Snoopy eternamente: en un círculo, un guion, un rulo y dos puntitos pueden entrar todas las emociones del mundo
Durante casi 50 años Charles Schulz dibujó a mano 17
Durante casi 50 años Charles Schulz dibujó a mano 17.897 tiras, que llegaron a .600 diarios en 75 países
Mis comienzos de año escolar tenían un pequeño ritual: cartuchera nueva de pisos que comprábamos en el centro, en un local de la calle Pagano y Tagle, lápices recién afilados con nombre propio y un blazer azul con el escudo cosido a mano. El colegio tenía una obsesión con la identificación de los objetos personales. Una vez perdidos entraban en un limbo, y en caso de no ser rescatados dentro de los tiempos establecidos, partían a donación. Mi madre había resuelto la obsesión del colegio con una rotuladora para los objetos grandes —GIL, tres letras que parecían un logo— y una cinta de género infinita con la leyenda "CAROLA GIL" en azul sin serif para coser a la ropa. Yo era una asidua visitante del cuarto de objetos perdidos.
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Junto a las novedades de cada año llegaba lo que las nuevas generaciones han pasado a llamar la "lunchera". En mi casa le decíamos la valijita de picnic y en el colegio era el lunch box , ya que el almuerzo estaba pegado al turno mañana que era en inglés y recién se cambiaba de idioma después de las 12 del mediodía.
Mi favorita —gran arrepentimiento no haberla guardado— era una del perro Snoopy : amarilla, con la forma de su cucha. Sobre un lado estaba el perro leyendo panza abajo junto al pajarito Woodstock y del otro panza arriba mordiendo un sándwich de pan lactal. Adentro, un termo amarillo con tapa-tacita y todo el elenco impreso: Charlie Brown, los hermanos Lucy y Linus van Pelt, Sally…
Los setenta y comienzos de los ochenta fueron tomados por Snoopy: remeras, cuadernos, stickers , cartucheras de lata, peluches, las historietas. Con los años, me enamoré más de los otros personajes que del propio beagle. Charles Schulz mostró que una tira podía ser simple, emocional y filosófica
La fascinación tenía base real: Peanuts había debutado el 2 de octubre de 1950, cuando el mundo de la historieta estaba dominado por la acción y la aventura. Charles Schulz mostró que una tira podía ser simple, emocional y filosófica. Al frente, Charlie Brown, un niño de cabeza ovalada y remera sencilla (el distintivo zigzag que la atraviesa vendría unos meses después). Melancólico, a veces inseguro y con ansiedades existenciales, Charlie Brown es un perdedor adorable, y a través de la magia de Schulz con un círculo, un guión, un rulo y dos puntitos podía transmitirle a cualquier persona del mundo lo que el personaje estaba sintiendo. Durante casi 50 años dibujó a mano 17.897 tiras, que llegaron a 2.600 diarios en 75 países. Para 1965, Peanuts había saltado de los diarios a la TV con un especial de Navidad y en 1969 la NASA llegó a bautizar "Snoopy" al módulo lunar de la misión del Apollo 10 y "Charlie Brown" al módulo comando.
¿Pero cuál fue y es la magia detrás de la tira? Probablemente gran parte esté en lo mínimo: un círculo, dos puntos, una raya que hacía una boca torcida, y ya sabíamos que a Charlie Brown lo estaba derrotando la existencia.
Umberto Eco escribió en 1985 en The New York Review of Books que la potencia poética de Schulz no aparece en 10 tiras sueltas, sino que " la gracia, la ternura y la risa nacen únicamente de la repetición infinitamente cambiante de los patrones" . Esa pequeña coreografía emocional que hace reír y llorar y que aparece con la familiaridad de esos personajes.
El mismo Charles M. Schulz creía que el mundo de las caricaturas y las tiras tiene una cualidad única y diferente a cualquier otro medio, ya sea se trate de alguien dibujando para 2000 diarios o alguien haciendo un pequeño dibujo en un sobre en una carta para un amigo. Encontraba que había comunicación allí, la posibilidad de traer un poco de risa y felicidad (agrego yo reflexión ) "sin tener que ser demasiado pomposo".
En mi biblioteca tengo un libro sobre Charles Schulz rememorando los 65 años de su obra ( Only What’s Necessary: Charles M. Schulz and the Art of Peanuts) , trabajo de amor realizado por el exquisito diseñador Chip Kidd) que solemos dejar abierto aleatoriamente en distintas partes. En una de las primeras dobles páginas, Lucy y Charlie Brown aparecen perdidos con cara de preocupación, cargando una bolsa de palos de golf entre piernas de personas mayores que solo llegan a verse hasta por encima de las rodillas. En Peanuts no hay más que referencias al mundo de unos adultos que siempre permanecen fuera de escena. No se los ve más que desde la perspectiva infantil. Cada vez que vuelvo sobre esa imagen recuerdo el día en que, en un ascensor, me aferré al tapado equivocado creyendo que era el de mi madre. Cuando el ascensor se vació, quedé sola, agarrada a una desconocida. Schulz habría logrado retratar ese desconcierto a la perfección. Volviendo a Eco: " Mostrándonos en el rostro de Charlie Brown, con dos trazos de su lápiz, su versión de la condición humana ".