Martes, 09 de Junio de 2026

De Broadway al teatro Solís: "A Chorus Line" llega al Uruguay con 25 artistas en escena y la Banda Sinfónica

UruguayEl País, Uruguay 9 de junio de 2026

Con funciones desde el 3 de julio, la aclamada obra de Michael Bennett que revolucionó la historia del teatro musical y ganó nueve premios Tony, se presenta por primera vez en Montevideo.

Mucho antes de las redes sociales, de los realities de talento y de la obsesión por el éxito, A Chorus Line ya convertía una audición en drama, confesión y supervivencia.

Cincuenta años después de revolucionar Broadway, el musical con música de Marvin Hamlisch y letra de Edward Kleban, llega al Teatro Solís con un numeroso elenco uruguayo y la Banda Sinfónica en vivo. Son seis funciones, viernes, sábado y domingo, desde el 3 de julio. Las entradas están en venta por Tickantel desde 500 pesos.


Todo empezó en 1974, cuando el coreógrafo y director Michael Bennett convocó a un grupo de bailarines profesionales: simplemente les pidió que hablaran. Grabó horas de conversaciones sobre sus vidas, sus miedos, sus castings fallidos. De esas cintas nació el libreto. Es conocido como el "anti-musical": sin grandes escenografías, sin vestuario de época, con ropa de ensayo durante casi toda la función.

Ganó nueve premios Tony y el Pulitzer de Drama en 1976. Fue el espectáculo con más funciones en la historia de Broadway hasta que Cats lo desplazó en 1997. Y lo que contaba era, en apariencia, lo más simple del mundo: un director que necesita ocho bailarines y diecisiete aspirantes que quieren quedarse.


La historia también llegó al cine, en 1985 con dirección de Richard Attenborough. Michael Douglas, Terrence Mann y Alysnon Reed protagonizaron el musical que recibió tres nominaciones al Oscar (sonido, edición y canción original, no ganó ninguno). Y en 2019 Antonio Banderas hizo una versión en Málaga que produjo, dirigió, protagonizó, y llevó de gira por España.

La idea de traerlo a Uruguay le pertenece a Romina Mattera, bailarina, actriz, docente y una de las productoras del espectáculo. Hace más de un año el equipo empezó a buscar qué musical podía adaptarse, qué historia tenía algo que decirle al público local. Fueron a Broadway, a Londres, Buenos Aires y México. Cuando llegaron a A Chorus Line, lo supieron. "Hacerlo en la sala principal del Solís es hermoso", dice, con los ensayos encaminados.

Jhoana Duarte, compositora e integrante del equipo de coreografía, se vinculó al proyecto desde su trabajo como docente. Como ella, varios de los involucrados en esta producción pasaron por la escuela de Luis Trochón, uno de los pioneros y referentes del teatro musical en Uruguay, junto a Omar Varela y Nacho Cardozo. "Hace muchos años ellos fueron pioneros del musical en nuestro país", dice Duarte. "Y creemos que en los últimos años hacía falta más obras en cartel de esa índole".

Lo que eligieron no es una comedia. A Chorus Line es una obra dentro de una obra: sobre el proceso de selección de un grupo de artistas que buscan un lugar en una producción. Cada personaje que sale a la luz del escenario llega con su historia, sus miedos, inseguridades y su necesidad de que alguien del otro lado diga que sí. "Voy a una entrevista de trabajo y necesito quedar, porque estudié toda la vida para esto", explica Duarte. "Y a la vez estoy esperando la aprobación de otra persona, que puede ser un jefe, un par. Eso es algo que nos interpela a todos".


Mattera suma otro costado: el de competir con el de al lado. "Quedo yo o queda él. Estás comparándote en un punto, y eso genera miedo, incertidumbre, la sensación de tener que mostrar lo mejor de vos en una circunstancia cargada de todo lo que traés desde la infancia".

Lo que hizo Bennett en 1975 fue exactamente eso: darle la palabra a los bailarines, a los que siempre estuvieron atrás, y ponerlos en el centro. En un momento en que los musicales de Broadway se construían alrededor de una estrella, A Chorus Line eligió a los anónimos. Y esos personajes, donde cualquiera puede sentirse reflejado, resultaron ser los más interesantes.

El montaje que llega al Solís no recortó nada esencial del show de Broadway. Tiene más de 25 personas en escena, cuatro directores, cuatro productoras y la Banda Sinfónica ejecutando la partitura original. "No tuvimos que reducir a banda", dice Mattera con orgullo. "Podemos presentar tal cual la música del musical original, como si lo vieras en Broadway o en España". El acuerdo de derechos fue con Concord, el sello que administra el catálogo. Y agrega que conseguirlos no fue sencillo, ni barato.

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Lo que no tiene el Solís que tiene Broadway es tiempo. Allá, una producción de esta escala ensaya dos años, ocho horas por día. Acá lo hicieron en cuatro meses, cinco veces por semana, con un elenco que además tiene otros trabajos. "Hay que destacar el compromiso de todo el elenco", dice Mattera. "Artistas que tienen un montón de trabajos por fuera y aun así están ensayando por su cuenta, juntándose fuera de los ensayos. Encontramos el elenco indicado para hacer esto".

La coreografía mezcla material original de Michael Bennett con adaptaciones propias. El cuadro de "One", el número final con galeras y lentejuelas doradas, es tal cual el de Broadway, y uno de los momentos preferidos de las responsables. Y si bien es una obra que ya conocen, hay momentos en los ensayos que todavía las toman por sorpresa. Mattera menciona dos: la primera escena, con los personajes en plena audición y los nervios reales mezclándose con los del personaje, y el final, cuando los artistas se preguntan qué harán el día que ya no puedan bailar, o cantar.

Duarte también tiene el suyo: el cuadro donde se superponen intervenciones habladas, corales y musicales en una arquitectura que parece imposible. "Pensás: cómo se le ocurrió esto a esta gente. Cómo lo hicieron".


Porque la pregunta que deja A Chorus Line no es quién quedó seleccionado. Es qué ocurre cuando una decisión externa parece definir el valor de una persona. "Capaz castineaste para algo y no quedaste", dice Duarte, "y no dejás de ser una docente maravillosa, una cantante o bailarina genial. Y cómo eso interpela y golpea en cada uno de los intérpretes".

Cincuenta años después de que Michael Bennett prendiera un grabador frente a un grupo de bailarines sin trabajo, esa pregunta sigue sin tener una respuesta cómoda. Que sea justamente eso lo que llena teatros en todo responde por qué este musical sigue en pie, siempre listo para la próxima audición.

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