‘Hecho todo sin IA’
Ya apareció el sello ‘Hecho todo sin IA’
Ya apareció el sello ‘Hecho todo sin IA’. No es una certificación oficial ni una figura jurídica reconocida. Es una declaración cultural que surge como reacción a la avalancha de textos, imágenes y música generados por modelos algorítmicos que hoy circulan sin mayor distinción. Como resulta fácil imaginar, su finalidad es dejar claro que una obra, un producto o un contenido fue elaborado por personas reales y no por sistemas automáticos. De alguna manera recuerda aquellas advertencias que valoran lo hecho a mano o handmade, y los procesos que respetan tiempos y decisiones humanas, hoy identificados como slow made. Inclusive, esta advertencia puede verse como una pariente lejana de dos figuras de la propiedad industrial: las denominaciones de origen y las indicaciones de procedencia. Las denominaciones de origen son expresiones que identifican productos asociados a un territorio específico, en la medida en que sus cualidades y su prestigio se explican por condiciones naturales y por prácticas humanas desarrolladas en ese lugar. En Colombia existen actualmente 29 denominaciones de origen reconocidas, entre ellas el café de Colombia, el queso Paipa, las achiras del Huila, el bocadillo veleño y el cangrejo negro de Providencia. A esta lista se suman expresiones artesanales como la tejeduría wayú y zenú, el barniz de Pasto, la cestería de Guacamayas, la cerámica del Carmen de Viboral y los sombreros de Sandoná y de Aguadas. Más recientemente, a finales de 2025, se incorporó el carriel antioqueño. Las segundas, es decir, las indicaciones de procedencia, son advertencias distintas y si se quiere más débiles que solo informan de dónde proviene algo, sin afirmar que sus cualidades se deban a ese lugar. Hablamos de expresiones como ‘Hecho en Medellín’, por ejemplo. Hace unos años, cuando China no era lo que es hoy, los abogados bromeábamos con que se podía hablar de denominaciones de origen negativas como ‘not made in China’. El asunto es que el sello ‘Hecho todo sin IA’ se parece más a una indicación de procedencia que a una denominación de origen porque no certifica calidad ni establece reglas técnicas estrictas, sino solo comunica un origen del hacer, aunque eso, por sí solo, puede llegar a significar mucho. Desde el derecho de autor, la discusión sobre el sello ‘Hecho todo sin IA’ es todavía más interesante. En la mayoría de los países solo se reconoce protección cuando existe una creación con aportes humanos claros e identificables. Estados Unidos ha sido enfático en negar el registro a obras generadas exclusivamente por inteligencia artificial, con algunas excepciones muy puntuales. En China se ha admitido la protección cuando se demuestra una intervención creativa humana relevante. En Colombia, la Dirección Nacional de Derecho de Autor mantiene una postura consistente en ese mismo sentido. Con diferencias de forma y procedimiento, el fondo es común. Sin creación humana no hay derecho de autor. Independientemente de todas estas reflexiones, al final la pregunta de fondo es qué tipo de productos estamos eligiendo consumir como sociedad. Si preferimos lo rápido, lo abundante, lo intercambiable y sin alma, o si todavía valoramos aquello que lleva la marca de una persona concreta. El éxito de estas navidades de plataformas como Temu, Shein y de los productos de bajo costo en general parece inclinar la balanza hacia la primera opción, en buena medida porque el problema termina siendo el precio. Aun así, persisten quienes buscan algo distinto, quienes prefieren reconocer en lo que consumen el rastro imperfecto pero auténtico de la personalidad de un ser humano.
Defensa de la creación humana
Natalia Tobón Franco