Jueves, 05 de Diciembre de 2019

Ignacio Munyo: "Sería un grave error concentrar las energías en reducir el déficit sin poner el foco en agenda pro-crecimiento"

UruguayEl Pais, Uruguay 5 de diciembre de 2019


En una década el déficit fiscal pasó de 2,2% del Producto Interno Bruto (PIB) a 4,8% del PIB


En una década el déficit fiscal pasó de 2,2% del Producto Interno Bruto (PIB) a 4,8% del PIB. Para el director del Centro de Economía Grant Thornton del IEEM (Universidad de Montevideo) y consultor de Grant Thornton, Ignacio Munyo eso se debe que en el período "el gasto público total creció más del 50% en términos reales (por encima de la inflación) bastante más" que lo que lo hizo la economía, "lo que se traduce en una mochila de gasto público cada vez mas pesada". Señaló que la "suba de la carga impositiva" y "las elevadas tarifas" no lograron "frenar el deterioro fiscal". ¿Qué deberá hacer el próximo gobierno? ¿Cuál es el contexto para ello? A continuación, un resumen de la entrevista de Munyo con El País:
-¿Cree que el próximo gobierno tendrá que realizar un ajuste? > > -La trayectoria de la deuda pública se vuelve insostenible -en pocos años se acerca al 100% del PIB- si no se recupera el crecimiento económico y si no se frena aún más el crecimiento del gasto público. Desde el primer día se debe hacer un esfuerzo mayor al realizado por el actual gobierno para frenar el crecimiento del gasto. Para ello va a ser necesario un trabajo de microcirugía -solo posible de determinar en detalle una vez que se tenga el control del gobierno- en el que se evalúe qué se hace y cómo en cada rubro del presupuesto nacional, oficina por oficina. Aquella frase de que "no se puede reducir los gastos sin empeorar la calidad del servicio" es una muletilla usada por los que están hace tiempo en la dirección de las empresas que no se debe tomar como cierta.
-¿Qué escenario debería asumir el próximo gobierno para armar sus proyecciones?> > -Las obras previas y UPM 2 contribuyen mucho al PIB, pero no aseguran un crecimiento de toda la economía, puede que no alcance solo con eso. Si no se introduce una batería de medidas pro-crecimiento (apertura económica, introducción de competencia y desregulación en mercados), existe el riesgo de que la recesión de todo el resto del Uruguay productivo no sea compensada por los efectos positivos asociados a la nueva planta de celulosa. Aplica a la perfección aquello que decía la novelista británica Mary Renault: "Hay solo un tipo de impacto peor que aquel totalmente inesperado: el esperado para el cual uno mismo se ha negado a prepararse".
-Teniendo en cuenta la alta volatilidad e incertidumbre que plantea la guerra comercial entre EE.UU. y China, ¿se puede hablar de ahorro en el gasto, al mismo tiempo bajar tarifas y reducir el déficit? > > -La incertidumbre, asociada a la guerra comercial entre EE.UU. y China -que no se puede negar que está latente- hasta el momento ha tenido consecuencias ciertas y positivas para las economías dependientes del financiamiento externo, como es el caso de Uruguay. La importancia de este cambio es de una magnitud gigantesca: es como estar atrapado abajo del agua con un tubo de oxigeno que se está vaciando y que de golpe alguien de la superficie te tire un tuvo cargado. Pero, hay que hacer deberes de forma urgente. Sino, lo único que vamos a seguir teniendo es la posibilidad de emitir títulos públicos a bajas tasas para financiar por un rato extra el déficit fiscal. Este ingreso de dólares seguirá generando presiones al atraso cambiario, perpetuando la parálisis del sector productivo y prendiendo la mecha de una bomba de una potencial crisis cambiaria y de deuda que conocemos muy bien. Si Uruguay no tiene un shock urgente y contundente de reformas pro-crecimiento para mejorar la productividad y facilitar hacer negocios en el país, va a ser muy difícil que pueda atraer nueva inversión productiva.
-¿Y si esa reforma no ocurre? > > -No hay otra. Sino, el ajuste se hará como en el pasado (1982, 2002): fuerte caída del salario real y empobrecimiento de la población. Y ahí sí, con esa brutal reducción de costos salariales naturalmente vuelven las oportunidades de inversión. Ahí es mucho más fácil atraer inversión sin hacer reformas que mejoren la productividad. Es lo que siempre hicimos. Me niego rotundamente a reconocer que Uruguay no es capaz de mantener y mejorar las ganancias logradas en calidad de vida por no hacer los deberes.
-¿Qué debe hacerse primero entonces: medidas pro-crecimiento o concentrarse en achicar el déficit? > > -Sería un grave error concentrar las energías en reducir el déficit sin poner el foco en impulsar de forma creíble una amplia agenda de medidas pro-crecimiento. Sería repetir la receta de la actual administración que no funcionó. Por eso, la prioridad número uno para la nueva administración es impulsar esa agenda de reformas que permita recuperar la vigorosidad económica perdida desde 2014, más allá de lo que aporten las inversiones asociadas a la nueva planta de celulosa. A su vez, las dificultades autogeneradas por el Uruguay para poder invertir son lujos que el país ya no se puede dar. Uruguay está sobre regulado y necesita un cambio de chip en la forma en que se apoya al sector productivo. No es correcto comparar la situación actual de Uruguay con el caso de la administración (de Mauricio) Macri en Argentina: el contexto político interno y financiero internacional es muy diferente. En Argentina no se fue por el camino de la agenda pro-crecimiento, eso hay que tenerlo claro. Discrepo desde un punto de vista conceptual de que el déficit fiscal se deba atacar con suba de impuestos, cualquier tipo de ellos. No solo sería tremendamente contraproducente como señal, sino que inconveniente en el contexto recesivo. Creo profundamente que hay mucho por hacer antes de morir con los ojos abiertos.
El gobierno resolvió que no habrá aumentos de tarifas públicas en lo que queda del año y probablemente tampoco habrá incrementos al comenzar 2020. Sobre qué efectos podría tener esto en la situación fiscal, Munyo respondió que si bien "hoy las empresas del estado son un rubro de gasto, no de ingresos, son deficitarias en su conjunto" y "se podría pensar que no subir tarifas podría empeorar la situación fiscal", es "una medida acertada ante la situación fiscal del país". > > ¿Por qué? Según el director del Centro de Economía Grant Thornton del IEEM, "dado que la producción en Uruguay se encuentra estancada desde fines de 2014, y que los elevados costos internos han comprimido al extremo la rentabilidad empresarial (ya van casi cinco años de caída de la inversión productiva), una suba de tarifas podría ser hasta contraproducente desde el punto de vista fiscal por su impacto negativo en la actividad económica y la concomitante recaudación impositiva". > > Munyo remarcó que "en un contexto de estancamiento económico, con tarifas de insumos esenciales en el proceso productivo (energía eléctrica y combustibles) sostenidamente en el tiempo por encima de los niveles de la región, subir tarifas es contraproducente: el remedio sería peor que la enfermedad". Agregó que "la necesaria mejora en los resultados de las empresas del Estado de ahora en más deberá venir por profundizar los esfuerzos de mejora de gestión, que siempre hay espacio para hacerlo".