Es un buen momento
No pensé estar vivo para ver a Estados Unidos mutar en aquello contra lo que peleó en la guerra, lo que habla de mi ingenuidad porque, pensándolo bien, si algo tiene ese país, ya sea por las armas o por el cine, es imponer su forma de vida
No pensé estar vivo para ver a Estados Unidos mutar en aquello contra lo que peleó en la guerra, lo que habla de mi ingenuidad porque, pensándolo bien, si algo tiene ese país, ya sea por las armas o por el cine, es imponer su forma de vida. Lo dijo hace más de treinta años uno de los mejores comediantes nacido allí: si alguna vez pelearon contra Alemania fue porque quería dominar el mundo, y eso solo lo pueden hacer ellos. De ahí que lo que está pasando con Trump y Musk sea aterrador, mas no sorprendente. Uno ve a esos dos personajes y parecen tiranos. Lo que llevan haciendo durante años ante la pasividad de unos y la admiración de otros es provocar por placer. Empiezan con murmullos, haciendo comentarios "chistosos" y soltando ideas al azar para ver cómo reaccionan los demás, y así tantean la situación a ver hasta dónde los dejan llegar. Pero más que tiranos son inmaduros, parecen adultos que quieren tener el control, pero son niños que no quieren soltar su juguete y le tienen miedo a todo. Están tristes, rotos por algo que les ocurrió en el pasado, y eso los vuelve agresivos. Sin embargo, en vez de lidiar con sus traumas en silencio e ir al sicólogo una vez a la semana como hace la gente, se ponen a impartir odio y a volver ilegal todo aquello que no les gusta. No les interesa ser inclusivos, incapaces de ver y aceptar lo que se les sale de la cuadrícula. Tampoco quieren un mundo mejor, quieren sentirse seguros y, en el camino, llenarse los bolsillos si es posible. Para ellos, cualquier persona con pensamiento crítico o ideas "raras" es una amenaza para el sistema porque les resulta incomprensible que se pueda convivir entre la diferencia; la vida es más bien una competencia donde hay que luchar por la supremacía de unos y la aniquilación de otros. Hablan todo el tiempo de libertad, libertad de expresión principalmente, pero se refieren a la suya. No es que quieran pluralidad de opiniones, sino poder decir (y luego hacer) lo que se les antoje sin repercusiones. Y los que no son como ellos bien pueden ir a botarse de un puente. Han empezado anunciando cárcel y deportaciones, quizá pronto decretarán ejecuciones, porque gente perversa con fachada de preocupada por el mundo hay en todo lado: están entre nosotros, son nuestros vecinos y amigos. Pasa con algunos empleadores, que volverían al esclavismo si la ley se los permitiera. Pagarían con comida en vez de dinero, harían dormir a los empleados en galpones en el mismo sitio donde trabajan, darían latigazos a los flojos y al final les darían un balazo en la cabeza para que no estorben. Lo otro que llama la atención es la obsesión con todo lo que tenga que ver con lo nazi, empezando por piezas de museo como uniformes militares y armas, y terminando con la palabra misma. Lo que antes era una expresión para catalogar a miembros del partido alemán del siglo pasado, ahora es una pelota que se lanza entre bandos opuestos. Es como si en el fondo el mundo estuviera obsesionado con el asunto, condenándolo por fuera, pero sintiendo una rara fascinación por dentro. Por eso, en vez de enterrarlo en el olvido, o de usarlo como referencia para que nunca vuelva a pasar algo parecido, se mantiene vivo en todo tipo de discusiones. Pasa hasta con Petro, que está del lado opuesto al autoritarismo. Basta con ver cómo usa el término ‘nazi’ con frecuencia y menciona a Goebbels cada vez que puede, como si en vez de denunciarlo admirara sus técnicas de comunicación. De hecho, las aplica, porque si hay alguien que esparce información falsa y usa tácticas de saboteo es nuestro Presidente. Por eso creo que es un buen momento para empezar a temer de verdad por nuestras vidas y ver la descomposición de Occidente mientras muchos aplauden el discurso de odio. Al fin, la destrucción de la sociedad como la conocemos, porque parte de lo bello de estar vivo es ver al mundo caer y rehacerse de nuevo.
La descomposición de Occidente
Adolfo Zableh Durán