Jueves, 14 de Noviembre de 2019

King Crimson impuso sus términos en un concierto de alto voltaje

ChileEl Mercurio, Chile 14 de noviembre de 2019

Anoche la banda dio la primera de sus dos presentaciones en el Movistar Arena, un show "libre de celulares" y preciosista en lo instrumental.

Los móviles al bolsillo. La campaña que impulsó la banda, anoche en el Movistar Arena, funcionó: el concierto fue "libre de celulares", dejando la compulsión por tomar los teléfonos en pausa, por lo menos, durante el tiempo en que King Crimson estuvo tocando.
Afuera del recinto, a modo de recordatorio, había pendones que refrescaban este petitorio del conjunto y adentro, al frente del escenario, dos carteles con mensajes mucho más directos: el que tome fotos "será invitado a salir del teatro". Además, por si todavía no había quedado claro, una voz por los altoparlantes repasó todas estas indicaciones.
La advertencia de los ingleses no buscaba otra cosa que el público se concentrara en el concierto, a la antigua, como era antes, en la era de la prehistoria de la industria del espectáculo, cuando todavía no se inventaban las redes sociales.
La escuadra británica celebra cinco décadas de historia y la gente, que agotó en apenas unas horas su debut en tierras nacionales -para el show de hoy todavía quedan los últimos boletos-, siguió el concierto obediente, sin mayores inconvenientes, quizás, también, porque la mayoría de los asistentes pertenecían a las generaciones previas a los millennials , por eso lo que siguió fue solo ceder a la devoción musical que entregaban las cuerdas de Robert Fripp y Tony Levin.
De entrada la disposición del escenario impactó: tres baterías al frente de un montaje austero -solo un telón oscuro al fondo y unas pantallas laterales de cámara fija en un plano general- que machacaban ajustadas, al inicio, con cada músico con una doble baqueta en cada mano, construyendo un entramado musical que se iba expandiendo a alto voltaje y clarísima definición.
Los temas suben y bajan la intensidad con un Jakko Jakszyk en la voz y un Jeremy Stacy que guarda por momentos sus baquetas para acompañar todo desde el teclado.
El concierto, que se extendió por dos horas y cincuenta minutos, se dividió en dos tiempos, con un descanso que llegó con una rotunda "Indiscipline" y que a la vuelta, para el complemento, entregó temas como "Easy money", "Epitaph" y una demoledora "21st century schizoid man", en que al fin Robert Fripp dejó el puesto secundario donde se ubicó en el escenario para recibir la ovación que había orquestado.