Bullying de Estado contra las críticas y los argumentos
Javier Milei junto a Donald Trump
Todos los días se aprende algo nuevo: el británico Tim Field es citado por los académicos como uno de los más agudos teóricos del mobbing
Javier Milei junto a Donald Trump
Todos los días se aprende algo nuevo: el británico Tim Field es citado por los académicos como uno de los más agudos teóricos del mobbing . Este fenómeno de acoso laboral podría adaptarse a la política, aunque siempre de una manera imperfecta: un país no es una empresa, pese a que Trump crea lo contrario. El perfil del acosador laboral, sin embargo, guarda algunos parecidos con el acosador político: se inclina por decir mentiras y editar la verdad para acusar a su víctima de todo; sobreactúa seguridad en sí mismo y oculta baja autoestima, que compensa con un hostigamiento constante; suele ser vengativo y vapulear al objeto de sus acciones; simula cordialidad y esconde una gran ira interior; jamás hace autocrítica y culpa de sus derrotas a otros: busca todo el tiempo chivos expiatorios, y disfruta ejerciendo la humillación. Ambos abusan del poder, difaman a los demás y generan a su alrededor un ambiente tóxico y servil; gente rota, que viene a romper . El mobbing tiene consecuencias judiciales y es vigilado por las corporaciones privadas más modernas; como cultura política, no obstante, goza de buena salud y hasta es reconocido como una herramienta efectiva para "domar" a disidentes y amedrentar opositores.
El perfil del acosador laboral guarda algunos parecidos con el acosador político: se inclina por decir mentiras y editar la verdad para acusar a su víctima de todo
El líder populista es esencialmente un acosador moral con coartada altruista -se autopercibe un revolucionario: el fin justifica los medios-, y a Javier Milei ese traje le va como pintado. Su brillante estratega, que se ganó el puesto porque no quiso cambiar al León, tuvo la astucia de confeccionarle un arma arrojadiza a su medida, un modus operandi de juicio y castigo a la crítica en las redes sociales, con desacreditación del oponente, patrullaje de la opinión discordante, montajes falsos y escraches bajunos: un 678 de dimensiones oceánicas. Luego el Presidente, a su vez, confirma con su propia personalidad esa metodología: su carácter exuda las mismas características de sus empleados y fanáticos; le encanta "guantear" a sus objetores .
La experiencia demuestra que ningún gobernante se abuena o democratiza a medida que corre el tiempo en el poder; más bien, todo lo contrario
Para sus groupies y militantes, y para muchos miembros del sistema de medios, la verdad y el insulto consisten en lo que el líder subjetiva y arbitrariamente determina. Cualquier crítica resulta así una mentira y una ofensa, y puede ser contestada con el agravio más grande y la piña simbólica más demoledora. A Javier Milei, este articulista jamás lo llamó imbécil, ni estúpido ni corrupto, ni mucho menos mono sodomizado o ser repugnante, pero el jefe del Estado se sintió habilitado para proferir todas esas injurias "en defensa propia", con una respuesta cargada de odio y completamente desproporcionada . Sus subordinados, que todavía son más creativos, ampliaron la zona de calumnias y ultrajes. La experiencia demuestra que ningún gobernante se abuena o democratiza a medida que corre el tiempo en el poder; más bien todo lo contrario: el sujeto tiende usualmente a cargarse con más encono, a radicalizar sus posiciones y a perfeccionar las represalias contra las voces incómodas.
Es increíble que hayamos regresado a la prehistoria y tengamos todavía que explicar la importancia de las reglas de juego en una democracia liberal
La saña del libertario no se concentra en los acólitos del "movimiento nacional y popular", sino en el campo republicano. No hay inocencia ni impulsividad en esa persecución: da por perdidas las otras audiencias y votos, y quiere encarnar no el Anticristo sino el AntiKirchner , y ser el monarca único e indiscutido de todo ese amplio valle. Cualquier divergencia en ese sector de tan diferentes sensibilidades políticas e ideológicas es tomada como un gravísimo acto de insubordinación y pone en riesgo su proyecto. La "ofensa" esta vez consistió en cuestionar "el gran secreto" según el cual estos genios tienen fríamente calculado hasta el error. Esa narrativa -somos los mejores del mundo, todo estaba decidido desde agosto y aun hasta la desesperante hemorragia de reservas, la ampliación de la brecha, la inflación de marzo y la suba del riesgo país formaban parte del "plan maestro"- no puede flaquear, puesto que sobre ella se edifica la idea del mesías infalible. Negar que falló al gastar cientos de miles de dólares para llevarse una foto y un encuentro de apoyo con Trump en Mar-a-Lago y trajo solamente un acrílico ganado junto a Natalia Denegri , es una tontería: fueron fuentes del mismo Gobierno quienes avisaron a la prensa para que estuviera atenta porque esa "cumbre" se iba a realizar. Que luego haya visitado la Casa Rosada el secretario del Tesoro -notable gesto trumpista- no borra el bochornoso episodio anterior, solo calma con más rabia el alma atormentada del jefe de Estado . Dicho sea de paso: es probable que este programa, que en parte le hace honor a tantos reclamos desatendidos formulados por los "mandriles", le permita llegar en excelente forma a octubre y, con su polémica política de dólar barato, logre ganar bien las elecciones de medio término. Enhorabuena. Eso tampoco borrará que el programa inicial estaba mal pensado y que debieron dinamitarlo para poner en práctica uno nuevo. Pecaron de soberbios, se equivocaron y lo enmendaron. Aseverar que este análisis "envenena la cabeza de la gente" y constituye una afrenta, y llegar a la conclusión de que debe ser respondido con bullying de Estado va mucho más allá de la catarsis: consagra la intimidación y promueve la autocensura. Por lo que se ve, al vocero presidencial eso tampoco lo preocupa demasiado; nos dejó el otro día una frase sincericida: "Por cuidar las formas estamos como estamos". El libertarismo es un "pensamiento confrontativo con la democracia", como señaló Pablo Gerchunoff . Pero Manuel Adorni falta a la verdad cuando afirma que este gobierno no se queja de los periodistas e invitados de la televisión; tal vez no lo haga él en persona, pero por encima o al lado hay muchos que se sienten habilitados a mandar mensajes enfurecidos a raíz de la presencia en pantalla de determinados contradictores. Es increíble que hayamos regresado a la prehistoria y tengamos todavía que explicar la importancia de las reglas en una democracia liberal, donde es sano y fundamental un periodismo fiscalizador y voces cuestionadoras . Resulta profundamente autoritario y capcioso confundir a quien discrepa con quien "opera": el primero ejerce su criterio con honestidad; el segundo tiene interés partidista o pecuniario; también lo es desdeñar a cualquiera que no piense como la tribu oficial, porque eso desnuda una clara discriminación ideológica. Practicar el mobbing desde la residencia de Olivos y contar con una claque fiel que reparte la hiel no demuestra superioridad moral, sino una peligrosa baja autoestima.