Domingo, 13 de Octubre de 2019

Los hermanos sean unidos

ArgentinaLa Nación, Argentina 13 de octubre de 2019

Ha llamado la atención la grandeza de corazón de una pareja de Caleta Olivia, Santa Cruz, David y Silvia, con 25 años de casados y cuatro hijos, que han solicitado la de a los que la Justicia separó de sus padres por diversos hechos de violencia

Ha llamado la atención la grandeza de corazón de una pareja de Caleta Olivia, Santa Cruz, David y Silvia, con 25 años de casados y cuatro hijos, que han solicitado la de a los que la Justicia separó de sus padres por diversos hechos de violencia. Los niños iban a ser enviados a un hogar con destino a adopciones individuales, ante lo cual los generosos adoptantes decidieron que no era bueno que los hermanos fueran separados. Y así, haciendo gala de un corazón enorme, pasaron a tener nueve hijos. David es bombero y fuera del horario de trabajo hace changas, ayudado por sus hijos mayores.
En nuestro país, los niños de más de seis años y los grupos de hermanos son los más postergados a la hora de pensar en adoptarlos y, por ende, son los que más esperan una nueva familia.
El encomiable caso que nos ocupa recuerda que hace cinco años, ante un llamado a adopción de cinco hermanos -tres mujeres y dos varones, de entre 6 y 14 años, que pidieron al juzgado que tramitaba su guarda vivir juntos con una misma familia-, se produjo una sorprendente respuesta: el día después de hacerse la convocatoria ya se habían registrado unas 130 personas, y el día en que cerró ese requerimiento, había 379 familias anotadas que respondieron al deseo de los cinco hermanos de ser adoptados juntos, ofreciéndose a recibirlos.
También hace cinco años, un fallo de la Justicia correntina decidió que dos hermanos, víctimas de un caso de desamparo, solo podían ser adoptados sin ser separados, para priorizar así el concepto de familia.
Como se recordará, el derecho a tener una familia y a ser oídos en su pedido está consagrado por la ley de protección integral de niños, niñas y adolescentes, en sintonía con los tratados internacionales de derechos humanos y la legislación sobre la niñez.
El caso de Silvia y David y los similares traídos a colación ponen de manifiesto que claramente existen respuestas generosas favorables a grupos de hermanitos, lo cual estaría demostrando que podría tratarse de fallas de comunicación cuando casos de hermanos esperan infructuosamente que se presenten posibles adoptantes.
Estos ejemplos demuestran que existen numerosos grupos de hermanos deseosos de permanecer unidos, que aguardan ser adoptados por una sola familia. Sería bueno que se dieran a conocer estas situaciones, difundiendo sus características por vías que superen la burocracia instalada en el sistema, que impide que se rompa con lo que podría ser un falso paradigma.
No descartemos que cada vez más personas estén dispuestas a adoptar a grupos de hermanos, respetando su derecho a vivir en familia, en un ambiente sano y afectuoso que, por desgracia, las más de las veces no han podido encontrar en sus familias de origen.