El nuevo zapping
A veces, después de pasar veinte minutos leyendo tuits, me pregunto: ¿qué estaría haciendo ahora si no existiera el smartphone? Es casi imposible negar que ciertas actividades están siendo desplazadas por el uso de las redes sociales
A veces, después de pasar veinte minutos leyendo tuits, me pregunto: ¿qué estaría haciendo ahora si no existiera el smartphone? Es casi imposible negar que ciertas actividades están siendo desplazadas por el uso de las redes sociales. No es que hayamos dejado de reunirnos con amigos, ni de leer o caminar por el parque, aunque quizás hemos reducido la frecuencia de esos hábitos; un nuevo pasatiempo empezó a ocupar una porción considerable de nuestras horas libres. Las redes sociales, al inicio, eran usadas para interactuar, para encontrar personas que uno había dejado de ver con el correr del tiempo —la compañera de primaria, algún exnovio, la prima lejana— o para mantener contacto con quienes se encontraban a la distancia. Pero luego se empezaron a usar con otro objetivo: consumir contenido. En parte, la red social comenzó a sustituir a la televisión; se volvió común ser espectador de una serie de contenidos audiovisuales breves producidos por parte de los 2 mil millones de usuarios activos de Instagram, 1,59 mil millones de usuarios de TikTok o 3 mil millones de usuarios de Facebook. "Las plataformas de videos de formato corto, como TikTok, Instagram Reels y YouTube Shorts, son ahora una parte importante de la vida cotidiana para muchas personas." ¿Pero en qué consiste esto?
Imagínense estar dentro de una sala y que cada minuto entre alguien diferente hablando sobre un tema distinto, y que esto se repita incansablemente. ¿Cuál sería el efecto? ¿Fatiga? ¿Estrés? Algo similar viven hoy los adolescentes y algunos adultos durante sus ratos libres al mirar videos breves, unos tras otros.
Quienes aún nos distraemos con la TV podemos pasar unos minutos haciendo zapping, saltando de un canal a otro; es el paso previo a seleccionar qué queremos ver. Pero en redes sociales, la falta de elección suele convertirse en la elección misma: el usuario desconoce con qué contenido se encontrará, la sucesión de videos es el entretenimiento y el usuario tan solo decide cuántos segundos le dedicará a cada uno. Es frecuente optar por no profundizar en ningún tema, personaje o creador. La pluralidad, la variedad y el impacto pueden llevar al agotamiento, la confusión y la saturación.
Si escucháramos a un sujeto cambiando de tema cada minuto, sería un indicador de hiperactividad mental, pensamiento desorganizado o dificultad para seguir una conversación coherente. Creeríamos que ha enloquecido. Hoy, el salto constante de un pensamiento a otro es lo que se busca. Los mismos estímulos audiovisuales cambiantes generan desorden. En el lapso de tres minutos la atención puede ser arrastrada por distintos temas: cuál es la dieta más efectiva, con qué famosa sale el futbolista del momento, jardines verticales, qué es el TDA, cómo hacer un brownie con dos ingredientes y qué dijo el presidente en Twitter. Fuera del mundo virtual, sería difícil exponerse a tal cantidad de asuntos en tan poco tiempo. ¿Cuáles son los efectos de esta hiperestimulación en nuestra psique? Un nuevo metaanálisis https://psycnet.apa.org/fulltext/2026-89350-001.html publicado en la revista APA —titulado "Feeds, emociones y concentración: una revisión sistemática y metaanálisis que examina las correlaciones entre el uso de videos de formato corto y la cognición y la salud mental"— analizó 71 estudios y más de 98.000 participantes para medir los efectos de los videos de formato corto en la cognición y la salud mental . Sus autores afirman que se trata de "una de las síntesis más completas y extensas hasta la fecha" sobre el tema. ¿La conclusión? Un elevado uso de estas plataformas está asociado con un peor desempeño cognitivo y un menor grado de salud mental, tanto en jóvenes como en adultos.
Los autores señalan que: "Las personas que pasan más tiempo viendo videos cortos tienden a tener más dificultades para concentrarse, un control de impulsos más débil y se sienten más estresadas y ansiosas. Los clips rápidos e interminables entrenan al cerebro para anhelar una estimulación constante, lo que hace que el trabajo escolar, la lectura y la vida real se sientan más difíciles y aburridos. "
Además, la naturaleza inmersiva y de desplazamiento infinito de los videos cortos se ha vinculado con un aumento del aislamiento social al reemplazar interacciones reales por un consumo digital pasivo, exacerbando los sentimientos de soledad (Goldon, 2024). Esta dependencia de las interacciones en línea también se ha correlacionado con una menor satisfacción vital (Chung, 2022; Zuo et al., 2024).
El análisis revela que el principal efecto negativo ocurre en la atención y el control de impulsos: "las asociaciones moderadas y negativas con la atención y el control inhibitorio fueron las más frecuentes".
El ser humano ha creado un submundo virtual en el cual cada vez transcurrimos más tiempo, donde la interacción es deficiente, el modo de entretenimiento es tan novedoso como superfluo y los estímulos son excesivos. No se trata de demonizar las redes sociales, herramientas que han permitido que numerosas personas accedan a nuevas oportunidades laborales, amorosas o sociales o adquieran nuevos conocimientos al acceder a textos publicados, pero es necesario reconocer que la autorregulación debe recaer en el individuo y no en el algoritmo. Permanecer en un estado de pasividad, sometido a una exposición compulsiva y automática a estímulos audiovisuales breves y altamente reforzantes, no parece ser un hábito favorable.
Ha llevado décadas comprender que fumar es perjudicial para la salud o que los menores no deben consumir alcohol. ¿Cuántos años nos llevará entender que a la mente también hay que preservarla? Debemos advertir incansablemente sobre los riesgos de estas nuevas costumbres que pueden afectar la atención y la paz mental.
Psicóloga y escritora