Viernes, 22 de Noviembre de 2019

Borré el tuit

ColombiaEl Tiempo, Colombia 22 de noviembre de 2019

Puse un tuit que decía que me habían llamado de Fucsia a anunciarme que no iba a continuar con mi columna porque en ella escribía verdades incómodas

Puse un tuit que decía que me habían llamado de Fucsia a anunciarme que no iba a continuar con mi columna porque en ella escribía verdades incómodas. Lo hice en alusión al caso de Daniel Coronell porque en medio de la seriedad del asunto, me pareció chistoso, pero en especial inverosímil, que yo corriera con el mismo destino por escribir sobre relaciones y sentimientos en una revista hecha y pensada en las mujeres. El asunto escaló rápidamente a miles de retuits y de ‘favs’, así como a mensajes que condenaban la actitud del Grupo Semana , dueño de Fucsia. Decidí entonces borrar el tuit y aclarar que mi salida de la revista obedecía a otras razones, y que para la gente que trabaja allá solo había palabras de agradecimiento. Es que ¿qué puede decir uno polémico en Fucsia? ¿Descalificar la pinta de Tutina? ¿Denunciar el cartel del jean sin bolsillo? ¿Qué les pasa? ¿En qué momento se volvieron unos entes que no entienden nada? Lo bueno de Twitter es que nos dio una voz a quienes no teníamos cómo expresarnos; lo malo, que nos creímos el cuento y se nos salió de las manos. Hoy basta con tener un puñado de seguidores para pontificar sobre cualquier tema y descalificar a quien piense diferente. La infalibilidad del Papa es poca cosa al lado de nuestro criterio. Somos jueces, y todos se equivocan, menos nosotros. Nos oponemos al bulliyng en colegios, pero si alguien llega a decir en redes algo disonante, es azotado sin piedad. No sabemos usar una cuenta de Twitter y aun así criticamos a nuestros gobernantes porque no saben manejar el poder. Los tuiteros de hoy tienen la capacidad mental de un neandertal o, para explicarme mejor, la de un uribista. No hay sarcasmo, no hay humor, no hay doble sentido; todo es literal, importante, delicado y urgente. No hay matices tampoco. Si Sofía Gómez sube una foto en vestido de baño, es una diosa griega, Afrodita le queda en pañales, quiero hacerle doscientos hijos, por ella me vuelvo lesbiana, mi autoestima ha quedado dañada para siempre, nunca más voy a salir a la calle y de paso me voy a apuñalar en los ojos porque no soporto verme al espejo. Y si Semana saca a Coronell, es la peor revista del mundo, son unos malditos censuradores, voy a darle unfollow y a llamar al call center para cancelar mi suscripción y decirles que ojalá se quiebren. De verdad, ni una cosa ni la otra. A todos nos gusta Sofía Gómez porque representa todo lo bueno que hay en el mundo, y nadie estuvo de acuerdo con que botaran a Coronell, pero calmados y sin sobreactuarse. Es como si quisieran figurar a toda costa, como pasaba con los concursantes de Protagonistas de novela. Por ejemplo, hicieron famoso el meme que dice "Stop making stupid people famous", pero se victimizan y les dan visibilidad a cualquier bobo o cuenta fake que les respondan un tuit de mala manera. Y todo por un puñado de likes, porque han descubierto que armar pelea da rating. Luego va uno al tuit en cuestión, y no está pasando nada; de veinte respuestas, si acaso dos son agresivas. Está uno almorzando, entra a ver qué ha pasado y se encuentra con que alguien ha puesto un tuit en mayúsculas tipo "NO, IMBÉCIL, NO HE PEDIDO TU OPINIÓN Y NO TIENES DERECHO A DECIRME QUÉ ROPA PONERME!!!!!". Ya está quedando en evidencia que esas peleas ni siquiera existen, más bien son estrategias para subir el ego y el número de seguidores. Hoy vivo autocensurándome en las columnas y borrando tuits, lo que me da rabia y tristeza. Antes andaba libre, repartiendo madrazos y mandando a comer mierda sin pena, ahora sé que cualquier cosa que diga puede ser mal tomada y usada en mi contra. En estos tiempos que corren hay que pisar despacio para no incomodar no solo al editor, sino al delicado genio de los rockstars de los 280 caracteres. Qué peligro.
¿Qué les pasa?
Adolfo Zableh Durán