Domingo, 13 de Octubre de 2019

Dos grandes obras de Igor Stravinski en un mismo concierto

ArgentinaLa Nación, Argentina 13 de octubre de 2019

La consagración de la primavera y Canto fúnebre, por la orquesta estable del Argentino de La Plata

Para nosotros, personas del siglo XXI, asistir a un estreno de Igor Stravinski -el compositor del estreno más espectacular de todos, el de La consagración de la primavera- parece una circunstancia tan improbable que se vuelve casi mitológica. Pero ni la historia del arte ni la de la música tienen una dirección única y puede haber sorpresas, descubrimientos, cosas olvidadas que salen a la luz. Exactamente eso pasó con Canto fúnebre (Pogrebal'naya Pesnya), la pieza de Stravinski que fue encontrada en 2015 y que, en la temporada del Teatro Argentino de La Plata, tendrá su estreno local mañana en el Auditorio Nacional del CCK, con la orquesta estable y dirección de Pablo Druker.
Entre todas las maestrías que dominaba Stravinski estaba también el enmascaramiento y el timing artístico. Nada muestra mejor esta pericia que la breve historia alrededor de Canto fúnebre, escrito hacia 1908 y que respira en la misma atmósfera de El pájaro de fuego, Petrushka y La consagración de la primavera, sus piezas cruciales para orquesta de la década de 1910. El día mismo del estreno de La consagración..., el 29 de mayo de 1913, en el Théâtre des Champs-Élysées, la revista Montjoie! publicó un artículo firmado por Stravinski con el título "Ce que j'ai voulu exprimer dans Le sacre du printemps". Hay dudas de que el texto haya sido escrito de puño y letra (se sospecha una manipulación del editor Ricciotto Canudo), pero la frase da una idea bastante clara de las intenciones del compositor ruso y de las diferencias con algunas piezas precedentes. "No recurrí a los cuentos de hadas ni a las alegrías y los dolores humanos..." Mucho más tarde confirmaría esa misma posición: "Poca tradición inmediata hay detrás de Le sacre du printemps y ninguna teoría. No me ayudó más que mi oído. Soy el conducto a través del cual pasó Le sacre...".
Nikolái Rimski-Kórsakov murió en 1908 y Stravinski decidió entonces rendir homenaje a su maestro. Canto fúnebre nació de ese gesto de gratitud. La pieza se estrenó en Leningrado con la dirección de Felix Blumenfeld. En Crónicas de mi vida -ese volumen de memorias de 1935 que Victoria Ocampo, nuestra stravinskiana mayor, publicó en Sur simultáneamente con la edición francesa- Stravinski cuenta el destino posterior de Canto fúnebre: "Por desgracia, la partitura se perdió durante la revolución, junto con muchas otras cosas que tuve que dejar allá. No recuerdo ya la música, pero sí la idea que estuvo en su origen: cada instrumento de la orquesta pasaba en procesión delante de la tumba del maestro y le dejaban como ofrenda su propia melodía, sobre el fondo de un trémolo que simulaba el murmullo de las voces de bajo en un coro. La obra fue muy bien recibida por el público y recuerdo que también a mí me satisfizo, pero ya no estoy seguro si esto se debía a la atmósfera de duelo o a los méritos de la pieza".
Esas dudas de Stravinski se despejaron gracias al trabajo de la musicóloga Natalia Braginskaya, que encontró la partitura durante la remodelación del Conservatorio de San Petersburgo. El hallazgo consistía en las partichelas manuscritas usadas en el estreno.
Como sea, y aun con sus deudas cercanas, Canto fúnebre es una obra por derecho propio y es stravinskiana de punta a punta. En una entrevista con LA NACION, Charles Dutoit, que dirigió el estreno en Estados Unidos con la Orquesta Sinfónica de Chicago, lo dijo sin rodeos: "Hay compases en los que se nota que todavía le falta crecer. ¡Pero hay tantas cosas dramáticas! Muchas influencias: de Scriabin, de Rimski, de Chaikovski. Pero también está ya la firma de Stravinski. Es increíble. Es un compositor al que se lo reconoce con dos notas. Igual que pasa en la pintura con Picasso".
La primera audición de cualquier obra de Stravinski sería por sí mismo un hecho rarísimo y relevante. El de Canto fúnebre lo es doblemente: prueba además que, contra lo que decía y acaso creía el propio Stravinski, La consagración, monumento de la nueva música y en general del arte moderno, no nació de la nada y tenía ya una pequeña genealogía, que este concierto en el CCK despliega entera: de Rimski a la ruptura y el descubrimiento del eslabón perdido.
Para agendar
Canto fúnebre y La consagración de la primavera,de Igor Stravinski
Obertura de la gran Pascua rusa, de Nicolai Rimsky-Korsakov.
Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata, Dirección de Pablo Druker.
Mañana, a las 20, en el Auditorio Nacional del CCK, Sarmiento 151.