El riesgo de forzar la unidad
Jorge Restrepo
Muchos ven un riesgo electoral en la multiplicidad de aspirantes a la Presidencia
Jorge Restrepo
Muchos ven un riesgo electoral en la multiplicidad de aspirantes a la Presidencia. El argumento sostiene que son tantos los candidatos que los electores no sabrán por quién votar, pues no encuentran cómo diferenciarlos y que, como no podemos escucharlos a todos en igualdad de condiciones, la dispersión impide que el electorado tome decisiones informadas. A renglón seguido, y tras una descalificación colectiva de los aspirantes, viene el llamado a la unión, como el mecanismo ideal para que podamos decidir bien, entre pocos. En mi opinión hay otros riesgos, graves, inminentes: el más serio, candidatos sin experiencia o conocimientos en asuntos de orden nacional (relaciones internacionales, seguridad, finanzas públicas, etc.) que de ser elegidos repetirían un gobierno de aprendices. Gobernar a Colombia no es cuestión de "rodearse bien" o contar con "un equipo de los mejores asesores", y sabemos que no es suficiente con tener (mal) carácter o haber conducido un equipo en una oficina. Otro riesgo notorio son los compromisos de los aspirantes con grupos de interés, incluso con regímenes hostiles a Colombia. Más allá de la influencia y la financiación, que puede ser legal, sabemos que no tenemos las instituciones judiciales y de seguridad, ni un régimen penal que permita detectar, probar y castigar la financiación de fuentes prohibidas y la violación de topes. Además, ninguno de estos dos serios riesgos se origina o crece con el número de aspirantes, ni tampoco se neutraliza si hay menos candidatos: ambos riesgos se materializaron en el pasado con pocos aspirantes. Nuestro sistema electoral, por otro lado, sí tiene mecanismos que permiten depurar el número de candidatos y que el resultado sea bastante independiente de alternativas irrelevantes: una campaña larga, aunque costosa, muestra las carencias y los compromisos de los candidatos; las consultas internas depuran candidaturas en los partidos; las interpartidistas los depurarán en marzo aún más; y hasta la costosa y difícil recolección de firmas dejará fuera a varios. Buscar la unidad, depurar "a la fuerza" el listado de aspirantes, no sólo es contrario al derecho de cualquier persona a participar y buscar ser elegida, sino que puede sacar a los mejores y sesgar a los votantes, como ocurrió en México: allí un esfuerzo de unidad llevó a que los candidatos contrarios al oficialismo, los partidos y los advenedizos, se pusieran todos de acuerdo en un ejercicio que combinaba las reglas de consultas interpartidistas con encuestas para seleccionar una candidatura única. Sucedió lo evitable: el triunfo del oficialismo ante una candidata indefinible, tutti fruti. La mejor estrategia para que gane el oficialismo en Colombia es esa: la unidad forzada. Los otros riesgos sí que los logra neutralizar un debate vigoroso, que exponga la falta de experiencia, la ignorancia, los conflictos de interés y los compromisos de los aspirantes condicionados. Organizar muchos debates, así sean de muchos, es lo que permite informar a los ciudadanos, no acallar a las mejores alternativas.
Profesor de economía, Pontificia Universidad Javeriana. X:@jorgearestrepo