Martes, 20 de Agosto de 2019

Mochilazo en el tiempo

MéxicoEl Universal, México 20 de agosto de 2019

(Material transmitido por el Servicio Sindicado el pasado 16 de julio) Los dichos de los viejos Juan Carlos Cuevas Galeana EL UNIVERSAL "Las precauciones y el caldito de pollo a nadie le hacen daño", antes de partir don Zeferino Castrejón le dijo estas palabras a su nieta Natalia

(Material transmitido por el Servicio Sindicado el pasado 16 de julio)



Los dichos de los viejos



Juan Carlos Cuevas Galeana

EL UNIVERSAL



"Las precauciones y el caldito de pollo a nadie le hacen daño", antes de partir don Zeferino Castrejón le dijo estas palabras a su nieta Natalia. Ella recuerda a su abuelito siempre que sale de su casa y guarda un paraguas o un suéter; también cuando tiene alguna duda siempre se asegura por preguntar hasta tener las ideas claras.

"Desde entonces me acompaña", nos comenta, y acto seguido lanzamos la pregunta al aire: ¿cuántas personas recuerdan a sus seres queridos a través de la sabiduría que alguna vez les compartieron?

En 1555 apareció por primera vez la palabra huehuetlatolli en el Vocabulario, especie de diccionario del náhuatl al español, recopilado por Alonso de Molina, quien la definió como "los dichos de los viejos" o "la palabra antigua".

Para el "Gran el Diccionario Náhuatl" de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, huehue que significa viejo, y tlatolli palabra.

Los huehuetlatollis están inmersos en un texto más grande llamado "Códice Florentino", el cual fue recopilado por Fray Bernardino en el siglo XVI, o sea, por sentido común, la colonia ya había sembrado la cristiandad y para investigadores de los huehues el texto original ya está muy contaminado por esa cultura.

Estos proverbios siguen presentes en la visión de los mexicanos y han permanecido a través de algunos siglos. La traductora y maestra María José Quintana, los ubica en los primeros siglos de la época cristiana pero de este lado del mundo.

Miguel León Portilla, uno de los más grandes investigadores del México prehispánico, en la presentación del libro "Historia de México", en el 2010 mencionó que "los consejos de los acianos" representan "una forma muy peculiar de ver la vida y que muchos de nosotros tenemos algo de indígenas a través de ellos".

El doctor en filosofía agregó que una de estas maneras es la "forma en que tratamos a la gente". Y efectivamente una de las máximas propuestas en los frágiles amates que reposan en bibliotecas extranjeras, como la de Francia, es esa:

"Mira a todos con alegría, no desprecies a nadie; cuando sea necesario expresa tu disgusto", "vive en paz entre la gente; respeta y reverencia a todos, no los ofendas con nada, no te pongas en nada contra ellos".

Para el autor de "La visión de los vencidos" esto se compara con la manera actual de dirigirnos a la gente con frases tan hechas como "descanse, repose, ¿cómo está usted?, ¿cómo está su madre?".

El primer discurso de los huehuetlatollis está dedicado a los muchachitos que se acercaban a la edad de labrar la tierra.

Claro que en esta enorme capital si encontramos un pedazo de tierra sin "civilizar" seguramente la utilizaríamos para construir un enorme edificio departamental o un conjunto habitacional, por lo tanto nos limitamos a decir que uno de los dichos antiguos más importantes era el trabajar, así con toda la extensión de la palabra. Puesto que las escrituras antiguas a las que nos referimos mencionaban:

"Plantad en los campos el magueicito, el nopalito, el arbolito; ellos darán descanso a los pequeñuelos, solían decir los antiguos. Pues tú, mocetón (joven robusto o fuerte), ¿no tienes ganas de fruta? ¿Y cómo va a haberla si no siembras tu milpa?".

-Seguramente una civilización postapocalíptica en un manifiesto casi destruido escrito en los tiempos del neoliberalismo encontraría el siguiente manifiesto: ¿Cómo vas a tener sustento si no te encierras a pulsar las teclas de tu ordenador durante ocho horas al día con dos días de descanso a la semana?...-

Otra cosa que detestaban los aztecas (por ponerles un nombre) era la pereza, sabemos por otros códices que el flojo era punzado con puntas de maguey por lo que el huehuetlatolli decía: "se vigilante, despierto, no duermas demasiado".

En fin, en otro discurso elaborado por las grandes señoras para las muchachitas nos encontramos con algo curioso que seguramente han escuchado muchas por aquí: "tú mantente alerta, mira bien a tu enemigo, que nadie se mofe de ti, no te entregues al malviviente, al vagabundo, al jovenzuelo pervertido que se divierte".

Aunque sepamos que ellas no son las culpables de lo que una suerte de degenerados les hacen cuando transitan por las calles, nunca están por demás las advertencias de las que desgraciadamente tuvieron que pasar por esto, encararse con el enemigo disfrazado de amante o el amigo "con buenas intenciones" que para lo único bueno que nacieron fue para andar engañando y molestando.

Gracias al cielo y para no tachar de sexistas a nuestros sabios maceguales a los hombres se les incitaba a no andar de promiscuos también: "hazte joven a tu tiempo, no te acabes prematuramente; y aunque vivas con tu mujer, tu propia carne, ve con ella como la comida, no comas de prisa, es decir, no vivas con lujuria, no te sirvas con exceso".

Mujeres y hombres por igual eran apedreados o colgados, o inmolados (solo los machitos) según la tradición que violaba el noveno mandamiento que quedó grabado en la piedra que le firmo Dios (el de la religión europea) a Noé en el monte Sinaí.

Entre otros que nos llamaron de sobremanera la atención son los relativos al equilibrio, y es que aquellos nahuas eran muy mesurados, con un carácter como el de los buenos caballeros medievales: "sé humilde, acepta tu condición, pero tampoco vistas harapos", "ten calma en tus palabras, no alces la voz ni la bajes demasiado".

Nuestros antepasados también tenían su propia idea de lo que era una comida balanceada: "no comas mucho; cena y desayuno son necesarios, y si te esfuerzas, si sudas, si trabajas, debes almorzar" nada más.

Cabe recalcar que aquellos dichos antiguos apelaban demasiado a la conducta, entre ellas la máxima con la que comenzamos este escrito: "vive en paz dentro de la gente, respeta y reverencia a todos, no los ofendas con nada, no te pongas en nada contra ellos, no dejes de ser calmado, que digan de ti lo que digan".

"Escucha: ningún soberbio, ningún vanidoso, ningún desvergonzado o disoluto ha gobernado; ningún inútil, ningún apresurado, ningún impetuoso, ningún desbocado, ningún inepto ha gobernado ha estado en la estera, en la silla".

Parece que la importancia de tener un carácter noble era imprescindible ya que le dedicaron bastantes palabras: "vive con modestia sin importar lo que llegues a ser, tu cortesía, tu humildad, tu llanto, tu pena, tu sollozo, tu renunciación, y el conocimiento de tu miseria".

Los últimos consejos que retomaremos son los que recibían los niños a la edad del calmecac y tepochcalli, lugares similares a la escuela que tal vez algún sabio lector sepa diferenciar, pero que no es necesario en este momento ahondar más.

Y este texto no es el único que hace referencia al comportamiento dentro de la escuela, también el Códice Mendoza lleva una larga explicación de castigos que merecían los chavitos en estas instituciones.

El primero tiene qué ver con la conducta: "cuando seas llamado, que no se te llame dos veces, que no te griten dos veces; a la primera levántate y responde", como los grandes seres humanos que debemos ser cuando somos pequeños y nos están educando, o tal vez siempre, en la oficina, en la casa o cada que se nos requiera.

Para los ancestros era muy importante el rol de lo que hoy conocemos como maestro, claro que antes no existían los sistemas que inventaron los que estudian la didáctica: "mas aunque hayas nacido de tu madre y de tu padre, es más madre tuya aún el que instruye, el que educa, el que abre los ojos y los oídos".

Por último retoma una vez más este apartado lo relativo a la conducta: "tú no te fijes para nada en la gente, y sobre todo, ya lo sabes, sé muy obediente, muy respetuosa, esfuérzate en lo más que puedas".

Como lo menciona María José García Quintana, en su trabajo sobre los huehuetlatollis, podemos resumir que si bien estos ya habían sido modificados para otra cultura, también eran muy valiosos para los más antiguos, por eso prevalecieron por tanto tiempo.

Para concluir agregaremos otra discrepancia entre los eruditos de la lengua y la cultura Náhuatl: Si estos eran dichos de ancianos o de padres, pues existen dos teorías, una de ellas es que se traduce como dichos de los viejos porque se transmiten de generación en generación y la otra es que de verdad lo decía la generación que corresponde a la de los abuelos.

Por eso no debemos de fiarnos por quienes los decían, lo que sí se tiene por seguro es dónde se decían como menciona García Quintana "el huehuetlatolli era la palabra de la casa, era el consejo y exhortación para sus hijos".

No cabe duda que el valor de los consejos familiares son factores que definen el comportamiento de las personas adultas, por eso terminamos este texto como termina el huehuetlatolli: "he aquí la breve palabra, el deber de nosotros los viejos, las viejas, llévala por donde vayas, no la arrojes por ahí, desdichado de ti si te ríes de ella.