Sábado, 29 de Noviembre de 2025

Ho Chi Minh y Montevideo

UruguayEl País, Uruguay 29 de noviembre de 2025

Fue un político que luchó como pocos por la independencia de los suyos. Sus pecados, que los tiene, fueron los de su época.

En la Junta Departamental de Montevideo no se obtuvieron los votos para la instalación de un busto de Ho Chi Minh, el padre de Viet Nam. Blancos y Colorados se opusieron. La Vicepresidenta de ese país, que iba a concurrir a Uruguay a inaugurar el monumento, aplazó su venida. Un mal augurio para nuestro relacionamiento.

En este contexto otro duelo medioeval se aproxima. Para la oposición, la negativa no admite matices. Habilitar el monumento supondría ignorar valores democráticos y olvidar terribles ignominias. En su visión Ho fue un dictador comunista responsable de miles de opositores ejecutados, complementado con las persecuciones y torturas que definen las represiones ideológicas. El propio Marx es un monstruo. Nada lo redime. Instalar un recordatorio del guerrillero constituíria un crimen contra la dignidad nacional.

Por el contrario para la izquierda frentista, promotora del homenaje, la oposición padece una patología imposible de erradicar: el anticomunismo, una actitud "a priori", inscripta en sus genes. Aquejada de negativismo, proclama que el comunismo es una entidad ideológica irredimible surcada de incunables horrores en pro de su irrealizable utopia. Ello explica, porque los "antis"reaccionan frente al comunismo como el perro de Pavlov. Sin otras razones que las puramente reactivos. No entienden, afirman que el comunismo encierra algunas luces. Para ellos un "anti" jamás comprenderá el comunismo, sus virtudes o defectos. Sus críticas no transitan la razón.

Por eso sus objeciones son de un nivel que no elude la fraternidad. Se suscitan entre compañeros asociados en una tarea común: la lucha anticapitalista. Constitucionalmente continúan siendo marxista, aunque no leninistas; clasistas, pero no proletarios; historicistas, no deterministas; adversos a Stalin, pero afectos a Lenin. Ya no hermanos, parientes cercanos que autorizan frentes y coaliciones a largo plazo. Aún cuando, hoy día, la ideología se asemeje a la retórica y ello facilite la unidad, la teoría sigue decorando el cuadro.

Por eso, despejando, metafísicas confundentes, y abandonando el facilismo valorativo de la condena emotiva, sin razones, el tema sigue siendo: ¿la condición de comunista confeso de Ho Chi Minh, impide que la venturosa ciudad de San Felipe y Santiago de Montevideo, rechace un busto en su memoria? Un interrogante que va más allá de lo local y que obliga a detenerse, aún brevemente, en la personalidad del revolucionario y en la valoración fundada del comunismo como práctica histórica y marco de su actuación. Sobre éste, una ideología y una experiencia irredimible y hoy definitivamente enterrada, sólo diremos aquí que no todos sus seguidores merecen la misma valoración. Aun cuando su adhesión les rebaje el puntaje. Ello reconduce a una pregunta: ¿quién fue Ho Chi Minh?

Según The Times, una de las figuras del siglo XX, un hombre que liquidó al colonialismo en el Sudeste de Asia y junto a Mao Tse Tung inauguró una nueva época histórica y otorgó una particular impronta al siglo que hoy vivimos. Tuvo una vida activa. Participó en la creación en 1920 del Partido Comunista Francés, fundó el Partido Comunista de Indochina y posteriormente el de Vietnam del Norte. El 2 de setiembre de 1945, habiendo vencido a japoneses y franceses, de zapatillas, proclamó en Hanoi la independencia de Viet Nam. En su discurso citó a la declaración de independencia de los Estados Unidos de 1776, así como a los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1791. Años más tarde creó a la guerrillas del Viet Cong, que asoló el Sur vietnamita hasta lograr su independencia en 1975, derrotando por segunda vez a Francia en Dien Bien Phu y luego, nada menos que a los Estados Unidos, primera potencia militar del mundo. Por más que, fallecido en 1969, no asistió a su triunfo.

También fue un stalinista confeso, con el cual, al igual que con el líder chino, mantuvo relaciones cercanas y algunas diferencias. Participó del 5to y 7emo Congresos de la Internacional Comunista y como delegado del Comintern soviético encendió la chispa revolucionaria en toda Indochina. Celebró a Lenin en varios libros. Laos y Camboya le deben parte de su independencia. Fue Primer Ministro y luego Presidente de la República Democrática de Viet Nam (el norte de la península) y junto al legendario comandante Giap también vietnamita, uno de los intelectuales guerrilleros más exitoso de la historia.

Pese a sus muchos logros y una militancia ordenada no fue ni un ortodoxo ni un disciplinado agente soviético o chino. El marxismo de Ho tenía un fuerte sabor confuciano e inclusó procuró con éxito relativo, reconciliar a esas dos figuras contrapuestas, Confucio y Lenin. En un momento escribió "Si Confucio viviera sería un contrarevolucionario. Pero es posible que aquel superhombre se plegara a las circunstancias y se convirtiera en un valioso seguidor de Lenin. En cuanto a nosotros, los vietnamitas , perfeccionémonos intelectualmente leyendo las obras de Confucio y revolucionariamente leyendo las de Lenin" Su lado sombrío se relaciona con la reforma agraria emprendida en el Norte entre 1953 y 1956 bajo su gobierno, con un discutido saldo de muertos y prisioneros de entre 3.000 y 15.000 personas lo que motivó en 1956 disculpas retrospectivas de Ho. Aún si esas cifras se confirmaran, suenan muy menores frente a las imperdonables brutalidade de Mao, Stalin, Breshnev y tantos otros mostruos del memorial comunista, aunque ello no las justifique.

Pese a estos excesos, nada menores, en 1987, en su 24º conferencia en París, la Unesco recomendó conmemorar su natalacio considerando: "Importantes y polifacéticas las contribuciones de Ho Chi Minh en los campos de la cultura, la educación y las artes." Un hombre, continúa, "que dedicó su vida entera a la liberación nacional del pueblo vietnamita" contribuyendo a "la lucha por la paz."

Sin olvidar la ambigüedad del tema y al rechazo sin concesiones del comunismo como teoría y experiencia histórica, bien puede aceptarse que Montevideo luzca un bronce con la efigie del tío Ho como lo denominaban con cariño sus seguidores. Fue un político que luchó como pocos por la independencia de los suyos. Sus pecados, que los tiene, fueron los de su época. Nació y vivió en un mundo colonial que los prohijaba.
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