Jueves, 21 de Noviembre de 2019

La difícil juventud

ChileEl Mercurio, Chile 20 de noviembre de 2019

Todo este episodio es una señal no de una crisis de nuestra juventud, sino de la familia, esa tan beatamente admirada institución social.

Un grupo de alcaldes pretende que la guardia municipal controle de alguna manera la hora en que los menores de edad regresen a su casa, se guarden, se dentren, como se dice por aquí. Es una iniciativa muy rara. No los van a poder detener ni sancionar, pero podrían llegar a tener facultades para hacerles presente la inconveniencia de que se mantengan en la calle a ciertas horas muy avanzadas de la noche. Raro.
Los problemas prácticos se me agolpan en la cabeza: ¿Cómo va a saber el fiscalizador que se trata de un menor de edad sin pedirle la exhibición previa de algún tipo de certificado o cédula? ¿Podrán los padres autorizar la libre circulación de un menor sin riesgo a que sea interrogado y advertido por policías? ¿Qué pasa si el joven noctámbulo persiste y se niega a seguir el consejo? ¿Es una infracción? La fijación y supervisión de la hora de reclusión nocturna doméstica es de las más típicas atribuciones paternas respecto de sus hijos. Me vienen a la mente miles de episodios -de películas, de novelas y de la vida real- en que padres e hijos discuten acerca de una instrucción que se da sobre este punto y el o la joven la cuestiona o derechamente la transgrede.
Parece ser que ciertas autoridades consideran que los grupos de menores que se alcoholizan o drogan en la vía pública se han convertido en un problema social que las legitima a intervenir y, por otro lado, perciben que la familia está desbordada y de buenas ganas recibiría una ayuda externa para enrielar a sus hijos.
Todo este episodio, que no creo que prospere en algo concreto, es una señal no de una crisis de nuestra juventud, sino de la familia, esa tan beatamente admirada institución social. El período de tránsito desde la niñez a la adultez históricamente es una fase muy dura -la difícil juventud, como señala el hermoso y muy vigente libro de relatos de Claudio Giaconi- y es en ese paso en el cual la familia está llamada a jugar un papel central. Esas crisis se resumen en la pérdida de la autoridad familiar, una palabra que suele entenderse mal y confundirse con la potestad de imponer decisiones dentro de un esquema jerárquico. La autoridad, en cambio, es la capacidad de conducir la conducta de otro a partir de la propia sabiduría, carisma, empatía, cariño y razonabilidad. Padres ausentes, cada vez más segregados de sus hijos, de sus intereses y de sus problemas, ensimismados, malos modelos de conducta, son los responsables de una juventud que empieza a ser vista no como en riesgo ante una sociedad amenazante, sino como un peligro ella misma. Parece que los adultos no supiéramos qué hacer con ella.