Viernes estivales
Posiblemente para muchos el viernes suele ser un día con menos carga laboral, pues, siendo víspera del fin de semana, la mente apunta más al descanso y a los compromisos que el sábado y el domingo traen aparejados
Posiblemente para muchos el viernes suele ser un día con menos carga laboral, pues, siendo víspera del fin de semana, la mente apunta más al descanso y a los compromisos que el sábado y el domingo traen aparejados. Si eso acontece durante el año, con mayor razón sucede en enero, un mes de tránsito entre los últimos suspiros de trabajo del año anterior y cuando todavía no se pone del todo en marcha el ajetreo propio de un año que se supone intenso en los distintos quehaceres profesionales.
Asimismo, en este mes el calor por estos lares agobia de un modo particular y, por ende, es más difícil la concentración y el esfuerzo requeridos para cumplir con las exigencias previas a las vacaciones. En consecuencia, el viernes suma el peso de la semana y el alivio que viene a la conciencia al saber que al día siguiente no hay que aplicarse a las tareas de la oficina. En tal sentido, no es equivalente regresar en la tarde a casa cualquier día entre lunes y jueves, que hacerlo, por ejemplo, el viernes, sin la presión del día siguiente, sobre todo en período estival. El viernes recoge el empeño por cerrar los deberes y la apertura a la distracción, al reposo y a la contemplación necesarias para cualquier alma algo fatigada por la pesada rutina acumulada.