Domingo, 16 de Junio de 2019

Dr. John, el genio vudú que creo la atmósfera moderna del pantano

ArgentinaLa Nación, Argentina 15 de junio de 2019

Malcolm John Rebennack Jr

Malcolm John Rebennack Jr. dejó este mundo el jueves pasado, a los 78 años, como un jinete de la noche. Dr. John, como se lo conocía musicalmente, fue un artista visionario que tomó las tradiciones locales de Nueva Orleans y las transformó en una música que no se parecía a nada en la Tierra. Aunque su nombre no aparece en las listas al azar de los diez músicos más influyentes del rock de los últimos cuarenta años, su traza puede detectarse en la mayoría de los personajes legendarios y actuales del género. La vida de Dr. John no fue precisamente un dechado de tranquilidad (y duró más de lo que cualquiera hubiera apostado). Se convirtió en un adicto a la heroína en los sesenta y regenteaba un burdel; estuvo preso por drogas y truncó su carrera como guitarrista cuando casi pierde un dedo por un disparo en un concierto en Jackson en 1960. Los shows en vivo tras la salida de sus discos Gris Gris (1968) y Babilonia (1969) resultaban quiméricos, totalmente extrasensoriales, con bailarines vestidos solo con pintura, mientras que Dr. John desaparecía del escenario envuelto en una nube de humo y rituales vudú. Todo muy artístico hasta que en St. Louis fueron arrestados después de que un miembro de la banda mordiera la cabeza de una gallina viva en el escenario.
El músico había logrado una síntesis musical totalmente innovadora, virtuosa y, sobre todo, inquietante, porque mezclaba las tradiciones musicales de Nueva Orleans, jazz, funk, rhythm and blues, con el lado más oscuro de la vida. Las letras hablaban de espíritus de serpientes, maldiciones y médicos brujos. Un relato siniestro y perturbador con el clásico acento amenazante del cantante, que moldeaba una imagen surrealista de una ciudad transmutada por el cruce de culturas. Lo que luego muchos músicos, cineastas y escritores adoptaron como sellos de Nueva Orleans, en verdad, fueron creaciones ficcionales de Dr. John. Aunque ese mundo de fantasías en muchos casos se parecía más a la realidad, para bien o para mal. En los primeros años de la década del setenta, Rebennack (Dr. John) empezó a ser aplaudido por fanáticos de la aristocracia del rock como Mick Jagger y Eric Clapton, entre otros. Con ellos grabó The Sun, Moon & Herbs, un disco que salió en 1971. El resultado fue un caos: un álbum triple con apenas siete temas y sin mucho para rescatar. "Todo fue confuso", dijo Dr. John, un hombre que rehuía hablar del pasado, sobre la grabación de aquel álbum. Pero su leyenda, ya alejada de las marquesinas más grandes, siguió creciendo. A los 16 años había empezado a tocar como sesionista y siguió haciéndolo como un sideman de lujo. Estuvo con músicos de la talla de Rickie Lee Jones y Van Morrison. Muchos buscaban que les transfiriera ese sonido de pantano y vudú que Dr. John había conseguido tan solo deambulando por su tierra. Tom Waits sería uno de sus más grandes discípulos. La gravedad de la voz y la forma de estructurar las piezas musicales son similares. Waits casi podría decirse que logró lo que Dr. John no pudo. Jason Pierce, de la banda Spiritualized, lo invitó para el disco Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space y, ese mismo año, Rebennack lanzó Anutha Zone, con el apoyo de un elenco estrellado de músicos británicos más jóvenes: Supergrass; Paul Weller; Beta Band; Martin Duffy, de Primal Scream. Quizá su último gran paso fue Locked Down, de 2012, en que sintetizó esa creación pantanosa gracias a otro colega moderno: Dan Auerbach, de los Black Keys.