Jugar en corto, la movida de Hacienda en manejo de deuda
El manejo de la deuda pública en Colombia atraviesa por un momento decisivo en el que, con un déficit fiscal que sigue presionando las finanzas del Estado y la urgencia de atender compromisos inmediatos, el Ministerio de Hacienda ha optado por una estrategia que los analistas definen como "jugar en corto" para evitar que la deuda pública se desborde
El manejo de la deuda pública en Colombia atraviesa por un momento decisivo en el que, con un déficit fiscal que sigue presionando las finanzas del Estado y la urgencia de atender compromisos inmediatos, el Ministerio de Hacienda ha optado por una estrategia que los analistas definen como "jugar en corto" para evitar que la deuda pública se desborde. Básicamente, los movimientos de la cartera dirigida por Germán Ávila, se centran en privilegiar la colocación de deuda en plazos breves, en especial a través de los Títulos de Tesorería de Corto Plazo (TCO), frente a los tradicionales TES de largo aliento. Para los expertos, aunque estas operaciones ayudan, no debe tomarse a la ligera. De acuerdo con un reciente informe del Banco de Bogotá, esta maniobra financiera ha permitido superar los apuros de liquidez y garantizar que el Gobierno pueda cumplir con los pagos más inmediatos. Sin embargo, advierten que la estrategia no está exenta de riesgos y que, de mantenerse sin ajustes, podría convertirse en una fuente de vulnerabilidad hacia el futuro cercano. Una estrategia para respirar Para explicar mejor su postulado, estos analistas contaron que en lo que va del año, El Ministerio de Hacienda ha recurrido de manera más activa a la emisión de TCO y explicaron que estos papeles, por su naturaleza de corto plazo, se convierten en una herramienta útil para enfrentar momentos de estrechez en la caja pública. "El Gobierno, al acudir a ellos, obtiene recursos de manera más rápida y con vencimientos relativamente cercanos, lo que le permite sortear compromisos inmediatos sin tener que depender de colocaciones a plazos más largos, que hoy son más costosas por el entorno financiero y las dudas sobre la sostenibilidad fiscal", manifestaron. De esta forma, el informe señala que este patrón es claro, ya que los TCO han ganado un protagonismo mayor en la estructura de deuda interna, con el fin de cubrir el déficit de corto plazo y garantizar que las obligaciones, tanto con acreedores como con proveedores y programas estatales, se puedan cumplir en los tiempos pactados. No obstante, son claros al decir que este cambio se traduce en una carga adicional para los próximos meses, dado que cada TCO emitido es una obligación que pronto habrá que refinanciar o pagar, lo que acumula presiones sobre las finanzas futuras y podría entenderse también como una forma de patear el déficit hacia adelante. "En cuanto a los títulos a corto plazo, desde el anuncio del cupo de emisión más alto en la historia, se dejó claro que este sería uno de los instrumentos más importantes en la estrategia de financiación de la Nación. Además de pagar sus acreencias a Ecopetrol por el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) con TCO, la Nación amplió el cupo de emisión de a 67 billones de pesos, emitió 6,3 billones de pesos de TCO para servir de colateral de las operaciones TRS (Total Return Swap) con la banca global y habilitó la opción de hacer colocaciones directas de TCO a entidades públicas", destacaron los analistas del Banco de Bogotá. El espejo de los TES Por otra parte, Investigaciones Económicas del Banco de Bogotá cuenta que aunque los TES tradicionales han perdido peso en las últimas subastas y que el mercado pareciera tener apetito por su nueva forma de juego, ya que su menor participación refleja no solo la preferencia del Gobierno por cubrir necesidades inmediatas, sino también un entorno menos favorable para las emisiones de largo plazo. "Si bien esto le ha dado (y daría) recursos a la Nación, también ha acrecentado los riesgos de refinanciación para el 2026 en la medida que el pago por el vencimiento del TCO para marzo y junio de 2026 rondan los 15,4 y 16,7 billones de pesos respectivamente. Para atender esto, la Dirección de Crédito público busca cambiar por completo la estructura de este mercado", dice el reporte. Así mismo, indicaron que el mercado ha mostrado cautela frente a la compra de TES más extensos, pues percibe riesgos asociados con la regla fiscal, la incertidumbre tributaria y las tensiones políticas y en este sentido, los inversionistas demandan mayores tasas para prestar a plazos largos, encareciendo la operación y restándole atractivo a esa fuente de recursos. Es por esto que el Banco de Bogotá advierte que la apuesta por los Títulos de Tesorería de Corto Plazo está ayudando a sortear el presente, pero a costa de debilitar el frente de largo plazo, que es esencial para la sostenibilidad de la deuda pública. Riesgos en la refinanciación El informe es claro en señalar que esta estrategia incrementa el llamado "riesgo de refinanciación", que no es otra cosa que mientras más se concentren las emisiones en vencimientos cortos, mayor será la necesidad de acudir constantemente al mercado para renovar esas obligaciones. Así mismo, resaltaron que este fenómeno tiene varias consecuencias, comenzando por un aumento de la exposición del Gobierno a cambios en las condiciones financieras, ya que si las tasas de interés suben o si la confianza de los inversionistas se deteriora, cada renovación se hace más costosa y difícil. La segunda, un efecto en la percepción de riesgo del país, teniendo en cuenta que una deuda excesivamente concentrada en plazos cortos puede generar dudas sobre la capacidad para cumplir las obligaciones y elevar la prima exigida por los acreedores. Y la tercera, una presión permanente sobre la gestión de caja, puesto que en lugar de concentrarse en diseñar una estrategia de largo plazo, el Ministerio de Hacienda se ve obligado a atender el día a día, reduciendo su margen de maniobra. Un equilibrio delicado Con todo lo anterior, la idea central de este informe gira alrededor de que el reto está en encontrar un balance y advierte que no se puede sostener indefinidamente un esquema basado en TCO, porque tarde o temprano las cuentas vencen y que el endeudamiento a corto plazo puede ser útil como herramienta transitoria, pero si se convierte en la norma, el riesgo de refinanciación puede dispararse y comprometer la estabilidad financiera del país. En este sentido, el Banco de Bogotá recomienda que, paralelamente a la emisión de TCO, se retome la senda de colocaciones a plazos más largos, incluso si ello implica pagar un mayor costo en el corto plazo y cierra diciendo que la idea es repartir las cargas y asegurar que el perfil de deuda del país sea más equilibrado, con vencimientos diversificados que reduzcan la vulnerabilidad.