Expulsiones escolares se disparan en ocho años: ¿qué hay detrás del fenómeno?
Además de un efecto pospandémico, expertos apuntan a la crisis de autoridad, un menor compromiso de las familias y a las redes sociales como aspectos clave.
En 2024, las expulsiones y cancelaciones de matrícula en los colegios alcanzaron un récord histórico de 2.458 casos, según datos de la Superintendencia de Educación. Una tendencia que se disparó tras la pandemia: mientras en 2019, antes de la crisis sanitaria, el total de estas sanciones sumó 692, en 2023 la cifra ya había escalado a 1.761 (ver infografía).
¿Qué hay detrás del fenómeno? Si bien la pandemia es una causa evidente por los efectos que provocó en los estudiantes, entre ellos ansiedad, depresión y falta de desarrollo de habilidades sociales; expertos exponen otros factores que estarían influyendo en problemas de conductas más graves y actos de violencia que derivan en una expulsión.
A nivel estructural, si bien desde el Mineduc han destacado que el Sistema de Admisión Escolar (SAE) promueve la equidad, ya que los colegios financiados por el Estado no pueden seleccionar a sus estudiantes, para María Paz Arzola, investigadora del centro de estudios Libertad y Desarrollo, ese mecanismo no incentiva a que las familias se identifiquen con el proyecto educativo de cada escuela, lo que generaría menor compromiso con las normas.
"El resultado de ello ha sido un manejo más dificultoso del aula, familias menos comprometidas y una mayor ocurrencia de conflictos que, a la luz de estos datos, podrían estar también dando pie a la aplicación de más sanciones", señala.
Cristián O'Ryan, exsuperintendente de Educación y actual vicepresidente ejecutivo de los colegios jesuitas, coincide: "Es muy importante que las familias busquen un proyecto educativo que les haga sentido, pero hoy tenemos un sistema de admisión que atenta contra eso. Cuando tienes familias que adhieren a tu proyecto, es mucho más fácil poder avanzar con ellas en la formación conjunta de los hijos. A veces, los padres se desentienden".
Otra hipótesis, suma Jorge Varela, director del Laboratorio de Convivencia UDD, "podría ser la aplicación de la Ley Aula Segura para casos de actos violentos, por ejemplo, porte de armas o agresiones más graves, donde se facilitan los procesos de cancelación de matrícula".
Una crisis de autoridad generalizada también sería un factor que influye. En esa línea, Varela plantea que tras "el estallido social podemos hablar de una crisis de autoridad no solo en el colegio, sino en el mundo adulto". "Es probable que la crisis de autoridad sea la causa de fondo del problema. Se ha ido perdiendo respeto a la autoridad y los profesores lo resienten", sostiene Arzola.
El profesor Manuel Puebla lo confirma: "Muchas familias perdieron ciertos límites en la casa, la autoridad, y fueron entregando esa responsabilidad al colegio". O'Ryan también lo observa. "Hay poco respeto a la autoridad y a las normas. Y también hay un componente de los padres que, en general, no apoyan la autoridad dentro de la sala de clases, y los estudiantes lo notan", dice.
Manuel Urrutia, director del Instituto Politécnico María Auxiliadora, de Puerto Montt, suma otro elemento: las redes sociales. "Hemos visto que se han transformado en una herramienta para ejercer la violencia, sobre todo a nivel psicológico, y eso detona situaciones de desregulación emocional y conductual que son mucho más marcadas", plantea.
Asimismo, habría falta de capacitación docente y de recursos para abordar problemas de convivencia mayores. "Los colegios no tienen el capital humano para poder abordar los 40 universos que hay dentro de una sala de clases", advierte Puebla y agrega que eso "agota, desgasta, porque no eres solo docente, también eres contenedor, mediador, psicólogo y abogado sin título".
Cómo abordarlo
"Expulsar a un alumno no resuelve el problema, simplemente, se lo traslado a otra persona", plantea Varela. Por lo mismo, expertos coinciden en que es necesario fortalecer ámbitos como el desarrollo socioemocional, el involucramiento de las familias y la prevención.
"Hay factores que permiten una detección temprana de comportamientos disruptivos en el aula, para los que debieran existir determinados protocolos y acompañamientos que no existen en todas las escuelas y que no han sido relevados por parte de los gobiernos", dice Claudio Allende, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación, de la U. de Chile.
Sebastián Ortiz, académico de la U. de Playa Ancha, suma que es necesaria "una disciplina que busque el diálogo y la toma de acuerdo colectivos, así como procesos de contención y mediación".
Para O'Ryan, en tanto, un foco clave es que exista un lineamiento desde la política pública respecto a volver a respetar la autoridad: "Hoy está avanzando la ley de convivencia, que va por el camino equivocado, porque no necesitamos más normas, necesitamos políticas que tengan que ver con avanzar en el respeto, en los derechos y deberes mutuos".
''Es probable que la crisis de autoridad sea la causa de fondo del problema. Se ha ido perdiendo respeto a la autoridad y los profesores lo resienten".
MARÍA PAZ ARZOLA, INVESTIGADORA LIBERTAD Y DESARROLLO
''Las redes sociales se han transformado en una herramienta para ejercer la violencia, sobre todo a nivel psicológico, y eso detona situaciones conductuales mucho más marcadas".
MANUEL URRUTIA, DIRECTOR INSTITUTO POLITÉCNICO MARÍA AUXILIADORA
''Es muy importante que las familias busquen un proyecto educativo que les haga sentido, pero hoy tenemos un sistema de admisión que atenta contra eso".
CRISTIÁN O'RYAN, EXSUPERINTENDENTE DE EDUCACIÓN