Jueves, 26 de Marzo de 2026

"Identificar el temperamento de los hijos ayuda a entender qué necesitan para sentirse bien"

ChileEl Mercurio, Chile 17 de octubre de 2025

Reconocer estos rasgos, que son parte de la personalidad, es esencial para la crianza, dice. "Al no entender la conducta de los niños, los llenamos de etiquetas".

¿Por qué algunos niños necesitan correr y saltar para divertirse, mientras que otros prefieren juegos tranquilos? ¿Por qué hay niños que ante el mínimo obstáculo estallan en llanto, mientras que otros solo fruncen el ceño? ¿Por qué a algunos les toma tiempo integrarse en un cumpleaños y otros se suman apenas llegan? La respuesta es el temperamento.
Se trata de la manera en que cada persona reacciona, de manera innata, frente al mundo. "Es el conjunto de características biológicas que determinan cuán reactivo es nuestro sistema nervioso; qué cosas lo estresan, qué cosas lo regulan", explica Andrea Cardemil.
Magíster en Psicología Clínica Infantil de la U. Adolfo Ibáñez, y con un posgrado en EE.UU., Cardemil se ha especializado en apego, crianza y desarrollo infantil, y es autora de cuatro libros sobre estos temas, a los cuales acaba de sumar un quinto título: "Temperamento infantil" (Ediciones B).
A partir de consultas de padres y de su propia experiencia personal como mamá, decidió abordar este tema con el fin de ayudar a comprender a los niños, "ver qué necesitan y ajustar las prácticas de crianza a su perfil", con el propósito de favorecer el desarrollo socioemocional infantil y una crianza "más efectiva, consciente y tranquila".
"Al no entender la conducta de los niños, los llenamos de etiquetas, creemos que son un problema, les exigimos que funcionen de maneras que son poco naturales a como son, y lo único que logramos con eso es dañar su autoestima y hacerlos sentir que están mal o les falta algo", advierte. En cambio, "identificar su temperamento ayuda a entender qué necesitan para sentirse bien, regularse y desarrollarse de manera saludable".
Temperamento y personalidad no son lo mismo, aclara. El primero es de origen genético y está determinado por cómo el sistema nervioso experimenta y responde a estímulos internos y externos; además, es uno de los factores que forman parte de la personalidad, la que también está conformada por valores, cultura y otras experiencias que la persona va teniendo en contacto con el ambiente a medida que va creciendo.
Así, el temperamento ayuda a entender cómo se comporta una persona. "Si tengo un sistema nervioso que es más sensible a las posibles cosas malas que puedan pasar, mi aproximación a la realidad va a ser más cautelosa. Pero si mi sistema nervioso reacciona al revés, pone más atención a las cosas buenas, me voy a aproximar rápidamente, independiente de si es seguro o no lo que estoy haciendo".
Esto marca diferencias importantes y explica, por ejemplo, que un niño se integre apenas entra a un cumpleaños y otro prefiera juegos más tranquilos.
"Esto es algo que nos acompaña toda la vida. No es ni bueno ni malo; son estilos, son formas distintas de relacionarse con el entorno", precisa Cardemil.
La clave es entender el temperamento de los niños para fortalecer el vínculo con ellos y criar desde la aceptación y el respeto, dice. "El primer paso es observar la conducta de los niños, conocerlos y entender su temperamento".
Para eso, en el libro describe -acompañado de ejemplos reales- diferentes rasgos que se asocian al temperamento, como intensidad (cuán rápida, intensa y expresiva es la respuesta), actividad (nivel de energía y movimiento), adaptabilidad (qué tan fácil se ajusta a los cambios), sensibilidad (cuánto afectan los estímulos externos) y persistencia (cuánto persevera a pesar de los obstáculos), entre otros.
Si bien el temperamento es algo innato, sí se puede aprender a regular. "No es que el temperamento cambie o que desaparezca, sino que en la medida que uno va creciendo, el sistema nervioso va madurando y uno va ganando capacidad de autorregulación. Además, cuando el ambiente te acompaña y te va enseñando y entregando herramientas para regularte, para adaptarte al mundo, tú vas regulando el rasgo", explica. De lo contrario, surgen problemas.
En el caso de un niño al que le cuesta adaptarse a situaciones nuevas, dice la psicóloga, "si el ambiente no le entrega estrategias y lo presiona, es altamente probable que desarrolle un cuadro ansioso", por ejemplo.
De allí la importancia de entender esta dinámica, lo que además ayuda a disminuir el estrés de la crianza y la culpa que muchas veces sienten los padres. "Se tiende a pensar que todo lo que les pasa a los niños es responsabilidad de los papás: si es inquieto, le faltan límites; si tiene respuestas emocionales intensas, es porque los papás no lo regulan; si le toma tiempo integrarse a una situación, es porque lo sobreprotegen...". Pero no es siempre así.
Hay investigaciones, agrega, que muestran que el temperamento del niño genera reacciones en los padres. Por ejemplo, "cuando tu hijo, por temperamento, tiene respuestas emocionales más intensas y presenta conductas más agresivas, inconscientemente tú te pones más severo. Acá hay una relación bidireccional: lo que yo hago influye, pero cómo es mi hijo también influye en lo que yo hago, y al entender eso realmente puedo generar el cambio".
Si bien a medida que pasa el tiempo las conductas se van afianzando, la especialista enfatiza que nunca es tarde para intervenir. Por eso en el libro se incluyen distintas etapas del desarrollo, desde la lactancia hasta los 18 años, "porque la expresión de los rasgos van variando en función de la edad".
De hecho, reconoce que los mismos adultos pueden verse beneficiados al conocer mejor su temperamento. "Cuando uno tiene una narrativa de quién es y puede integrarla, es desde ahí que uno deja de juzgarse todo el tiempo".
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