Viernes, 06 de Diciembre de 2019

Situación económica argentina

ChileEl Mercurio, Chile 6 de diciembre de 2019

Sin el auge de las materias primas, el espacio para que el kirchnerismo replique su esquema macro del pasado es muy pequeño.

Dramática ha sido la reacción de los mercados a los resultados electorales en Argentina. Al cierre de ayer, el principal índice bursátil había caído un 32% desde el cierre del viernes, mientras que el peso argentino se transaba en mercado minorista a 58,3 por dólar (y a 55,65 en mayorista), reflejando una caída de 25%. A su vez, el riesgo país -medido como el exceso de rendimiento exigido por inversionistas a los instrumentos de deuda del gobierno argentino- se elevó sobre el 17%, cifra solo superada a nivel mundial por Venezuela.
La magnitud e intensidad de estas correcciones dan cuenta de la sorpresa del resultado de las primarias del domingo, que trasunta una alta probabilidad de que el kirchnerismo vuelva al gobierno en las elecciones de octubre. La experiencia económica durante la gestión de Néstor Kirchner y Cristina Fernández es vista con profunda distancia por los mercados financieros internacionales y por los mismos argentinos, que han corrido a proteger sus ahorros en dólares ante la posibilidad de límites a la compra de divisas y temores a la inflación. Los controles de capitales, la manipulación de las cifras estadísticas, un aumento sostenido en la pobreza y caída en el crecimiento, un alto déficit fiscal y la alta inflación son algunas muestras del desastre económico de la época kirchnerista.
El gobierno de Mauricio Macri prometió corregir buena parte de esos desequilibrios durante su cuatrienio, y aunque en los primeros años las señales fueron positivas, el esquema macroeconómico aplicado -centrado en una corrección gradual del déficit fiscal- dependía excesivamente de la benevolencia con que los mercados trataran a los deudores argentinos, partiendo por el propio gobierno. En la medida en que la economía mundial creciera y que Argentina pudiera exhibir un avance decidido en sus reformas, la hipótesis era que el ajuste gradual permitiría equiparar la recuperación de los equilibrios macroeconómicos con la estabilidad social.
Ello no ocurrió. El avance lento en el ajuste de las cuentas fiscales y una serie de torpezas en el manejo institucional -como la intervención al manejo de la política monetaria en diciembre de 2017- terminaron por debilitar, y finalmente pulverizar, la credibilidad de los mercados y de los mismos argentinos respecto de la capacidad del gobierno para enderezar la situación económica. La devaluación del peso a partir de mediados de 2018 descarriló la convergencia de la inflación, y la agresiva política monetaria del Banco Central terminó por generar una profunda recesión. La inflación sobre 50% y la caída en el producto explican la debacle electoral del gobierno, aun teniendo al frente a una coalición cuyo legado económico es nefasto.
Hacia adelante, la dupla Fernández-Fernández tendrá un desafío inmenso en caso de triunfar. Sin el auge de las materias primas que aceitó su modelo populista, y que permitió también el auge de otros gobiernos de ese signo en la región, resulta inviable la aplicación de políticas de gasto fiscal expansivas sin llevar a la hiperinflación. En ese sentido, el espacio para que el kirchnerismo replique su esquema macro de los años anteriores es muy pequeño. El candidato Alberto Fernández ha insinuado que la llave para la recuperación está en permitir una baja sustancial de tasas de interés y una depreciación del peso que vuelva competitivas a las exportaciones argentinas. No deja de tener razón. Con tasas cercanas al 75%, la posibilidad de recuperación económica es nula. Lo inviable, ciertamente, es una política de baja de tasas y flotación cambiaria sin un fuerte ajuste fiscal y una creíble independencia de la autoridad monetaria que ponga atajo a la espiral inflacionaria que ello podría desatar. Desafortunadamente, la responsabilidad fiscal y el respeto por la autonomía del Banco Central no forman parte del legado de los gobiernos kirchneristas. Habrá que ver si esta vez es diferente.