El dilema de TVN
Seguir eludiendo el urgente debate sobre el futuro del canal público solo prolongará su desangramiento.
La reciente declaración del directorio de TVN -cuyas sensibilidades cubren el espectro político de izquierda a derecha y que fue suscrita por la unanimidad de sus miembros- pone al Estado de Chile, su dueño, ante un ineludible dilema. En efecto, en esa declaración el directorio afirma haber acordado "no seguir endeudando a la empresa para financiar gasto corriente" porque "sería irresponsable hacerlo". Agrega que las pérdidas en 2024 por más de 15 mil millones de pesos y los pasivos financieros por 67 mil millones así lo aconsejan. A su vez, el presidente del directorio, el exministro de los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, Francisco Vidal, indicó que el modelo del canal "está agotado", por lo que el Ejecutivo y el Congreso, como representantes del Estado, deben ahora definir su futuro a la luz de estos antecedentes.
Por su parte, la anterior presidenta de TVN durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, Anita Holuigue, reaccionó a dicha declaración, y mediante una carta pública aseveró que su administración entregó "un canal viable", con utilidades por más de 8 mil millones y una deuda financiera neta de 25 mil millones. Sin embargo, y a pesar de ese esfuerzo, resulta difícil pensar que una industria -la televisión abierta- cuyo modelo de negocios se encuentra tremendamente desafiado en todo el mundo, pueda salir adelante en manos del Estado en cualquier escenario. Además, su estatuto orgánico le impone entregar una serie de prestaciones, culturales y de otra índole, que implican una carga financiera adicional, por lo que lo más probable es que mantenerlo hacia el futuro signifique un drenaje permanente de recursos públicos.
Desde hace tiempo, los cambios tecnológicos que la digitalización ha introducido han modificado el tradicional modelo de negocios de la televisión abierta, basado en la publicidad. Esta última ha tendido a concentrarse en las plataformas por las opciones que ofrecen para llegar al público de manera más dirigida y precisa. Además, el streaming se ha posicionado como alternativa de entretención e información, con un modelo basado en pagos mensuales que los usuarios realizan, sustituyendo en muchos casos a la publicidad. En este contexto, no obstante la importancia que la televisión abierta sigue teniendo como medio masivo, toda la industria enfrenta un panorama complejo frente al cual el diseño con que TVN logró sus mejores resultados en las décadas de 1990 y 2000 parece cada vez más inviable.
Así las cosas, todo indica que, para el canal público, mantener su actual situación implicará seguir desangrándose de manera más rápida o lenta. Ante ello, aparecen dos posibles opciones. La primera es cerrar de manera definitiva, liquidar sus bienes y con ello desvincular a sus trabajadores y pagar sus pasivos, y recurrir al Estado si quedan pasivos adicionales que honrar. La otra es modificar radicalmente el contenido de sus programas, transformándose en un canal noticioso y cultural de cobertura nacional, cuyo objeto sea entregar información confiable y balanceada a la población, como un servicio público orientado a ello. Eso requiere reducir su planta y su infraestructura al mínimo necesario, conformarse con una audiencia mucho más disminuida, y reforzar su gobernanza de modo de dar garantías a todos los sectores de independencia del gobierno de turno. Su financiamiento sería provisto por rentas generales de la nación, con un monto anual determinado democráticamente por el Congreso en el debate presupuestario, pero con un horizonte de largo plazo, que asegure su continuidad para atraer el talento necesario para realizar esa delicada tarea. Por cierto, la experiencia internacional ilustra las dificultades de este camino y la permanente tentación del mundo político por interferir; aun así, ha habido algunos modelos exitosos que cabría analizar.
Como sea, si la discusión solo se centra en continuar bajo el actual esquema -haciendo abstracción de que incluso los canales privados enfrentan hoy delicados desafíos-, se corre el riesgo de aumentar el endeudamiento y las pérdidas anuales, lo que solo postergará el momento de la verdad.