Licorera de Caldas alerta que alza de impuestos dispararía el contrabando
laura lesmes díaz - redacción economía y negocios laules@eltiempo
laura lesmes díaz - redacción economía y negocios laules@eltiempo.com
Desde Manizales y "a 2.200 metros en un bosque de niebla", la Industria Licorera de Caldas (ILC) quiere jugar en las grandes ligas. Su gerente, Diego Angelillis Quiceno, asegura que el camino es claro: innovación constante, experiencias de marca, sostenibilidad verificable y una apuesta decidida por la internacionalización del ron y la expansión del aguardiente amarillo en Colombia tras la apertura de fronteras departamentales. ¿Cuál es el camino que debe seguir ILC para continuar vigente y competitiva? El camino es el mismo que debe seguir toda empresa que quiere perdurar en el tiempo: continuar con los procesos de innovación y creatividad. Hay que llegar de la mejor forma al consumidor, ofrecerle nuevas posibilidades y transformar el momento de ingerir una bebida alcohólica en una experiencia especial. No se trata solo de felicidad o celebración; buscamos que sea una vivencia única que represente a nuestra región andina. La ILC es hoy una de las mejores fábricas de licores del mundo. Aunque existen multinacionales gigantescas, como fábrica estamos entre las diez más importantes globalmente. Esa posición se logra innovando, diferenciándonos y mostrando que hacemos las cosas de manera única. ¿Cómo se logra que una empresa centenaria siga vigente en un mercado tan cambiante? Una compañía que quiere vivir más de cien años debe reinventarse constantemente. Las fábricas de licores en Colombia fueron, por mucho tiempo, monopolios departamentales. La ILC rompió ese modelo: desde un departamento pequeño como Caldas, entendimos que había que competir en otros mercados y eso nos hizo más fuertes. Esa cultura de competencia nos obliga a innovar todo el tiempo y a ser resilientes frente a crisis económicas y cambios regulatorios. La ILC fue clave en la apertura del mercado interno. ¿Qué significó ese proceso? Durante décadas, los aguardientes tenían barreras departamentales que limitaban la competencia. Fuimos la única fábrica que demandó esa restricción ante la Corte Constitucional porque creíamos que violaba la libertad de escogencia consagrada en la Constitución de 1991. La Corte nos dio la razón y hoy podemos vender en casi todo el país: pasamos de llegar al 33 por ciento de la población a cubrir el 90 por ciento del mercado, con excepción de dos departamentos (Valle del Cauca y Putumayo), donde seguimos litigando. Esto ha sido clave para consolidar marcas como el Aguardiente Amarillo de Manzanares, que nació en 1885 y que relanzamos con un enfoque innovador, cambiando diseño, sabor y experiencia. Su éxito impulsó la categoría después de 40 años sin grandes novedades y, aunque competidores intentaron copiarlo, defendemos su originalidad en instancias legales. ¿Cómo avanza la expansión internacional de la ILC? Cuando llegamos, la exportación era marginal y dependía del mercado de la nostalgia para colombianos en el exterior. Cambiamos esa visión y diseñamos un plan real de internacionalización. Hoy competimos activamente en Estados Unidos, España y Panamá con estrategias de mercadeo y distribución similares a las que aplicamos en Colombia. El resultado ha sido un crecimiento notable: pasamos de vender menos de 700.000 unidades al exterior en 2023 a proyectar más de 2,5 millones en 2025. La meta es llegar a 5 millones de unidades internacionales entre 2026 y 2027, lo que representaría cerca del 10 por ciento de nuestras ventas totales. Además, el Ron Viejo de Caldas ya es referente y compite con marcas globales; somos el séptimo productor de ron del mundo. ¿Qué representa la ILC para la economía y las finanzas públicas de Colombia? Somos un motor económico. Nuestra operación genera más de 2,5 billones de pesos anuales en toda la cadena de valor: desde la producción hasta la venta en bares, tiendas y supermercados. Solo en transferencias a los departamentos para salud y educación hemos girado más de 1 billón en el último año y medio. Para Caldas, representamos más del 10 por ciento del presupuesto anual entre impuestos y utilidades. ¿Cómo impactaría al sector el aumento de impuestos planteado en la reforma tributaria? Es muy preocupante. Pasar el impuesto del 5 al 19 por ciento encarecerá nuestros productos y no reducirá el consumo, sino que lo desplazará al contrabando y la adulteración. Ya ha pasado antes en Colombia y en otros países: el consumidor busca opciones más baratas y los ilegales ganan terreno. El gran perdedor sería el país. Al aumentar el mercado informal se reduce la base gravable, caen los ingresos por impuestos al consumo y al valor agregado, y se afecta la educación y la salud financiadas con estos recursos. También se pone en riesgo la sostenibilidad de fábricas nacionales que compiten con multinacionales y que hoy sostienen miles de empleos y la economía regional.