El argentino se presenta el 5 de diciembre en Teatro Stella con esta comedia que protagoniza junto a Rafael Spregelburd, Andrea Politti y su hija Eva; habla de la televisión, Micky Vainilla y más.
Es uno de los comediantes más importantes de Argentina, responsable de clásicos de la televisión como Chachachá, Todo por dos pesos y Peter Capusotto y sus videos, cuyos sketches y personajes circulan por las redes sociales con una actualidad, como si no hubiesen pasado 10 años de su emisión.
Diego Capusotto, creador de personajes como Micky Vainilla, Violencia Rivas y James Bó (la versión uruguaya de James Bond) también ha llegado a los escenarios uruguayos con El lado C, unipersonal donde, junto a Nancy Giampaolo y material audiovisual, contaba anécdotas de su trayectoria y vida personal.
El 5 de diciembre, Capusotto vuelve a Montevideo, esta vez con Tirria, una comedia que protagoniza junto a Rafael Spregelburd y Andrea Politti, participa su hija Eva, y donde interpreta a Hilario, el mayordomo de una familia venida a menos en los años 50 que intenta mantener las apariencias y dice a sus vecinos que se van a Europa en verano cuando en realidad quedan escondidos en la casa. La función será este viernes a las 20.00 en teatro Stella. Entradas por Redtickets.
"Uruguay siempre nos recibe muy bien", comenta Capusotto por teléfono a El País, y aclara que su última presentación en Montevideo fue en 2023, en El Galpón con El Lado C.
¿Qué te sedujo de Tirria y qué expectativas tenés con el público uruguayo, que te conoce tanto por la tele? Lo primero fue la relación que tengo con Nancy Giampaolo, que además me acompaña en las charlas de El lado C. Ella y su pareja, Lucas Mine, armaron esta historia, y me comprometí desde la historia, no por la amistad. El personaje y el universo de la obra me parecieron muy convocantes. La obra atraviesa el absurdo: la familia que vemos en Tirria es muy particular. Lejos de caer en el delirio puro, termina siendo una mirada irónica y a veces casi piadosa sobre esa clase social que se refleja en la obra.
En la obra sos Hilario, el mayordomo que intenta mantener esa máscara de familia pudiente que los patrones necesitan sostener. La obra trata justamente de eso: una familia que no puede sostener su estatus, esa idea de tener una mirada europea, algo heredado que los encadena. Tienen que sostener un imaginario que forma parte de su identidad, incluso cuando todo va mal. Ese lenguaje, esa estética, remiten un poco a la Argentina de los años 50. Y también es un homenaje al cine de esa época. Nancy y Lucas pensaron la historia inspirándose en películas como El Barro Humano (de Luis César Amadori, 1955) y Crónica de un niño solo (Leonardo Favio, 1965) como disparador para construir esta familia en decadencia.
Originalmente iba a ser una película, ¿no? Sí, la idea inicial era hacer una película. Después eso no sucedió y se adaptó para teatro. Y funcionó muy bien. La disfrutamos creyendo que habíamos encontrado un buen lenguaje. Y me parece que en Uruguay el público la va a entender sin inconvenientes.
¿Y qué te pasó con trabajar con tu hija Eva? ¿Cómo se vive eso arriba y abajo del escenario? Fue tremendo. Algo que ninguno de los dos esperaba, pero Nancy me dijo que había un personaje que Eva podía hacer, por cuestión de edad y de energía. Fue convocada y funcionó muy bien. Estar juntos está buenísimo, y al mismo tiempo sabemos bien los roles que cada uno ocupa. En escena ya no somos padre e hija; somos los personajes, y ahí se disuelve todo lo otro.
Una vez dijiste que el humor sirve para devolver un reflejo de lo que nos molesta más que para negar la realidad. ¿Cómo encaja esta obra en el contexto argentino actual? Tirria tiene su complejidad porque no es una obra de circuito comercial. No se presenta como algo masivo. Tiene un lenguaje y formas familiares que pueden requerir que el espectador se retrotraiga a la historia y las relaciones de clase. Tiene el rebuscamiento de ser un análisis histórico dentro del teatro. Por ahora funciona. Si se mueve de teatro, si va a festivales, eso no lo sé. Pero sin duda hoy nos refleja. Y también hay una mención al cine, que para mucha gente hoy no existe o quedó afuera del imaginario, suplantado por las plataformas. Las canciones, la puesta, la época. te pueden entusiasmar o no, pero está contando una época, y eso a algunos les pasará inadvertido porque hoy todo pasa por la globalización.
Hablame de Hilario. ¿Qué te permitió hacer este personaje que no habías hecho antes? Hilario es necesario. Cuando ves la obra entendés que es imprescindible para sostener la farsa. Los patrones necesitan a Hilario para sostener su artificio. E Hilario cumple eso. A mí me permitió entrar en un registro que no es el habitual para el público que me sigue por la comicidad. Tiene un costado más contenido, más agarrado, que después se libera cuando la familia y las cosas empiezan a desmoronarse. A medida que las máscaras se despegan, Hilario interviene más para intentar que la cosa no explote.
Después de Peter Capusotto y sus videos, cualquier cosa que hagas tiene una vara altísima. ¿Sentís presión por superar aquel fenómeno o ya jugás más libre? No, presión no. Por algo tampoco lo volvemos a hacer: no queremos forzar algo que ya pertenece a otro tiempo y a otro formato. Porque la tele nos reprograma a todos. Y repetirlo sería desnaturalizarlo. No lo vamos a hacer otra vez salvo que haya una condición artística real, no una presión.
O sea que hoy no lo vivís como un desafío pendiente. No. Estoy pensando en otras cosas que aparecen, que surgen. Eso no implica que nunca volvamos a hacerlo, pero la condición original ya se dio y no se puede repetir tal cual.
Pensar que pasaron diez años de personajes como Micky Vainilla. y hoy muchos de esos discursos están en el mainstream. Sí, claro. Son personajes hechos hace 20 años y hace casi 10 que no los hacemos, pero siguen vigentes. La política se encargó de superarlos. Nosotros hacíamos humor con deformaciones, exageraciones. Pero la política actual crea sus propios personajes: alguien que no viene de la política pero que representa un poder real que nadie conoce, y que se comunica más como una figura del espectáculo. Esa mezcla de bronca, desánimo y teleficción hace que un político termine pareciendo un personaje nuestro. pero sin que nadie se ría. La convención del humor te permite ir hasta donde quieras. Pero cuando eso pasa en la realidad, ya no es humor: intervienen otras cosas. Porque no es "no me gusta y cambio de canal". Afecta a la gente en su vida cotidiana.
https://www.youtube.com/watch?v=K9oDpwU273I ¿Tenés una explicación de por qué no estás en la pantalla y por qué tampoco hay humor en la televisión actual? No estoy en televisión por decisión propia, no porque no quieran. Y en cuanto al humor, circula por otros lados: streaming, TikTok, todo lo que la gente mira en el teléfono. Hay humor ahí. Después está ese discurso que el humor atrasa. A mí lo que me parece que atrasa es tener 50 % de pobreza. Que haya gente diciendo que cierto humor pertenece a la Argentina de hace 30 años es ridículo. En los 90 ya estaba todo desbordado y existían personajes que hoy parece que no podrían hacerse. No se trata de censurar al humorista: se trata de que la realidad es la que atrasa. Porque, además, la creación no puede partir del cálculo. Si querés hacer música para copiar lo que suena porque te rinde, listo. Pero si querés hacer música porque querés hacerla, la hacés. Con el humor es igual. El problema hoy es que te dicen: "No hables de esto porque se va a enojar tal grupo". Antes se ofendían los conservadores; eso era casi un indicador de que ibas por buen camino. Ahora también se ofenden los grupos progresistas. Entonces uno dice: "Bueno, ya me hinché las pelotas".