Lunes, 17 de Enero de 2022

Boric vs. Boric

ChileEl Mercurio, Chile 26 de noviembre de 2021

La candidatura parece buscar desesperadamente el apoyo de una centroizquierda cuyas políticas execraba.

Si bien el programa económico del candidato Gabriel Boric parece estar en remodelación, será difícil alterar sus vigas estructurales, muchas de las cuales buscan reformular el orden económico desarrollado bajo los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia (1990-2010), exponentes de una centroizquierda a la que, tras el resultado del domingo, el postulante frenteamplista ha buscado repentinamente acercarse, después de años de cuestionamientos y duras críticas.
Una de esas vigas programáticas -y que la historia ha demostrado fracasada- es la de extender en todas direcciones el rol del Estado. La idea de un Estado emprendedor está en el ADN de la izquierda más dura y debería continuar siendo parte del programa de Gabriel Boric. Desde el Banco Nacional de Desarrollo hasta las distintas versiones de servicios "populares" -el programa incluye inmobiliarias y ferreterías-, los ejemplos son demasiados como para ahora desconocerlos. Lo mismo ocurre con algunas propuestas que, a pesar de tener serias dificultades prácticas, han sido de la esencia del discurso del bloque que une al Frente Amplio con el Partido Comunista. La condonación universal de las deudas estudiantiles, dando fin al CAE, es una de ellas. La negativa a firmar el TPP11, pero sí apostar por el Mercosur, es otra. Aunque las críticas a estas iniciativas han sido transversales, no parece fácil que Boric pueda abandonarlas sin pagar un costo en su propio sector.
Desde el punto de vista tributario, la idea de aumentar un amplio número de impuestos para generar recursos por casi 8 puntos del producto es otra de las columnas vertebrales del programa. La justificación es trivial: una eventual ampliación del rol del Estado debe ser financiada y por lo tanto una reforma tributaria de esas características aparece como un dato de la causa. Las consecuencias de tal idea -también criticada transversalmente- serían negativas para la economía, además de existir justificadas dudas de poder realmente alcanzar la meta recaudatoria señalada.
En respuesta a las críticas, ya antes de la primera vuelta el texto programático original había sido objeto de ajustes, por ejemplo eliminando la idea de intervenir en la conformación de los directorios de las empresas imponiendo la codeterminación. Esto fue acompañado por un despliegue de los asesores económicos del candidato para argumentar en defensa de sus iniciativas. En el ámbito tributario, tales argumentos incluyeron una ingenua referencia al caso de países nórdicos a mediados del siglo pasado. Así, existen razones fundadas para concluir que las propuestas económicas del candidato Boric, ya sean originales o ajustadas, son percibidas como hostiles a los mercados y difícilmente potenciarían el crecimiento económico. Lo confirmaron las positivas reacciones de la bolsa y del tipo de cambio el lunes pasado, luego de los resultados de la primera vuelta presidencial y de la elección parlamentaria.
En este contexto es que han aumentado las presiones para realizar nuevos ajustes al programa económico del postulante de Apruebo/Dignidad. Los primeros pasos han apostado por la incorporación de algunos destacados economistas cercanos a la antigua Concertación. Esto último, sin embargo, no ha estado libre de polémica, por la negativa de algunos de ellos a tener un rol de liderazgo en la nueva estructura del diseño programático.
En situaciones normales, la construcción de un programa de Gobierno sensato en lo económico depende del capital humano de los equipos, incluido el contar con personas con experiencia en la administración pública. El equipo de Boric, desde sus inicios, ha jugado una carta distinta. La apuesta por figuras jóvenes con una alta carga ideológica dio origen a un programa de deficiente factura. Así, las dudas respecto de muchos de sus planteamientos son fundadas. Esto también aplica al programa del candidato Kast, pero en el caso del postulante de izquierda el voluntarismo desplegado durante meses de campaña ha dejado marcas que parecen difíciles de borrar. Reinventar una plataforma con propuestas más moderadas es un ejercicio difícilmente creíble luego de que durante meses -si no años- se ha mirado con desdén el progreso económico de las últimas tres décadas y se han execrado las políticas impulsadas o mantenidas durante los gobiernos de la antigua Concertación, a cuyos votantes ahora se pretende desesperadamente conquistar, de cara a la segunda vuelta electoral.