Jueves, 26 de Marzo de 2026

Principios y preceptos teóricos

ColombiaEl Tiempo, Colombia 19 de julio de 2025

La época actual no es la mejor para nuestra democracia

La época actual no es la mejor para nuestra democracia. Hemos retrocedido. Se está haciendo un uso equivocado de las atribuciones conferidas a los titulares del poder público. Están siendo inaplicados los principios fundamentales y son incumplidas muchas normas constitucionales. Gobierno, legisladores, partidos, expresidentes y precandidatos, en medio de intolerancia y polarización -estimulada en redes y medios-, parecen haber olvidado que hay unos objetivos institucionales de beneficio común, a cuyo logro debería orientarse la actividad estatal y la de quienes aspiran a asumirla en el futuro. Como dice el preámbulo de la Constitución, el Estado existe para fortalecer la unidad de la Nación -no para dividirla- y para asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz. No de cualquier manera sino "dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo". Los servidores públicos están para trabajar en beneficio de la sociedad. Se trata del interés y del bien colectivo, no de satisfacer el ego del gobernante, ni de alcanzar los objetivos de un determinado grupo o partido. Según las normas fundamentales, las ramas y órganos estatales, aunque son independientes y tienen funciones separadas, deben actuar en colaboración armónica, para la realización de los aludidos fines. Al Congreso corresponde legislar y ejercer el control político sobre el gobierno y la administración. El presidente de la República -a la luz de la Constitución-, simboliza la unidad nacional y al prestar su juramento, se obliga a garantizar los derechos y libertades "de todos los colombianos". La administración de justicia es independiente e imparcial y sus decisiones deben ser respetadas. Hoy, todo eso es, en gran parte, pura teoría. Lo decimos con gran respeto. Lo que vemos a diario no es la armónica colaboración entre quienes ejercen el poder público, con miras a satisfacer las necesidades y urgencias de la sociedad -en materia social, económica, en la salud, en la educación, en la vivienda, en el trabajo-, sino el permanente y cada vez más agresivo enfrentamiento político. En vez de legislar, en el Congreso se bloquean los proyectos o se archivan sin permitir su discusión, creyendo que se causa daño al Ejecutivo cuando en realidad el perjudicado es el país. Algunos congresistas, en vez de acudir a los debates, prefieren grabar videos contra iniciativas y proyectos, presentar demandas infundadas, escribir cartas o viajar a otros países, buscando injerencia extranjera en el ámbito de nuestra soberanía. El Gobierno insiste en dialogar con organizaciones terroristas que no tienen voluntad de paz y que, en cambio, se fortalecen y siguen ejerciendo la violencia y la actividad criminal. El presidente de la República, en inapropiado uso de alocuciones y consejos de ministros, dedica horas de televisión a atacar a sus contradictores, a descalificar decisiones judiciales, a reconvenir a sus colaboradores, pero, dada la extensión e improvisación de sus exposiciones, la audiencia pierde de vista el fondo de muchas propuestas, informaciones y denuncias. Entre tanto, en varias regiones persisten los paros, bloqueos y cierres de vías por causa de promesas oficiales incumplidas. La crisis de la salud continúa sin solución, sigue el anormal suministro de medicamentos, las EPS no pagan sus deudas, y se denuncia antigua corrupción no investigada. En el terreno político, se ha llegado al extremo de conspirar contra las instituciones, proponiendo golpes de Estado. Y el uso abusivo de la libertad de expresión ha dado lugar a indebidas presiones sobre jueces y magistrados respecto a próximas decisiones con incidencia política, desconociendo su autonomía e independencia. Por si algo faltara, ahora pretenden burlar la prohibición constitucional (Acto Legislativo 2 de 2015), mediante candidaturas vicepresidenciales de expresidentes de la República. Es necesario replantear muchas cosas y cumplir la Constitución.
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