemení está Irán, el mismo Estado que, según el Pentágono, prepara ataques a tropas norteamericanas en Irak.> > Todo junto suena como tambores de guerra. Arabia Saudita, cuyas fuerzas están fracasando en la misión de restablecer el control territorial de Yemen al gobierno de Mansur Hadi, necesita que Irán deje de apoyar a las milicias que controlan la capital y el estratégico puerto de Hodeida. Y para que eso ocurra, Riad trata de empujar a Washington contra Teherán.> > Washington habla de "peligro inminente", aunque está lejos de haber concentrado en el Golfo el poder de fuego necesario para una operación contra Irán. No obstante, tal concentración puede hacerse velozmente, si hubiese ataques contra sus fuerzas en Irak. Esos ataques no lo realizaría Irán, sino milicias del sur iraquí, donde es mayoritario el chiismo. Y es probable que no sea el gobierno de Hassan Rohani, sino los sectores radicalizados que se oponían al acuerdo nuclear firmado en Viena y que ahora, con Trump rompiendo el compromiso asumido por Estados Unidos, presionan al presidente iraní para que rompa también con lo pactado y el país vuelva a enriquecer uranio en cantidades que permitan fabricar bombas atómicas.> > Ni la presidencia ni el Majlis (poderes ejecutivo y legislativo elegidos por el voto del pueblo, pero con menos poder que la cúpula religiosa) parecen buscar el naufragio total del acuerdo. De hecho, soportando el repudio y las presiones de los sectores radicales que apoyaban al gobierno de Mahmud Ahmadinejad, lograron que Irán cumpliera con el compromiso asumido con Estados Unidos, Europa, Rusia y China.> > Fue Estados Unidos el que rompió unilateralmente su compromiso, por decisión de Trump. Su deseo de agradar a la monarquía teocrática saudí y a la coalición nacionalista-religiosa que gobierna Israel, sumado al deseo de sepultar todo legado de Barak Obama, lo llevó a una decisión injustificada y peligrosa.> > En la eterna pulseada iraní entre reformistas y fundamentalistas, el ala moderada cumplía con el acuerdo nuclear y, a pesar de eso, la Casa Blanca pateó el tablero, dañando seriamente la credibilidad de Estados Unidos y la negociación como instrumento para solucionar diferendos y conflictos.> > La decisión de Trump debilitó al gobierno de Rohani, fortaleciendo al ala recalcitrante del poder religioso. Ese sector puede estar interesado en hacer detonar un conflicto. Son funcionales al príncipe saudí Mohamed Bin Salman y a los halcones de Washington, Elliot Abrams, John Bolton y Mike Pompeo, que parecen estar buscando la mecha que haga estallar una guerra.