Domingo, 20 de Septiembre de 2020

?Lima es el puente para dar a conocer la sabiduría de mi pueblo?

PerúEl Comercio, Perú 20 de septiembre de 2020

Mitad murui y mitad bora, el artista amazónico ha logrado retratar como pocos el mundo religioso y ancestral indígena. En esta entrevista deja los pinceles de lado para hablar sobre su historia personal y la realidad de su pueblo ante la pandemia, un paisaje teñido de sombras.

Por DIANA QUIROZ



Desde niño aprendió, entre dioses y mitos, que la naturaleza y el hombre tienen una relación indisoluble. Que la vida de todos los seres se respeta y que el arte tiene el poder de contar en voz alta las historias de su pueblo. Brus Rubio nació en Pucaurquillo, comunidad indígena ubicada en Loreto que alberga a nativos muruis y boras. Creció surcando ríos, sembrando papa, yuca, plátano y otros frutos necesarios para subsistir en medio de la selva. Pero el mejor alimento para su imaginación fueron aquellos largos recorridos tras las huellas del añuje, roedor gigante que visita las chacras de noche y el primer contacto con el mágico mundo de los animales que su pintura sabe retratar.





Brus cuenta que empezó a dibujar desde que estuvo en el colegio, mientras veía a su padre pintar, sobre la llanchama o lienzo selvático, algunos trabajos que luego vendía a los turistas. No fue el único talento que heredó. Marcelo Rubio fue líder indígena y trasladó ese liderazgo a su hijo, quien hoy hace denodados esfuerzos por ayudar a su pueblo, que además de las carencias y olvido gubernamental debe lidiar con el coronavirus, que, según la información que Brus maneja, ha infectado al 10% de los 800 habitantes de Pucaurquillo. Entre ellos a su madre, motivo principal por el que, al momento de esta entrevista, se embarca hacia sus orígenes.Conversamos con él ya ubicado en la lancha que atraviesa el río Amazonas desde Iquitos hasta el distrito de Pebas. El viaje dura 12 largas horas y, mientras anochece, el artista ?que lleva consigo una donación de protectores faciales, mascarillas, medicinas, ungüentos y hojas de eucalipto? narra con emoción su despertar social, las motivaciones que lo trajeron a Lima, la crítica situación de su pueblo ante la pandemia y el festival que organiza a favor de los sabios indígenas.





?Empiezas a dibujar desde pequeño. ¿Como pasas de la observación de la naturaleza a retratar el mundo ancestral de tu pueblo?





Cuando terminé la primaria fui desarrollando cada vez más mis habilidades. Mi padre nos llevaba a la iglesia evangélica, pero esto era muy rutinario y me hacía sentir culpable de todo. Ahí empecé a cuestionarme muchas cosas. Me decía a mí mismo: ?Si nosotros somos muruis, ¿por qué aquí no hablan de nuestra identidad? Nosotros tenemos otro tipo de religión?. Antes de terminar la secundaria en el 2002, llevamos cursos de investigación y filosofía, lo que me ayudó a tener un pensamiento crítico. Así fui sabiendo que el sistema en el que vivíamos no era el nuestro porque parte de un lenguaje ajeno. Fue un descubrimiento. Ese año nos mandaron a investigar la historia del caucho, a preguntar a una persona mayor sobre cómo se vivió en esa época. Cuando supe que fuimos masacrados y descuartizados, me sentí impotente.





?¿El arte fue la forma que encontraste para rebelarte contra este sistema?





Fue así: mi padre ya había participado en un concurso de pintura campesina y nativa en 1995, junto a mi primo Víctor Churay, que fue el ganador. Entonces yo vi las potencialidades que teníamos para escenificar nuestras historias a través de la pintura. Me dije que yo también podía hacerlo, pero con relatos del pueblo murui. Por entonces yo ya había empezado a pintar para ganarme al menos 10 soles vendiendo mis trabajos. Yo sabía que no le podía pedir plata a mi padre porque me daba cuenta del contexto social en el que vivíamos. En términos occidentales, tenía que ser progresista. Un día le propuse al antropólogo y etnólogo Jürg Gasché, que trabajó por más de 30 años en las comunidades bora, murui y ocaina, realizar un concurso de pintura. Eso fue en el 2004 y ya en el 2005 se hizo la primera exposición colectiva denominada ?Nacimiento de un arte huitoto y bora?.





?Hace un momento me hablabas de una investigación sobre la época del caucho. Tienes un cuadro que refleja la tragedia. Coméntanos sobre esta pintura.





Se denomina ?La masacre del caucho? y ha sido utilizada en el documental sobre la historia del caucho en la Amazonía peruana. Ese imaginario salió a partir de una investigación sobre las versiones orales que conocía mi padre. Él me contó que en esa época había una casa de dos pisos. Abajo estaba el almacén y arriba los dormitorios de los patrones. El almacén era al mismo tiempo el calabozo y el patio era el lugar donde se daba la masacre. Cuando creé esa pintura yo no había visto ninguna publicación ni dibujos que retrataran esa época. Solo tomé el testimonio de mi papá y lo documenté.





?¿En qué circunstancias llegas a la capital?





Después de que expuse por primera vez en el 2005 regresé a mi pueblo. En el 2008, Renzo Zanelli fue a Lima a promocionar su película ?El perro del hortelano? (donde participé) y mis trabajos. En ese entonces yo había hecho una casa-taller para formar a los jóvenes de mi pueblo como una causa social, pero para seguir avanzando tuve que dejar mi pueblo. Llegué con solo 500 soles. Renzo me llevó a Pachacámac donde viví nueve meses. Después viví dos años por La Bolichera. Fue difícil toda esa transformación psicológica por la que tuve que pasar. Aquí me encontré con una ciudad de personas aglomeradas, con ruido y cemento. Y sobre todo con una energía humana que es fatal, donde prevalece el más vivo, el más criollo. Por eso siento que ser murui y bora es mi ancla, es mi raíz. Eso nunca va a cambiar.





?¿Se te cruzó por la cabeza regresar a tu hogar?





Sí. Después de una exposición en Brasil volví a mi pueblo y justo mi padre enfermó. Le dio un derrame cerebral y la mitad de su cuerpo quedó paralizado. Así que le dije a mi madre que me iba a la ciudad a trabajar para que a mi padre no le faltara la medicina. Los costos para tratar su cerebro y el corazón eran muy altos. Toda mi lucha, mi creatividad, mi fuerza fueron para mi padre. A través de mi pintura mantenía también su discurso, por eso a Lima la considero el puente para dar a conocer la sabiduría de mi pueblo.





?Hace un par de años creaste una pintura que se adelanta a lo que ahora está ocurriendo debido a la pandemia.





Fue cuando viajé a Miami a una residencia de arte. Mi propuesta fue reflejar a las personas que tienen mucho dinero y al mismo tiempo desperdician su humanidad. Le di unos toques de conocimiento ancestral. Recuerdo que cuando pasaba por debajo de un puente observaba a gente a la que el vicio le había arrebatado el alma. Para los muruis y boras la vida es sagrada, es un tesoro. Por eso, en esta pintura el hombre está agarrando la planta para aferrarse a la vida. Podría estar enfermo o pasando hambre, pero la naturaleza le está dando la fuerza para seguir en este mundo. Lo mismo está pasando ahora. Nos hemos dado cuenta de que estamos perdiendo lo natural en medio de un sistema que nos perturba, que nos hace perder la humanidad.





?Tu padre falleció hace poco. ¿Fue víctima del COVID-19?





No murió por este virus, sino que necesitaba urgente un cardiólogo. Y como ya estábamos en estado de emergencia no había ninguna movilidad, así que él tuvo que esperar y quedó cercado por la muerte. Sobre el coronavirus, aquí en la lancha donde viajo veo que la información no llega a la gente que es del pueblo. No hay una comunicación directa y por eso no son conscientes del riesgo que significa el virus. En estos lugares remotos hay una desarticulación total del Estado.





?¿Pucaurquillo tiene un centro médico?





El más cercano está en el distrito de Pebas. Mi pueblo tiene un puesto de salud, pero con lo que está pasando es insuficiente. Mi primo se contagió de coronavirus y lo llevaron a un colegio de la zona que no tenía las condiciones mínimas. Tuvo que retirarse y viajó hasta Iquitos a curarse. Para llegar de Pucaurquillo a Pebas se necesita un deslizador y en uno de estos apenas entran dos personas. Los medicamentos tampoco llegan. Ese puesto de salud del que te hablo abastece a 14 comunidades del río Ampiaco y tiene una sola enfermera técnica.





?Sé que estás organizando un festival. ¿En qué consiste este evento?





Quiero crear un pequeño fondo para adquirir medicinas, protección y alimentación sobre todo para las personas mayores de mi pueblo. Voy a reforzar el ánimo, a motivar con lo que pueda y a liderar en ese sentido. Quiero aprovechar lo que he conseguido en Lima para ayudar a los míos. En este festival voy a cantar de una manera tradicional y también haré una performance. Va a haber teatro de Yuyachkani, películas como ?El perro del hortelano?, donde actúo, el documental de Wilson Martínez ?La historia del caucho?. También se van a unir otros personajes a esta cruzada de ayuda que será el 14, 15 y 16 de agosto. Apoyar la causa amazónica es también salvar a los sabios de mi pueblo. Ellos son como una biblioteca o un museo andante, que llevan nuestras historias a cuestas.





El dato





El Festival de las Artes por los Sabios y Sabias de la Amazonía se llevará a cabo el 14, 15 y 16 de agosto a través de Zoom y Facebook. La colaboración es de S/30. Visite www.facebook.com/CuruwinsiCine.





Lea la entrevista completa en la web:





www.elcomercio.pe/luces