La edad promedio de los matrimonios en Chile pasó de los 25 a casi los 38 años
Es el segundo país a nivel global con bodas más tardías y el primero de Latinoamérica. Redefinición de los vínculos amorosos, cambio en los roles de género y deseos de mayor autorrealización profesional son algunos factores que explican esta realidad, que también ocurre en otras naciones.
Marcos y Francisca no se conocen entre ellos, pero tienen varias cosas en común: ambos viven en Santiago, nacieron el mismo año, son profesionales y se casaron cuando tenían 36 años.
"Ante todo, lo hice porque estaba enamorada, pero también porque ya había completado mi formación profesional, hice un posgrado y estaba bien trabajando. Además, siento que llegué con mayor claridad (al matrimonio) sobre lo que quería en una relación", cuenta ella. "Personalmente, no conozco a nadie que se haya casado antes de los 30, encuentro que es muy pronto y además ahora es completamente aceptado no casarse nunca o hacerlo después de varios años conviviendo, como en mi caso", reconoce él.
Ambas experiencias no son una excepción en el Chile actual. Si en la mitad de la década del ochenta, cuando los chilenos tenían una expectativa de vida de 72 años -hoy llega casi a los 82-, las mujeres se casaban, en promedio, a los 24 años y los hombres, a los 27 (y en promedio, para ambos sexos, el matrimonio se realizaba a los 25 años), hoy la decisión se ha sido postergando.
Hace una década, la edad media de los contrayentes era de 35,4 años para ellos y de 32,7 años para ellas, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE); en 2021 era de 38,4 y 36, respectivamente, y hoy llega a 37,8 años en promedio, de acuerdo con un informe divulgado este año por el World Population Review y que sitúa al país como la segunda nación del mundo con mayor edad para contraer matrimonio.
Un fenómeno que se repite en otras partes del planeta (ver recuadro) y que responde a variados factores, según los especialistas.
"El matrimonio hasta hace algunas décadas era como el rito de pasaje a la vida adulta. Ahora hay una reconfiguración de los significados y las prácticas de lo que se entiende como pareja, de los compromisos", plantea María Elisa Molina, psicóloga e investigadora del Instituto de Bienestar Socioemocional de la U. del Desarrollo.
De hecho, agrega, es una tendencia que está asociada con la disminución de la tasa de nupcialidad. Esta pasó de casi ocho matrimonios por cada mil habitantes en 1980 a poco menos de tres en la actualidad.
"El matrimonio como institución pierde fuerza como normativa y como ideal de vida", agrega Molina.
La última Encuesta Bicentenario UC muestra una menor adherencia al matrimonio: si en 2011 el 66% creía que es un compromiso para toda la vida, hoy lo piensa el 48%. Eso no significa que la gente no quiera vivir en pareja y tener una relación duradera, dice la especialista.
"Hay una normalización cultural de vínculos, como la convivencia, que antes no eran tan bien vistos", agrega Molina.
Javiera Reyes, académica y directora de Pregrado del Instituto de Sociología de la U. Católica, destaca otro factor interesante: Chile, al igual que toda América Latina, no ha sido históricamente una sociedad matrimonial. "El matrimonio se instaló desde la Colonia en adelante, desde una lógica europea cristiano-católica, pero que no permeó a toda la sociedad", sino sobre todo a las clases altas y luego a la clase media.
A su juicio, el cambio se ha producido principalmente en esos grupos.
"El matrimonio pierde relevancia como un marco de estabilidad, donde las personas están confiando mucho menos en instituciones tradicionales", agrega Molina, quien precisa que algo similar ha ocurrido con la influencia de la religión. De hecho, países en donde la religiosidad tiene una presencia más fuerte muestran mayores tasas de matrimonio y a menor edad.
Chile es del grupo de países donde más ha bajado la religiosidad en el mundo, precisa Reyes. Esto implica "un desplazamiento hacia un sistema de valores posmodernos, donde priorizo más la autorrealización, menos atada a la tradición".
La socióloga agrega que como los valores tradicionales están diluidos, "aumentan los divorcios y hay más probabilidades de volver a casarse. El aumento en la edad de matrimonio tiene que ver también porque hay más uniones en segundas o terceras nupcias".
Libertad personal
Otro factor importante ha sido la transformación de los roles de género tradicionales, menciona Macarena Quilabrán, coordinadora de Campus Clínico y docente de la Escuela de Terapia Ocupacional de la U. Andrés Bello. "Sobre todo entre las mujeres, que optan por un plan de vida en el que se prioriza el proyecto laboral y también académico".
En décadas pasadas, comenta, "las mujeres principalmente aspiraban a tener una familia. Hoy vemos que se prioriza mucho más la autonomía, la independencia, y eso incide también en las formas de unión".
"El matrimonio ha dejado de ser una condición para la estabilidad y la movilidad social de las mujeres", precisa Molina.
Para ambos sexos, agrega, "la libertad personal, la autorrealización, la exploración de los proyectos vitales, cobran importancia por sobre otras decisiones".
Lo anterior, dicen las entrevistadas, también se relaciona con que la juventud hoy se considera un período más amplio (incluso pasados los 30 años) y con que los prejuicios hacia la soltería se han reducido.
Un punto no menor en el retraso de la edad de matrimonio es lo que las expertas definen como la precarización de la vida. "Si bien hay mayor acceso a educación y profesionalización, eso no asegura un buen trabajo, ingresos suficientes o tener un lugar donde vivir", dice Quilabrán. Esos son factores que hoy suelen considerarse esenciales para casarse.
Al respecto, Reyes habla de una "doble paradoja". "Cuando tengo la posibilidad de estudiar, puedo pensar en un futuro mejor y retraso el matrimonio. Sin embargo, ya después se empieza a retrasar, porque veo que es difícil casarse, porque llevar una vida de pareja significa un compromiso económico que a lo mejor el mercado no me permite sostener".
Eso también ha influido, por ejemplo, en el retraso de la maternidad. "Se vuelve más difícil, porque además las personas no siempre cuentan con las redes suficientes para sostener estos proyectos cuando sí se decide realizarlos", precisa Quilabrán.
En el resto del mundoSegún el informe publicado este año por el World Population Review (con datos de la ONU, el Banco Mundial y la OMS), a nivel global, las personas se están casando cada vez más tarde. Eso sí, la edad promedio del primer matrimonio difiere de un país a otro debido a normas y tradiciones culturales, nivel educativo y de desarrollo, cambios demográficos y económicos, entre otros.
En el índice, España se sitúa como el país con el mayor promedio de edad (38,8), seguido de Chile (37,8), Países Bajos (37,7) y Corea del Sur (37). En la región, a Chile le siguen Argentina (36,8) y Brasil (35,6). En cambio, otros países muestran edades promedio inferiores, como México (30,6), Bolivia (24,1), Perú (23,5) o Venezuela (22,7).
"España fue siempre una sociedad que valoraba mucho a las familias, pero ha ocurrido una transición demográfica, cultural y económica muy similar a la de Chile, en que la institución familiar empezó a perder valoración social", plantea Javiera Reyes.
A juicio de María Elisa Molina, la postergación de la edad del matrimonio es algo común sobre todo en naciones desarrolladas. Por lo mismo, "en el resto de la región no ocurre lo mismo o de manera tan pronunciada como se ha visto acá en el país y en naciones como Argentina y Brasil".
Según la psicóloga, esto también se relaciona con elementos culturales, como el tipo de creencias religiosas y de tradiciones. "En aquellas sociedades más tradicionales o religiosas, el matrimonio sigue teniendo mayor fuerza".