Blanca Rosa Flores: Más de noventa años tejiendo la memoria de Rari
Las piezas que crea son reconocidas en todo Chile. Acá repasa una vida ligada al oficio que recorre a su pueblo por más de 200 años. "Todos mis hijos, incluidos los hombres, saben tejer, y tres hijas se dedican a esto. Pero son pocas las nietas que saben, ya que estudian y se dedican a su profesión. Yo espero que esto no se pierda".
S u nombre evoca algo sutil y delicado, tal como la fina artesanía que por más de 90 años ha nacido de sus dedos. Ella es Blanca Rosa Flores, que con 95 años es la artesana más longeva de Rari, un pueblo que le ha dado también su nombre a la fina artesanía de crin de caballo y fibras vegetales que allí realizan principalmente mujeres.
Rari es un pequeño pueblo de la zona centro sur de Chile, con casas de un piso con techo de teja o lata, y con largos corredores al frente de la fachada. Allí, las artesanas de Rari buscan la sombra en las calurosas tardes de verano mientras tejen el crin, como le llaman a la destreza de ir pasando de un lado a otro las delicadas fibras del pelo de la cola de caballo. En invierno, en cambio, la actividad se traslada puertas adentro, generalmente en una silla instalada al lado de la estufa a leña.
Ubicada en la comuna de Colbún, en la provincia de Linares (Región del Maule), Rari es un rincón al que pocos llegan por estar alejado de la Carretera Panamericana. Aunque sí es una parada típica para los turistas que visitan las Termas de Quinamávida y Panimávida.
En este pueblo, que tiene un poco más de 500 habitantes, están las raíces de Blanca Rosa Flores. "Nací y he vivido toda mi vida en Rari, nunca he vivido en otra parte", cuenta con una voz tenue.
Hace poco una neumonía la postró varias semanas en cama y recién se está recuperando con la ayuda y cuidados, principalmente, de dos de sus hijas, aunque todos sus hijos "están al pendiente de ella".
Blanca Rosa Flores Medina nació el 30 de abril de 1930. Su madre, María Emperatriz Medina, le enseñó el oficio tal como su madre, Juana María Villar, se lo enseñó a ella. Así, esta tradición artesanal ha perdurado por más de 200 años, traspasándose de generación en generación.
Como un juego
Como la mayoría de las artesanas de Rari, Blanca Rosa comenzó a tejer a muy temprana edad. "Aprendí chica, a los cinco años, creo yo. Como todas, primero mirando a la mamá. Para nosotros era como un juego, ya que en esa época no teníamos juguetes. Así, de a poco, fuimos soltando la mano para tejer y lo primero que hacíamos eran las canastitas", cuenta.
Entonces, dice, la vida pasaba más rápido. A los 19 años murió su mamá y a los 23 años contrajo matrimonio con Luis Samuel Tapia Ramos, hombre de campo que se dedicó a labores de la construcción y a cultivar la tierra en una huerta que les ayudaba a tener para comer.
Al cumplir 36 años ya había tenido a sus doce hijos, de los cuales sobreviven once, ya que uno falleció con apenas ocho meses.
-Usted aprendió muy de niña a tejer, ¿qué recuerda de esa época? ¿Era muy distinta la artesanía a cómo se hace hoy?
"Cuando era niña hacíamos tejido con raíces de álamo. Íbamos a buscarla cerca de los canales y la secábamos para trabajarla. Pero la raíz comenzó a escasear, dicen que por los abonos. Con las raíces del álamo hacíamos canastitos bien bonitos.
Desde chica que vi a mi mamá y abuelita trabajar en el crin. Recuerdo que mi abuelita tenía un mate bien bonito con tres patitas que lo forró con crin y también forraba botellas. Con el crin se pueden hacer cosas mucho más bonitas, coloridas y finas. Es un trabajo muy delicado".
-¿De dónde obtiene los materiales?
"Usamos el crin que compramos de los mataderos. Se lava muchas veces para sacarle la grasa, la tierra y todo lo que tenga y, luego, lo peinamos. Tras limpiarlo, el crin de color negro y café lo dejamos tal cual, al natural. Pero el crin blanco lo teñimos del color que queremos. Ahora se usa anilina, pero antes se teñía con vegetales. Hoy también usamos una fibra vegetal bien delgadita, el tampico, que se trae de México. Pero ha estado escaso últimamente".
-¿Por qué cree que su trabajo ha sido reconocido?
"Sí, soy bastante conocida, señor. Soy la artesana más antigua que va quedando acá en Rari. Han muerto todas las antiguas. Me han venido a entrevistar varias veces de Chile y también de otros países. Pero no sé por qué soy reconocida, si yo me dedicaba a mi trabajo, nomás. Creo que me hice conocida porque siempre inventaba cosas. Me gustaba crear diseños distintos a los que existían, como las brujas y los ángeles. Lo clave es ponerle cariño, tener paciencia y dedicarle tiempo. Eso hace que las piezas queden bonitas".
-En la artesanía de Rari hay figuras bien conocidas como las brujas, las damas con sombrero y las mariposas, ¿cuál es la figura que más le gusta hacer?
"Hago muchas cosas, lo último son unos ramitos de globos. Pero hago también damas con canastito, brujas, cisnes y pajaritos. También ramitas de flores y rosarios. Lo que más me gusta son los ángeles y los rosarios".
-¿Por qué se dedicó a la artesanía?
"Me casé joven y necesitábamos plata, ya que teníamos muchos hijos. La artesanía que yo hacía nos ayudó mucho. Muchas veces yo paraba la olla con la plata de la artesanía porque mi marido tenía períodos en que estaba cesante. Me quedaba hasta tarde tejiendo, alumbrada con las velas, porque al otro día había que tener para el pan".
-¿Cuánto tarda en crear una artesanía típica como una brujita o una dama?
"Antes me demoraba un día en hacer una brujita, ahora como tres días. Mucha gente no entiende todo el trabajo que hay en cada una de las piezas que hacemos. Es tan fino el material que no se avanza tan rápido".
A pesar de que las artesanas de Rari han sido reconocidas por su trabajo único en el país, por mucho tiempo las piezas fueron mal pagadas. "Había gente que preguntaba si estaban hechas de plástico, porque muchas personas no las conocen bien", dice su hija, Berta Tapia.
Para revertir esta situación, las artesanas se unieron en "Maestra Madre", una agrupación que se creó para vender mejor la artesanía y a la cual pertenece Blanca Rosa.
El tiempo les ha dado la razón y el merecido reconocimiento: en 2010 el grupo de tejedoras de Rari fue declarado Tesoro Humano Vivo por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
En 2015, junto a Chimbarongo, Rari fue declarada Ciudad Artesanal del Mundo por el World Crafts Council y en 2018 el crin de Rari obtuvo el Sello de Origen, que reconoce productos que presentan atributos distintivos asociados a su lugar de origen.
Blanca Rosa también ha tenido reconocimientos individuales. En 2010, la presidenta Michelle Bachelet le otorgó personalmente el diploma que simbolizaba la pensión de gracia que se le otorgaba por su aporte al país. Y el año pasado fue reconocida como una de las 100 Líderes Mayores.
-¿Qué sintió al saber que estaba entre los 100 Líderes Mayores?
"Mucha alegría. Ya tengo tanta edad y nunca pensé que me iban a premiar. Sentí que era un reconocimiento a toda mi vida. Todos acá estaban muy contentos. Estaban admirados, orgullosos, querían ver el reportaje en el diario. Fue muy emocionante para todos aquí en Rari".
-¿Se ha preocupado de enseñar este arte a otras generaciones?
"A mis hijas, a las vecinas, a estudiantes de colegios, incluso venían a aprender desde las universidades. Y hacía clases en mi taller. Todos mis hijos, incluidos los hombres, saben tejer, pero tres hijas se dedican a esto. Pero son pocas las nietas que saben, ya que estudian y se dedican a su profesión. Yo espero que esto no se pierda".
Y agrega: "Hoy, cuando algunas vecinas tienen problemas en su tejido, todavía se acercan a pedirme consejos".
-¿Qué significa para usted haber llegado a esta edad?
"Ya no camino como antes, no puedo hacer tantas cosas. Pero estoy rodeada de mis hijos y nietos, y eso me da fuerza. Tejer me gusta, me siento útil, me da alegría y aunque ya no hago tantas cosas como antes, igual invento algo siempre, y cuando se vende, tenemos platita".
-¿Qué les diría a las nuevas generaciones sobre el valor de este oficio?
"Que no lo dejen morir. Que lo aprendan, lo cuiden, lo valoren. Es parte de nuestra historia".