Viernes, 13 de Diciembre de 2019

Mayor conciencia procrecimiento

ChileEl Mercurio, Chile 13 de diciembre de 2019

Fijar la fecha de inicio de la depreciación instantánea puede promover la concreción de inversiones.

El Gobierno ha anunciado una indicación a la reforma tributaria que fijaría como fecha de partida del beneficio de depreciación instantánea el 1 de octubre próximo, independientemente de cuándo se apruebe la iniciativa. El texto original permitía, por dos años, depreciar en el país inmediatamente el 50 por ciento de la inversión realizada; en el caso de la Región de La Araucanía, la depreciación se elevaba al 100 por ciento. Sectores de oposición han mostrado su acuerdo con esta medida, pero han pedido aprobarla de manera inmediata y separada del resto de la reforma. El Gobierno, sin embargo, ve su proyecto tributario como una transformación comprensiva, donde cada parte expresa una visión de conjunto. Por ello, es poco factible que acepte tal petición.
Dentro de la lógica política, era anticipable esa primera reacción por parte de una oposición que ha cuestionado diversos aspectos de la reforma del Ejecutivo y buscado tensionar el debate. No es probable, sin embargo, que la ciudadanía tenga mucha tolerancia a la prolongación de este tipo de discusiones; antes bien, ella espera que el debate tributario se zanje razonablemente y sin extenderse en demasía. Más aún ahora, cuando el crecimiento se ha debilitado como resultado de una economía mundial desacelerada por factores como la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pero también por elementos internos, como la lenta recuperación de la inversión y la falta de reformas suficientes para aumentar la eficiencia de la economía chilena. Precisamente, fijar la fecha de inicio de la depreciación instantánea puede promover la concreción de inversiones, pues existe evidencia en cuanto a que los incentivos que generaría estaban llevando a demorar decisiones de inversión en ciertos sectores productivos, a la espera de la aprobación de la reforma. Al despejarse el horizonte con la fijación de una fecha, esas inversiones podrían materializarse. Cabe recordar que este mecanismo opera aumentando contablemente los gastos y reduciendo así las utilidades tributables, lo que disminuye la carga impositiva y eleva los flujos de caja. Ello genera un incentivo para adelantar inversión o desarrollar proyectos que antes eran poco atractivos.
Con este anuncio se ratifica la señal que antes -en entrevista con "El Mercurio"- había entregado el ministro de Hacienda, en cuanto a la decisión de la autoridad de impulsar más resueltamente una agenda que promueva el crecimiento, adicional a la que ya se desarrolla a través de iniciativas valiosas, como las oficinas GPS y Open o la propia reforma tributaria, pero que no han logrado conformar una batería suficientemente agresiva. Antes, entre fines del año pasado y comienzos de este, hubo un período en que las autoridades parecieron no darle suficiente importancia a la desaceleración que se insinuaba. Es cierto que la situación internacional ha cambiado rápida e inesperadamente, pero aun así habría cabido esperar una agenda más proactiva. Hubo, en cambio, una innecesaria distracción discutiendo si las cifras iban a ser mejores que las anticipadas por los analistas. Hoy está claro que es muy difícil que el crecimiento anual alcance el 3 por ciento y no puede descartarse que se sitúe más bien cerca del 2,5 por ciento. Eso obliga, entonces, a poner un mayor foco en promover el dinamismo, buscando nuevas formas de incentivar la competencia. La portabilidad financiera anunciada hace poco va en esa dirección, pero, junto con ella, debería haber un espectro amplio de iniciativas similares. Por ejemplo, Perú dictó recientemente el decreto que concreta la liberalización del cabotaje marítimo, reforma que en Chile aún no se ha podido llevar adelante.
Hay, entonces, posibilidades -si las autoridades se lo proponen- de desarrollar una agenda más intensiva que promueva el crecimiento. Ello permitiría dejar atrás un clima de expectativas desalentadoras y una cierta percepción en cuanto a que el país no estaría disponible para sortear las barreras que limitan la posibilidad de dar un salto relevante en productividad y crecimiento.