Martes, 20 de Agosto de 2019

El paisaje después de la batalla

Puerto RicoEl Nuevo Dia, Puerto Rico 20 de agosto de 2019

El verano del 2019 terminó con una persona no electa por nadie ocupando la gobernación, con el partido de gobierno, que solo sabe mirarse al espejo, juntando hombros para tratar de sacarla, con la oposición mayormente atolondrada por el estruendo de la historia y con el país, todavía alebrestado por su recién descubierto poder, mirando hacia el lado y preguntándose ¿qué es lo próximo?
Meciéndose en el aire, como hojas impulsadas por el viento, quedan las lecciones de estos días irrepetibles, para quien las quiera agarrar y entender

El verano del 2019 terminó con una persona no electa por nadie ocupando la gobernación, con el partido de gobierno, que solo sabe mirarse al espejo, juntando hombros para tratar de sacarla, con la oposición mayormente atolondrada por el estruendo de la historia y con el país, todavía alebrestado por su recién descubierto poder, mirando hacia el lado y preguntándose ¿qué es lo próximo?
Meciéndose en el aire, como hojas impulsadas por el viento, quedan las lecciones de estos días irrepetibles, para quien las quiera agarrar y entender. Queda el reflejo de todas las carencias sociales, políticas, constitucionales, institucionales, de muchos otros tipos, que quedaron retratadas en los días en que el pueblo de Puerto Rico, harto del abuso y de la burla, se tiró a la calle para sacar de la gobernación a un sujeto que nunca mereció serlo.
Sacado pues, el hombre, cosa que se logró en apenas 15 días, queda descifrar cuáles son las próximas metas y el camino hacia ellas. Nos toca, como al rey babilonio Belsasar con la escritura en la pared del cuento bíblico, descifrar qué nos quieren decir las últimas semanas.
En el paisaje después de la batalla, que no es muy agradable a la vista, hay algunas claves que nos pueden ayudar a entender el status en que estamos y qué falta para avanzar.
Gobierna hoy Wanda Vázquez, exsecretaria de Justicia. Nadie la eligió. Está ahí porque la designó Ricardo Rosselló, a quien botamos de la gobernación y la confirmó el Senado, cuyos miembros nunca imaginaron que estaban votando por quien, en menos de tres años, iba a sentarse en el "Salón de los Espejos" de Fortaleza a dar su primer mensaje al país como gobernadora.
Nadie esperaba que se quedara, pero ella ha manifestado su voluntad de terminar el cuatrienio en Fortaleza. Está ahí porque así lo dispone la ley. No habiendo secretario de Estado, en caso de ausencia total y permanente del gobernador, asume quien ocupe la secretaría de Justicia.
Eso es un problema. Imaginen que la ausencia "total y permanente" hubiese ocurrido uno o dos días después de empezar el cuatrienio. Habríamos sido gobernados todo el cuatrienio por alguien no electo. Hay quien ha propuesto como antídoto a esto que haya vicegobernador electo. Otros creemos que, de haber elegido a un vicegobernador en el 2016, seguro este estaba en el chat que le costó el puesto a Rosselló.
En otros sitios, en caso de ausencia "total y permanente" del jefe de Estado, hay elecciones especiales. Es lo justo. En ninguna democracia, se debería gobernar sin el aval de la población.
Ahí está la primera oración de nuestra escritura en la pared: necesitamos enmendar la Constitución para que cuando falte el gobernador haya una elección especial para elegir su sucesor.
Los legisladores del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) presentaron -la semana pasada- una propuesta de reforma constitucional que incluye, entre sus disposiciones, la celebración de una elección especial no más de 60 días después de que se produzca una vacante en la gobernación, si no faltan menos de seis meses para que concluya el término de dicho gobernante.
Ahí está, una propuesta de mucho sentido que nos habría librado de las angustias que pasamos en los días después de la renuncia de Rosselló, no sabiendo quién iba a gobernar o quedando bajo el mando de una persona, Pedro Pierluisi, cuyas lealtades hacia Puerto Rico no estaban del todo claras o de otra, Vázquez, cuyo desempeño en Justicia está lleno de sombras. En la selección de ninguno de los dos, el pueblo tuvo nada que decir.
Hay propuestas también para que, en caso de que sea evidente que el gobernador carece de la capacidad para dirigir al país, como fue el caso con Rosselló, se convoque a un referéndum revocatorio que permita sacarlo antes de que concluya su término. Esa es una medida que la hay en muchos países e incluso en 18 estados de Estados Unidos. Esa propuesta, que la han presentado el PIP, el senador popular Cirilo Tirado y el representante del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), Manuel Natal, nos habría puesto a votar, en este verano del 2019, o quizás antes, si entendíamos que no era posible esperar a noviembre de 2020 para salir de Rosselló.
Muchos de los problemas de Rosselló tuvieron que ver con el escaso apoyo con el que llegó a la gobernación. Recordemos: solo sacó el 42% de los votos. El 58% prefería otras opciones, pero como esas lealtades estaban repartidas entre otras cuatro opciones, pues ganó el que sacó 42%. Entre las propuestas del PIP, que la hizo David Bernier durante la última campaña electoral, está una segunda vuelta electoral entre los dos que más votos saquen, para asegurarnos de que no gobierna nadie que no cuente con el apoyo de la mayoría de los votantes.
Esa propuesta, que también es norma en muchísimos países, además obligaría a los candidatos que saquen menos del 50% en una primera elección, a negociar con opositores para conseguir su apoyo en una segunda vuelta. En teoría, nos daría gobiernos más heterogéneos, algo de lo que siempre hemos carecido y que, se nos ocurre a algunos, nos daría una vida colectiva menos complicada que ahora.
Como estas, hay algunas otras propuestas corriendo por ahí, incluyendo una del senador independiente José Vargas Vidot para convocar a una convención constituyente que diseñe toda una nueva constitución. En el fondo, todas tratan de lo mismo: queremos más participación en cómo se conduce nuestra vida colectiva.
La sociedad puertorriqueña descubrió en el verano del 2019, o quizás antes sin haberlo podido articular, que ya no nos sirve solo una elección cada cuatro años, en la que partidos que ganan por uno o dos por ciento actúan después como si todo el país fuera su finca privada. Miren cómo es esto: el PNP sacó el 42% de los votos en las pasadas elecciones, pero domina el 100% del ejecutivo y casi dos terceras partes de la Legislatura. A eso le llaman democracia, pero sin duda que no lo parece.
En este verano aprendimos, pues, que la democracia es mucho más que votar un día cada cuatro años y demostramos que ya no estamos dispuestos a quedarnos en las gradas viendo cómo otros hacen y deshacen con nuestro país y con nuestros recursos, mientras nosotros, dóciles, esperamos al segundo martes de noviembre del año bisiesto para votar y darnos satisfechos solo con eso.
La ruta no es fácil. El Partido Nuevo Progresista (PNP) lo único que ha hecho con la crisis es tratar de aprovecharla para ver si puede rasgarle un triunfo más a la historia en el 2020. El Partido Popular Democrático ve Roma arder desde las gradas pretendiendo que olvidemos que, habiendo ostentado el poder por más o menos el mismo tiempo que el PNP, no impulsó nunca las reformas que en este verano vimos lo indispensables que son para una convivencia verdaderamente democrática.
Los dos van a ser un impedimento para lograr esto.
Puerto Rico ha sido por décadas rehén de una clase política que hace tiempo está para servirse solo a sí misma y de un modelo de dominación colonial que nunca ha respondido a nuestras aspiraciones colectivas. Nunca, como en este verano de 2019, lo habíamos visto tan claro. Pero nunca, tampoco, había quedado tan claro, el poder que tenemos para cambiar una realidad que no nos sirve. Ya estamos por saber si vamos a usar ese poder o lo vamos a volver a guardar.