Razones de esperanza electoral
Jorge Restrepo
Las elecciones presidenciales de 2018 y 2022 estuvieron marcadas, en cada caso, por la que parecía una inevitable derrota del oficialismo
Jorge Restrepo
Las elecciones presidenciales de 2018 y 2022 estuvieron marcadas, en cada caso, por la que parecía una inevitable derrota del oficialismo. Sin embargo, en la más reciente elección, la alternancia estuvo asociada a un alto riesgo percibido. ¿Cuál es la estimación de riesgo asociada a las elecciones de 2026? En mi opinión, es menor que antes. La primera razón es que no hay aspirante radical que tenga el impulso político que tenía el hoy presidente hace cuatro años: ni el respaldo cohesionado de un gran número de movimientos políticos y sociales, ni la experiencia en contiendas presidenciales. El candidato del oficialismo ya reveló su apuesta por la continuidad, reforzada, que le hará perder preferencias del centro y hace improbable que se haga con la presidencia. Además de que lleva la pesada carga del legado del Gobierno, su compromiso con la correcta tarea de la búsqueda de la paz, en medio del deterioro de la seguridad, la principal preocupación de los votantes, se convierte en motivo de castigo electoral, no de impulso. El candidato ultra radical sumó el derroche, que lo convirtió en sospecha, a su defensa, en el pasado, del responsable financiero del régimen de Venezuela y a su temprana promoción de la negociación con los paramilitares. Esa reputación lo convirtió en un intocable político, al que le huyen hasta los clientelistas más azufrados, con alguna excepción. Además de que es menos probable que el riesgo de los radicales se materialice, hoy sabemos de nuestra gran capacidad de aguante. De hecho, la mayor fuente de esperanza está en el resto de candidatos: no sólo todos tienen más experiencia, conocimientos y capacidad de ejecución que los de hace cuatro años, sino que tienen mayor confianza del votante. Hasta es probable que propongan y logren reformas liberales y progresistas, en contraste con las que ha propuesto la actual élite en el poder. Los aspirantes que tienen esas mejores propuestas entendieron la importancia de ir a una consulta de voto popular, como mecanismo de selección basado en la competencia democrática y el mérito, lo que concentrará las preferencias dispersas en los candidatos no radicales y reducirá el efecto distorsionante de los aspirantes que no son relevantes. Sabemos, además, que las instituciones, las Cortes, la banca central independiente, tienen capacidad para restringir la voluntad del gobernante, lo que mitiga el riesgo, incluso si un radical llega a la Presidencia. La Constitución Política ha demostrado tener un respaldo ciudadano tan amplio y unas reglas de reforma tan exigentes, que su preservación no se ve amenazada por los radicales, como en el pasado reciente. Las Fuerzas Militares y de Policía han soportado los cambios, pese a la politización. La Registraduría ha resistido los ataques que buscan deslegitimarla, sin perder la confianza de los votantes. El riesgo electoral en 2026 es, definitivamente, menor; hay razones para tener esperanza electoral.
Profesor de Economía, Pontificia Universidad Javeriana.