Sábado, 29 de Noviembre de 2025

El poder del caos

ColombiaEl Tiempo, Colombia 28 de noviembre de 2025


Ana Carolina Murillo
Durante años se creyó que el camino a la competitividad era la estabilidad: procesos eficientes, control de costos, planificación rígida y previsibilidad, pero la economía global está demostrando lo contrario


Ana Carolina Murillo
Durante años se creyó que el camino a la competitividad era la estabilidad: procesos eficientes, control de costos, planificación rígida y previsibilidad, pero la economía global está demostrando lo contrario. Las organizaciones que hoy crecen con más fuerza no son las más estables: son las más antifrágiles, aquellas que se fortalecen cuando todo se mueve. La volatilidad dejó de ser una amenaza para convertirse en un insumo estratégico. En un entorno de disrupción tecnológica, ciclos económicos más cortos, inteligencia artificial y tensiones geopolíticas, las empresas que avanzan son las que saben convertir el caos en ventaja competitiva. El sector automotor ofrece un ejemplo contundente. Este año, Tesla volvió a sacudir el mercado con una estrategia agresiva de reducción de precios en sus autos eléctricos. El tiempo definirá resultados de estos movimientos de mercadeo, que tienen riesgos grandes como la posventa, pero que mueven a la competencia, a los clientes y a la dinámica actual. Esta estrategia generará un aprendizaje forzado, de todos los actores. Este es el principio de la antifragilidad: las empresas frágiles intentan evitar el riesgo; las antifrágiles lo utilizan para acelerar su capacidad adaptativa. Compañías como Amazon, Nvidia, Tesla o BYD lo entendieron hace años. Nvidia multiplicó su valor de mercado por diez en cuatro años apostándole a la incertidumbre de la IA cuando otros dudaban. BYD usó un entorno hostil para integrar toda su cadena de suministro y reducir costos estructurales. Las organizaciones antifrágiles funcionan como sistemas vivos: descentralizados, diversos y capaces de aprender rápido. No dependen de una sola línea de negocio, no apuestan a un solo plan y no basan su estrategia en predicciones estáticas. Crean redundancia, experimentan, empoderan equipos pequeños y saben que la tensión —tecnológica, generacional o competitiva— es una fuente de innovación. El cambio no es técnico: es biológico. Como los bosques serotinos que germinan después del fuego o como la Hidra que se fortalece al ser atacada, las empresas que prosperarán serán aquellas capaces de evolucionar con el desorden, no sobrevivir a él. La lección es clara: en un mundo donde Tesla puede intentar reconfigurar una industria colombiana con un solo movimiento, las compañías ya no pueden aspirar a la estabilidad. Deben aprender a prosperar en medio del temblor.
anita@lanerddelfuturo.com
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