Lunes, 11 de Mayo de 2026

Perdedor de la guerra

ColombiaEl Tiempo, Colombia 1 de agosto de 2025


Rafael Herz
La guerra en Gaza, iniciada tras el brutal ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, ha dejado consecuencias devastadoras en ambos lados


Rafael Herz
La guerra en Gaza, iniciada tras el brutal ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, ha dejado consecuencias devastadoras en ambos lados. Sin embargo, a pesar del poderío militar abrumador de Israel, hoy se puede argumentar que Hamas ha logrado una victoria estratégica: no en el campo de batalla, sino en el terreno simbólico, político y diplomático. Israel, lejos de emerger fortalecido, se encuentra cada vez más aislado, con una imagen internacional profundamente deteriorada y cuestionamientos serios sobre su condición como democracia. Israel ha perdido la narrativa global. Las imágenes de la devastación en Gaza —más de 38.000 muertos según autoridades locales, una mayoría civiles, entre ellos miles de niños y la reciente crisis humanitaria— han generado una ola de indignación mundial. En Europa, América Latina y sectores significativos de EE. UU., las protestas multitudinarias ya no están impulsadas solo por la solidaridad con el pueblo palestino, sino por una convicción creciente de que Israel ha cruzado líneas éticas y legales inaceptables. Universidades, sindicatos, parlamentos y hasta múltiples grupos judíos, han expresado rechazo a la operación militar israelí. Hamas, una organización terrorista, extremista, corrupta y autoritaria que no representa la totalidad del pueblo palestino, logró algo que parecía improbable: fracturar el apoyo occidental a Israel. Con cada ataque indiscriminado del ejército israelí y cada decisión del gobierno de Netanyahu —como bloquear ayuda humanitaria o ignorar los llamados del Consejo de Seguridad de la ONU—, Israel ha cavado su propio aislamiento. Hoy el primer ministro israelí enfrenta investigaciones por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional y sus embajadores son recibidos con frialdad en capitales antes aliadas. Peor aún, el prestigio democrático de Israel está en crisis. La expansión de asentamientos ilegales en Cisjordania, la violencia de colonos armados, las restricciones a la libertad de expresión interna y la creciente influencia de partidos ultranacionalistas en el gobierno socavan los fundamentos de un Estado que, alguna vez, se presentó como "la única democracia de Medio Oriente" basada en la justicia social y la inclusión. Hoy, muchos se preguntan si Israel aún cumple con los estándares de una democracia liberal moderna. Hamas, pese a las pérdidas materiales y humanas incalculables que ha sufrido en Gaza, ha logrado exponer la fragilidad moral del gobierno israelí. En el tablero internacional, esa exposición es una forma de victoria. Logró dividir a Occidente, amplificar la causa palestina, y presentar a Israel no como una víctima, sino como un agresor con poder desmedido y sin freno ético. Cuando un Estado democrático pierde la brújula moral, pierde también su capacidad de liderazgo e influencia. Israel hoy no representa un estado defensor de la persecución antisemita sobre lo cual se fundamentó su creación, sino genera rechazo y cuestionamiento global. Israel necesitaba una victoria militar y una justificación ética clara. Hoy no tiene ninguna de las dos. El precio político, diplomático y moral ha sido demasiado alto. Y en ese terreno, irónicamente, Hamas ha ganado una guerra que nunca fue solo de misiles, sino de legitimidad.
Analista Internacional.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela