Jueves, 08 de Enero de 2026

Mario Handler cumplió 90 años y repasa toda una vida de cine: Casi no me quedó ningún odio en Uruguay

UruguayEl País, Uruguay 7 de enero de 2026

El director, documentalista, docente y pensador del cine, Mario Handler, repasa su trayectoria de más de 60 años: el humor, lo que significó hacer "Aparte" y hasta su cena con Resnais.

Ahora que soy el más viejo de tantos amigos tan queridos, hay momentos de tristeza, te confieso", le dijo Mario Handler a El País a comienzos de noviembre, un día después de cumplir 90 años. El director, documentalista, docente y pensador del cine vive en España desde 2022. El comentario surgió recordando a Ronald Melzer, el crítico con el que Handler se embarcaba en unos debates entrañables y enriquecedores, de los que este cronista supo ser testigo.


Con una carrera que abarca más de 60 años y va desde sus cortos en la década de 1960 (Carlos, Que vivan los estudiantes, Elecciones) a sus últimos documentales (Díganle a Mario que no vuelva, Columnas quebradas), pasando por su película más reconocida (Aparte), Handler construyó celosamente una carrera sólida con una mirada política sobre el Uruguay y América Latina. Handler, que se exilió en Venezuela durante la dictadura, fue, además, fundador de la Cinemateca del Tercer Mundo.

Este es un resumen de la charla vía telefónica con El País.

¿Cuál fue la primera película que lo deslumbró?

Dejame pensar. Habrá sido El acorazado Potemkin o casi todo Chaplin. No, esperá, William Wyler. Tenía cosas deslumbrantes. Más que John Ford, por ejemplo, a quien he repasado recientemente y no tenía esa calidad bestial. Y Orson Welles. Solo me salen todos nombres conocidos. Es que con el cine no se puede inventar.

Y estarían las matinés en su formación. ¿Cómo eran aquellas tardes?

Me hacés recordar esos tiempos. Con mis hermanos íbamos con la comida en la garganta a ver las famosas matinés. Eran películas bastante primitivas, hechas para gente como nosotros que, siendo niños, podíamos aguantar esas cosas de Hollywood. Y había también un poquito del humor porteño o Cantinflas. Después apareció la alta cultura con los franchutes, los soviéticos, el Hollywood bueno, los alemanes. Y también tuve dioses uruguayos como (el periodista) Carlos María Gutiérrez, con quien saqué fotos.

¿Para la revista Reporter?

Para entonces ya estaba metido en el oficio, había vuelto de Europa. En realidad, la gente que estaba en Reporter me convenció de que sacara fotos. Y tuve media página en el semanario Marcha. Allí estaba Hugo Alfaro, un hermano mayor bendito para mi, y con él y Walter Achugar, armamos la Cinemateca del Tercer Mundo. Y con mis tres hermanos fundamos el Club de la Guardia Nueva, que fue muy importante, bajo la égida de Horacio Arturo Ferrer.

Eran peleadores ustedes, y usted siguió siéndolo...

Yes, como dicen los ingleses. No tenía vocación de peleador, sino que surgían las cosas y uno sentía que tenía que intervenir. Últimamente estuve pensando que casi no me quedó ningún odio en Uruguay. Había infinitas personas a las que yo admiraba y que me trataban bien, porque las malas relaciones eran las menos. Después de los 20 meses que pasé en Europa, quería hacer un cine creativo y me encontré con grandes oposiciones. Mi primera película fue filmar a un bichicome, Carlos, con quien me encariñé tanto que, con recursos técnicos muy limitados, hice una película sobre él, a través del Instituto de Cine de la Universidad de la República. Y fue reprobada por las autoridades universitarias.

Y ahí pasa a hacer Elecciones, con Ugo Ulive.

-A nadie se le había ocurrido filmar unas elecciones en Uruguay. Y no tratamos mal a nadie, ni a Jorge Batlle, ni a "Nano" Pérez, ni a Amanda Huerta de Font. No la hicimos desde el desprecio, sino desde la caricatura, que es algo bien uruguayo. Como hacía Peloduro, de quien fui amigo, lo nuestro era una caricatura bondadosa.

Hay humor allí...

Ahí adopté el humor para siempre y nunca he sido venenoso. El humorista no tiene por qué mostrar a la gente como grandes héroes y unas elecciones sin conflicto no funcionan.

Que vivan los estudiantes, otra de sus películas de la década de 1960, se ve hoy muy experimental, hasta con recursos del cine de Godard, por ejemplo.

La gente no comprende cómo una película de seis minutos puede contener tanto. Ahí está el imperialismo, un portaaviones, la miseria. Además registra violencias que nadie había filmado: aparecen la policía amenazando con revolver y apuntando a los estudiantes. Y en Aparte, cuando al final Karina llora de verdad, es una de las raras veces que hay llanto en una película uruguaya. Y queda clara la tristeza de esa chiquilina.

¿Sabe algo de ella?

Vive en España y es profesora de gimnasia. Era más inteligente de lo que la gente creía. La vida de la hija de una prostituta y que la madre la metió la prostitución no es fácil.

¿Y de Milka, la otra protagonista de Aparte?

Ella se fue para abajo. Me visitó exigiendo dinero y cuando estuvo presa se llevó los afiches de la película a la cárcel. Le di dinero un año y ella me trató muy mal. Pero Karina era una persona maravillosa.

La película generó polémica.

Las polémicas siempre son bienvenidas, pero ese rodaje lo vivi como la propia vida con mayúscula. No influí nada en su vida. Simplemente les pagué por cada filmación, cosa que después me reprocharon, pero es una costumbre en el mundo. Por eso tuve un presupuesto seis veces más grande de lo que había calculado. Siempre les di mucha libertad y nunca fomenté nada en mis personajes, empezando por Carlos.

Su cine es profundamente político. ¿Cómo fue cambiando su mirada a lo largo del tiempo?

Fui adaptándome. Fue cambiando porque la historia no se detiene. Nunca fui un extremista. No es fácil elaborar una teoría y plasmarla en cine. Para mí, conseguir acciones de la vida real era muy difícil, había que estar atento todo el día.

En su biografía aparecen nombres enormes: Alain Resnais, Werner Herzog, Roman Polanski. ¿Cómo eran?

Todos me trataron muy bien. A Resnais le pedí una cita y me atendió durante una hora. Cené con Polanski. Eran muy solidarios, muy formados, muy inteligentes.
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