Sábado, 15 de Junio de 2019

Desafío republicano

ChileEl Mercurio, Chile 15 de junio de 2019

Es responsabilidad de los distintos dirigentes el que la mayor diversidad no afecte la proyección del sector.

La inscripción del Partido Republicano en las oficinas del Servel realizada por el exdiputado José Antonio Kast no ha pasado inadvertida. El ex candidato presidencial ha buscado presentar una nueva alternativa, capitalizando el apoyo logrado en la última elección presidencial, donde obtuvo un 8% de los votos. Similares esfuerzos desarrollaron en el pasado otros candidatos independientes, como Francisco Javier Errázuriz o Marco Enríquez-Ominami, quienes también intentaron -con éxito más bien relativo- encauzar ese respaldo en una colectividad política.
A diferencia de los casos anteriores, el proyecto del Partido Republicano nace con una mucho más nítida definición de sus principios, asumiendo como un activo la larga trayectoria de su líder. En efecto, el partido de José Antonio Kast reclama domicilio político claro, la derecha, y critica a la actual coalición de gobierno por supuestamente haberse alejado de ese ideario. Como aval de su crítica, el exmilitante UDI puede exhibir su propio papel en la última campaña, cuando, la misma noche de la primera vuelta, entregó su apoyo a Sebastián Piñera.
La aparición de partidos con las características de los republicanos chilenos, que desde la derecha del espectro cuestionan a las colectividades tradicionales, ha sido una tendencia en diversos países del mundo, si bien en algunas partes con tintes xenófobos y en otros marcadamente populistas, teniendo todos posiciones valóricas conservadoras. A diferencia de ellos, el partido de Kast, cuyas raíces se ubican en la propia coalición oficialista (además del exdiputado, varios de sus principales dirigentes fueron parte de las filas de Chile Vamos), no se posiciona como una fuerza antisistémica y su discurso es mucho menos radical que las expresiones de derecha no tradicional que se han visto en Francia, Alemania o incluso en Estados Unidos con Trump. Quizá su mayor similitud sea con el nuevo partido Vox, de España, cuyos resultados electorales han dibujado un nuevo tablero político en ese país.
La irrupción del Partido Republicano le plantea tanto al Gobierno como a la coalición oficialista un gran desafío. Si su tendencia de criticar la gestión del actual mandatario se consolida, significará nuevas complejidades para el Presidente Piñera, quien podría enfrentar ahora dos flancos: la oposición y la derecha. Ello, en momentos en que, para sacar adelante sus reformas, se encuentra obligado a negociar y hacer concesiones a la centroizquierda, las que muy previsiblemente serán rechazadas por Kast. Por lo mismo, el Gobierno deberá fortalecer su capacidad política y comunicacional para construir acuerdos sin desencantar y apelando al realismo de quienes le dieron su apoyo. A su vez, la eventual inclusión o no de los republicanos en Chile Vamos será una discusión que previsiblemente tensionará al conglomerado. Es probable que las fuerzas más liberales y de centro se sientan incómodas ante la perspectiva de pactar con ellos, pero una competencia electoral por fuera puede significar una importante merma de cargos para el sector.
De esta forma, son muchas las interrogantes y los desafíos que significa la llegada del Partido Republicano. En cualquier caso, siempre será un signo de la vitalidad de la política el hecho de que exista el interés de un grupo importante de personas por institucionalizar un proyecto. Dependerá finalmente de la responsabilidad de los dirigentes del nuevo conglomerado y de las colectividades tradicionales del sector, el que esta mayor diversidad de fuerzas no afecte la proyección de los valores y principios que todos ellos señalan proclamar y defender.