Viernes, 07 de Octubre de 2022

Del pasto a las ollas

UruguayEl Pais, Uruguay 23 de septiembre de 2022

Tal vez este cambio de posición se haya debido a la vergonzosa participación de un integrante de esa coordinadora en el programa Todas las voces de canal 4, donde tanto la periodista Viviana Ruggiero como los panelistas, no paraban de preguntarle por qué se retaceaba esa información, ante lo cual el representante de las ollas, junto al dirigente del FA Eduardo Brenta, se limitaban a mostrar un papelito y decir que si el Mides quería cuantificar a las personas que se alimentan por esa vía, mandara gente a contarla

Tal vez este cambio de posición se haya debido a la vergonzosa participación de un integrante de esa coordinadora en el programa Todas las voces de canal 4, donde tanto la periodista Viviana Ruggiero como los panelistas, no paraban de preguntarle por qué se retaceaba esa información, ante lo cual el representante de las ollas, junto al dirigente del FA Eduardo Brenta, se limitaban a mostrar un papelito y decir que si el Mides quería cuantificar a las personas que se alimentan por esa vía, mandara gente a contarla.
El debate tuvo momentos dignos de una obra de Ionesco, porque el representante de Uruguay Adelante, la organización de la sociedad civil que gestiona la distribución de los alimentos por encargo del Mides, no cesaba de replicar que irían con mucho gusto, si la Coordinadora les dijera dónde funcionan las ollas y les permitiera concurrir. Esta increí- ble remake de "La cantante calva" se completó con acusaciones de Brenta en el sentido de que con este gobierno aumentó la desigualdad, lo que hartó a nuestro colega Francisco Faig, quien debió explicarle que el índice Gini permanece estable en nuestro país desde hace más de 30 años. Otra vez, la carencia absoluta de un liderazgo claro en la oposición produce lo que el ministro Pablo Mieres calificó una vez con acierto como golpes a una piñata: tiran palazos para cualquier lado a ver si aciertan alguno, sin advertir que la opinión pública atestigua con vergüenza ajena esa arrogancia despistada. Hay una diferencia inquietante entre la ya asumida costumbre frenteamplista de fabricar tres escándalos por semana, a hacerlo con este tema. Porque se puede polemizar acerca de cuánto más temprano o más tarde se alcanzará una recuperación salarial pospandemia, por ejemplo. Pero la invocación al hambre de los más vulnerables no debería ser una indigna excusa para juntar votos. No debió serlo tampoco en la crisis de 2002, cuando un diario de triste memoria lanzó la especie de los niños que comían pasto y fue recogida por la campaña electoral del Frente Amplio, a pesar de haberse demostrado que se trataba de una total y absoluta falsedad.
Siempre es bueno recordar el testimonio de las maestras que llegaron incluso a escribir una nota aclaratoria al presidente Vázquez que nunca fue respondida, y que no impidió que la mentira del pasto se siguiera usando sin pudor alguno a través de dos décadas. No debe serlo ahora tampoco, cuando en una situación económica diametralmente distinta a la de aquellos tiempos, el Uruguay ostenta los más bajos índices globales de inseguridad alimentaria y las instituciones públicas que brindaron asistencia durante la crisis de la pandemia, dan cuenta de una merma de la demanda en tal sentido. A contrapelo de esa realidad, la famosa Coordinadora salió a agitar desde el mes pasado el fantasma del hambre, como falso fundamento de un discurso de clasismo perimido. Exigen recursos pero se han negado (hasta ayer) a justificarlos. Todo sirve con tal de demonizar al gobierno y manipular las necesidades de la gente que habita en lo que ellos creen que son sus territorios liberados. Si la demanda realmente existe, es repugnante negarse a proporcionar la información que habilite a la provisión de los recursos, usando las necesidades de la gente como un mero instrumento para jugar una pulseada política.
Es obvio que, del lado del Ministerio de Desarrollo Social, no sería responsable destinar dineros públicos a quien no da la más mínima prueba de su utilización. Porque resulta que hay ollas populares a las que el ministerio aporta con fluidez y regularidad, con una demanda que está menguando ostensiblemente, pero estas otras, contradictoriamente, piden más alimentos desde el ocultamiento y la falta de transparencia. Todo adobado con dosis importantes de prepotencia. Con el hambre no se juega. No se deben aprovechar las necesidades de la gente más humilde para obtener burdos réditos políticos. Es bueno que la Coordinadora haya revisto su posición, para que la opinión pública, siempre bombardeada por estas cañitas voladoras mediáticas, compruebe las contradicciones opositoras y saque sus propias conclusiones sobre la responsabilidad con que se comporta cada uno.