Viernes, 23 de Enero de 2026

Águila, jaguar y tigre

ColombiaEl Tiempo, Colombia 11 de enero de 2026

Como a Venezuela no la maneja un presidente sino un régimen, la transición que Trump impuso en cabeza de los hermanos Rodríguez no podía ser más lógica

Como a Venezuela no la maneja un presidente sino un régimen, la transición que Trump impuso en cabeza de los hermanos Rodríguez no podía ser más lógica. María Corina tiene el 70 % de apoyo, el régimen el 30, pero es dueño absoluto de todo: Parlamento, justicia, sistema electoral, fuerzas militares, economía y hasta una parte del pueblo peligrosamente armado. Igual que al mundo: lo maneja la fuerza y no la razón. Y en su pragmatismo, EE. UU. se ha caracterizado por la estrategia de aliarse con un enemigo si eso conviene para proteger su seguridad y sus intereses económicos. El operativo de extracción de Maduro de su cama fue de altísima sofisticación, con sus paréntesis en el derecho internacional. Nada podía fallar pero pudo, como que el helicóptero con su comandante a bordo, impactados durante la operación, hubieran caído en territorio venezolano. Regresaron a salvo. Se produjeron 80 muertos, un número bastante bajo ante lo que se podía esperar de semejante golpe al corazón del régimen. Tan perfectos fueron el operativo y la sagacidad de dejar gobernando a Delcy como mal explicado fue el discurso que siguió. A Trump se le puede agradecer su sinceridad. Pero habría sido menos crudo que dijera: ‘vamos a la transición’, en lugar de ‘vamos al petróleo’. Debió hacerle un saludo a la democracia, en la que cabe hasta el mercado del petróleo. Y una amabilidad con María Corina, por un futuro papel. También despistó la versión de que al cambiar el "indictment" (acusación) contra Maduro, se estaba reconociendo que el cartel de los Soles no existe. Paja. El cambio fue para contrarrestar los riesgos de que el juez de Maduro lo absuelva, enfrentado a evaluar la existencia de un grupo conocido bajo un nombre muy preciso, que obedece más a un concepto mediático y político. Es fascinante la forma como Delcy Rodríguez se ha comportado desde el día uno: le habla a la galería, pero le obedece a Trump. Desde las primeras horas logró transmitirle al pueblo que le está guardando el puesto a Maduro como la más fiel, aunque todo estaba pactado. No habían pasado 24 horas cuando ya Delcy estaba hablando de una "agenda conjunta con EE. UU.". Es posible que Diosdado Cabello, ministro del Interior y de Justicia, también esté ya cooptado: después de haber jurado jamás venderle petróleo a EE. UU., hoy dice que claro que sí. La incógnita más grande es Vladimir Padrino al frente de las fuerzas militares, claves para los planes de permanencia-gobierno-transición de EE. UU. Pero la liberación de los presos políticos habla sin claves... Y llegamos a la conversación Petro-Trump. Si algo caracteriza al mandatario de EE. UU. es que juega duro, luego ablanda, y finalmente lleva a su adversario a que le bese el anillo. Petro confesó que la llamada se produjo en medio de un profundo miedo. Hizo todo lo posible para que la galería la interpretara como la rendición de Trump, mientras hábilmente dejaba que unos periodistas escucharan a un Petro dócil, el de "buen tono", explicando que le está cumpliendo a la lucha contra el narcotráfico. El País de España escribió que Petro se ayudó de una "comisión secreta" de facilitadores para tranquilizar desde hace meses a Washington en temas cruciales de seguridad, impensables bajo un gobierno suyo: reiniciar bombardeos a campamentos, glifosato, reactivar extradiciones claves y reclasificar a Farc y Eln como grupos narcoterroristas. Lo confirma Petro en sus palabras: "He ordenado bombardeos... y (he dado) de baja y capturado a mandos de primer orden de grupos armados subordinados al narcotráfico". En cuanto a la cita con Petro en Washington, cualquier cosa puede suceder: hasta que nuestro Presidente se la tire, porque se pone a trinar a las dos de la mañana, bien alegrón, que Trump es un tirano, y este es capaz de cancelarlo todo; veremos seguramente tratar a Petro en Washington como a Zelenski. Debería tener la precaución de no ir a la visita con la ruana de mariposas o con el saco de escamas o con la chompa de piloto. Por último, la alegórica ilustración publicada por Petro de un abrazo entre un jaguar, como ahora él se autodenomina, y un águila, que simboliza a EE. UU., es imposible que ocurra entre esos animales: el jaguar es carnívoro, cazador oportunista, mientras el águila es un depredador de emboscada de gran visión y capacidad de ataque aéreo. Imposible entonces ese abrazo sincero entre las personas que se les parece y los personifican. Y para completar, hay un tigre metido en el combo, que ahora lidera las encuestas de primera vuelta.
Animalandia
María Isabel Rueda
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