Jueves, 26 de Marzo de 2026

Expertos y admisión escolar

ChileEl Mercurio, Chile 1 de enero de 2025

Los niveles de satisfacción con el sistema no son robustos y hay enormes desafíos que abordar para fortalecer su legitimidad.

La mesa convocada para revisar el sistema de admisión escolar, acuerdo tomado en la reciente discusión presupuestaria, tiene escaso tiempo para desarrollar su tarea, toda vez que en febrero se sintetizarían sus planteamientos, para incorporarlos en un proyecto de ley a presentarse en marzo. Esta labor se realizará sin estudios detallados que permitan una evaluación más profunda. Por ello, es curioso que la comisión esté integrada solamente por expertos que tienen posiciones públicas bastante definitivas, a pesar de -salvo algunas excepciones- no haber participado en investigaciones detalladas sobre la materia. Es evidente, por otra parte, la ausencia de familias y colegios, que son los que experimentan el funcionamiento del sistema y que seguramente tienen mucho que decir al respecto. Tampoco parece haberse considerado a quienes puedan aportar sobre los efectos en el bienestar de los estudiantes y sus familias de mecanismos alternativos al que se utiliza en Chile, a propósito del debate que existe en otras latitudes (Boston, Nueva York, Ámsterdam, entre otras ciudades)
En ausencia de esa evidencia, aquí se ha insistido mucho en que un poco más de la mitad de los estudiantes quedan hoy aceptados en su primera preferencia. Sin embargo, aunque positivo, este indicador por sí mismo no es suficiente para garantizar dicho bienestar y tampoco para cumplir los propósitos con los que el sistema fue introducido. Hay que recordar que, en su momento, se argumentó que iba a contribuir a reducir la segregación. Sin embargo, de las pocas cosas que sabemos sobre su funcionamiento, es que este objetivo no se ha cumplido. No sería extraño que la comisión quisiera influir en esta posibilidad por la vía de cambios en las prioridades actualmente definidas en estos procesos, y que están descritas en la ley. Sería un error. Este es un problema en el diseño inicial del sistema que debería revisarse. En varias de las experiencias comparadas, las prioridades objetivas son determinadas por los planteles escolares. Por supuesto, son prioridades genéricas y no caso a caso, pero esta posibilidad otorga autonomía al colegio respecto de una decisión del Estado que es finalmente arbitraria y, por tanto, no mejor que otras definidas por cientos de sostenedores.
Asimismo, en la experiencia comparada, existe la posibilidad de que los colegios tengan un número acotado de cupos para decidir, de acuerdo con criterios objetivos, la selección de estudiantes. Esta es una "válvula" que permite aliviar tensiones en las comunidades educativas. La experiencia de las universidades chilenas es decidora. Si bien el sistema centralizado es el mecanismo preferente de acceso a ellas, hasta un 20 por ciento de la matrícula puede ser llenado por vía especial, de nuevo, según criterios objetivos que tienen que estar debidamente informados. No se ha sabido que este camino sea mal utilizado. Por supuesto, un mecanismo de admisión centralizado tampoco es incompatible con un acceso por mérito o aptitud académica, como ocurre parcialmente en Nueva York o Ámsterdam. Son decisiones independientes y la prohibición actual debería revisarse. Desde el punto de vista de la movilidad social, fue equivocado tomar esa opción.
Una de las quejas al sistema de admisión nacional es que no es capaz de medir la intensidad de las preferencias. Aquí también descansa una de las críticas, a menudo implícitas, que tienen las familias. Si esto es así, maneras levemente distintas de plantear el algoritmo de selección podrían producir -al menos en teoría- mayor bienestar, reduciendo los cuestionamientos. Y es que los actuales niveles de satisfacción con el sistema no son particularmente robustos, a pesar de que en la primera etapa de postulación aproximadamente un 93 por ciento de los estudiantes queda en alguna de sus preferencias. El punto es que la confianza en las segundas y terceras preferencias no es particularmente elevada; de hecho, una proporción significativa de las ofertas de matrícula se rechaza. Hay, entonces, enormes desafíos para lograr tener un sistema de admisión escolar altamente legitimado. Cabe esperar que la comisión logre encontrar soluciones que lo potencien.
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